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marzo 1995
Nº 5

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Cuatro sugerencias y tres adivinanzas
LAURA FREIXAS

I. Camino de Damasco

La escena fundacional de este artículo, en el sentido en que Philippe Lejeune habla del "recuerdo fundacional" como eje de toda autobiografía (el peine robado en el caso de Rousseau, la magdalena para Proust, etc.), se produce en la carretera entre México DF y Acapulco.

Un escritor colombiano lleva de vacaciones a su mujer y a sus dos hijos. Mientras conduce, piensa obsesivamente en la novela que desde hace tiempo quiere escribir. Tiene la historia, los personajes, el escenario... pero no consigue empezarla. Hasta que de pronto ve la primera frase. Da media vuelta, priva de vacaciones a su familia y, de regreso a su mesa, escribe por fin: "Muchos años después, frente al pelotón de fusilamiento, el coronel Aureliano Buendía había de recordar aquella tarde remota en que su padre lo llevó a conocer el hielo"...

 

II. Claves de bóveda

Para escribir la primera frase hay que haber resuelto previamente las claves de bóveda de toda novela: el narrador, el punto de vista y el tiempo del relato, en sus dos acepciones (orden de los acontecimientos en la narración y tempo). Incluso los temas pueden insinuarse desde la frase inicial, como en ésta: "Era un verano extraño y sofocante, el verano en que electrocutaron a los Rosenberg, y yo no sabía qué estaba haciendo en Nueva York." (Sylvia Plath: La campana de cristal). No es casual la elección de ese dato para situar la época en que transcurre la acción: la novela que así empieza girará en torno a la ambición y el ideal, el castigo y la muerte; y esa narradora obsesionada por la electrocución sufrirá, en los últimos capítulos, un tratamiento psiquiátrico a base de electroshocks.

Pero cualquiera que haya escrito una novela, o lo haya intentado, sabrá que lo más difícil, lo más indefinible, y también lo más crucial, es el tono. ¿No reconocemos con los ojos cerrados a García Márquez en el tono solemne y sentencioso, rotundo y melancólico, que hallamos ya en las primeras palabras de Cien años...? ¿Y a Ana María Matute en el símil con que comienza Fiesta al Noroeste: "El látigo de Dingo hablaba seco, como un relámpago negro"? ¿No está todo Marsé, con su inconfudible mezcla de brutalidad y lirismo, en las primeras líneas de Si te dicen que caí? "Cuenta que al levantar el borde de la sábana que cubría al ahogado, revivió en la cenagosa profundidad de pantano de sus ojos abiertos un barrio de solares ruinosos y tronchados geranios cruzado de punta a punta por silbidos de afilador; un remoto espejismo traspasado por el aullido azul de la verdad"?

 

III. 'Attention span'

Hablábamos antes del orden de la narración, como distinto del orden cronológico u orden de los acontecimientos. Como norma, hasta finales del siglo XIX ambos órdenes coinciden: las historias se cuentan, pausadamente, empezando por el principio, o incluso antes del principio propiamente dicho: con prolijos prolegómenos sobre la ciudad en la que transcurre la acción, o una pormenorizada genealogía del héroe. Son escasas y tímidas aún las innovaciones: por ejemplo, Zola sitúa el primer capítulo de Nana en la velada en que ésta se presenta al "todo París" actuando en un teatro; intercala luego un capítulo en que relata su infancia, y prosigue después el relato donde lo había dejado. Es un uso todavía rudimentario del flash-back, recurso que con el tiempo se generalizará y también se sofisticará: en Mrs. Dalloway, deVirginia Woolf, por ejemplo, hallamos ya un flash-back fragmentado y trenzado con el relato presente; algo entonces novedoso y hoy tan común que nos pasa por alto. Como común es comenzar los relatos por el final, como en Lord Jimo El guardián entre el centeno. Y el cine ha contribuido a acostumbrarnos a todo tipo de saltos temporales.

Se ha calculado que el attention span del telespectador medio, es decir, el lapso de tiempo durante el cual se conserva sin esfuerzo la atención, es de un minuto y medio: cálculo que se ha convertido en una norma tan imperativa, que esa es hoy por hoy la duración máxima de una noticia en los informativos. El zapping obliga a llamar esa atención por todos los medios posibles: de ahí la tentación de atacar el relato con una escena truculenta o al menos intrigante.

En resumen, hoy las novelas ya no empiezan así: "Juanito Santa Cruz ­las noticias más remotas que tengo de la persona que lleva este nombre me las ha dado Jacinto María Villalonga, y alcanzan al tiempo en que este amigo mío y el otro y el de más allá, Zalamero, Joaquinito Pez, Alejandro Miquis, iban a las aulas de la Universidad". (Fortunada y Jacinta, Benito Pérez Galdós)

... sino así:

"No he querido saber, pero he sabido que una de las niñas, cuando ya no era niña y no hacía mucho que había regresado de su viaje de bodas, entró en el cuarto de baño, se puso frente al espejo, se abrió la blusa, se quitó el sostén y se buscó el corazón con la punta de la pistola de su propio padre, que estaba en el comedor con parte de la familia y tres invitados". (Corazón tan blanco, de Javier Marías)

 

IV. Ajo y morapio, nenúfar

y litrona

Basta, en fin, la primera frase para constatar la distancia entre la vieja, la nueva y la novísima narrativa española:

Vieja: "Cuando le pasaron la bota, bebió."

Nueva: "La Bachlienhué (o Hoasenchang), Nenúfar Blanco, fue una de las muchas sectas chinas en las que se aglutinaron los enemigos de la dominación extranjera."

Novísima: "Me jode ir al Kronen los sábados por la tarde porque está siempre hasta el culo de gente."

 

Adivinanza:

Autores del morapio, el nenúfar y el Kronen, respectivamente.

Pistas:

Primero: Carmen Martín Gaite acaba de hacerle un homenaje.

Segundo: Rafael Conte lo celebró en un artículo titulado "La novela como cuento chino".

Tercero: para algunos es El Jarama de los años 90, para otros la cultura d