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noviembre 1997
Nº 35

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Entrevista

José María Sicilia
"El arte es una historia de hacer para deshacer, es una excrecencia. Nada de eso debería existir"
Mª JOSÉ DE LOS SANTOS AUÑÓN

Las palabras que José María Sicilia (Madrid, 1954) disemina en el tiempo entre los medios de comunicación se ven estos días conjuradas con motivo de una de las exposiciones más importantes de la programación cultural. Nueve años después de que la obra de Sicilia habitara el Palacio Velázquez, recala de nuevo en el espacio dependiente del Centro Nacional de Arte Reina Sofía. La muestra se articula en torno a un pasado demasiado reciente (un recorrido por los últimos cinco años) y a un futuro siempre escurridizo (una selección de obra inédita).

El hacedor de cuadros conoce el fatuo hacer mediático que se precipitó a entrelazar con gelatina a los "pintores de los ochenta": Barceló, Broto, Campano y García Sevilla. Ahora, impertinentes, esos mismos medios se preguntan por la suerte de algunos dentro de la pintura contemporánea. Hoy todos siguen en la brecha, internacionalmente reconocidos e impresionando a los que creían agotada la genialidad. En su estudio de París, José María Sicilia, uno de los Niños de Oro, retoma la palabra, vital, fascinado y derrotado por el desastre y la perplejidad. Reaparece con el retraído discurso de las majestuosas ruinas cuya historia sigue trascendiendo de la arcilla a la tormenta de flores.

Parece que se siente incómodo ante lo que pueda suscitar este repaso de los últimos cinco años de trayectoria y la presentación de obra inédita. Especialmente porque su trayectoria ha sido esquematizada por la crítica formalista como un rastro serpenteante en la búsqueda. ¿Resuelve esta muestra algo de esa supuesta búsqueda? La verdad es que yo no he buscado nunca nada, sólo he querido estar, encontrarme en una situación que me produjera sosiego, tranquilidad y que me permitiese un momento de reflexión. He querido invocar ese momento de paz en que uno puede ver y sentir. Nunca se obtiene la razón profunda de todo. Lo interior, lo secreto y extraño, lo que hace funcionar el amor, la miseria y el frío... Nunca encuentras el misterio de tu vida, de tu transcurrir; siempre está ahí, latente y oscuro. En función de eso, haces las cosas para intentar soslayarlo, explicarlo, carlo, vendarlo.

Lo que dice me recuerda a una de esas inspiradas sentencias suyas: el arte es una enfermedad. ¿Siempre impone el arte un proceso de incubación y una convalecencia? Aunque pueda parecer un cínico, nunca me he planteado cuál es la verdadera naturaleza del arte, ni por qué estoy encerrado en el estudio haciendo lo que hago. Pero, como le he comentado, creo que lo hago para no pasar frío, para no pasar hambre, para enamorar a una mujer, para estar cerca de un amigo. Da la impresión de que el arte es una historia de hacer para deshacer, es una excrecencia, una enfermedad.
Nada de eso debería existir. El arte no debería existir. En cualquier caso, el arte es vivir lo que tú quieres y llevarlo al extremo.
Parece inevitable ese malestar necesario y fértil de todo proceso de creación, esa necesidad de aferrarse al límite para cuestionar lo establecido, producir, en definitiva, a partir de una situación crítica.
Es inevitable tender a los límites y eso comporta un precio. Implica soledad, angustia,... El arte como enfermedad es algo que la gente no quiere. La sociedad puede vivir y vive sin arte.

Entonces ¿qué sentido tiene que algunos le vean a usted como a un místico? Sin duda, las similitudes son frecuentes: el silencio, la interiorización (la visión interior), el blanco como búsqueda de todos los colores, la iluminación,...coincidencias formales. Pero no es usted el místico venido a compartir el amor y la clarividencia. Creo que su misticismo es trágico y que se sitúa en la dorsal de su admirado San Juan de la Cruz.Desde luego, es inútil creer que mi trabajo influye en la sociedad. Tampoco la sociedad se asoma a contemplar mi obra, que no tiene nada que ver con su marcha. Mi trabajo no puede influir porque se encuentra muy lejos de todo eso. Mi obra, en definitiva, queda dentro de un círculo. Todo ocurre a pesar mío, ocurre porque es así, sin más. Usted viene a entrevistarme por el revuelo que levanta lo que hago, pero no por mí. Tampoco he hecho mis deberes fantásticamente bien. Sólo llego a aliviarme a mí mismo. Me quedo maravillado ante ese tipo de pretensión en la que se supone que Dios te pone un dedo en el corazón y te ayuda a aliviar las vicisitudes del vivir o de la gente. Es a mí a quien pretendo aliviar.

Nada de catarsis colectivas entonces.
Nada. Yo no sé si gracias a Dios o por desgracia, pero no existe la catarsis colectiva que cuatro gatos han imaginado. ¿Puede imaginarse lo horroroso que sería una verdadera catarsis colectiva?

Además, ¿no comportaría un manejo del lenguaje, de la codificación, de ese malabarismo del discurso al que considera ineficaz y ante el que se muestra esquivo, reacio y al que, perdóneme, acaba siempre venciendo con sus propias armas?Una cosa es el lenguaje en una entrevista y el empeño por enlazar un discurso curioso. Pero nunca ha sido mi propósito enlazar un discurso ni curioso, ni inteligente ni con garra.

Como dijo Baudelaire, cuando me preguntan qué quiero decir, respondo que lo que quiero es hacer, y es esa intención lo que digo.
Claro. Lo que tú haces comporta su propio lenguaje.

"Ahora no tengo imágenes, es cuestión de espera, de tranquilidad, de tiempo", creo que ésa es una de las autorreferencias que más ayudan a interpretar su proceso de trabajo. ¿Esa búsqueda de señales -como dirían los surrealistas- convierte la poesía en una de las vías tangenciales de su pintura (San Juan de la Cruz)?
No creo que haya una correspondencia entre la poesía y mi obra, pero es una parte del mundo donde estás, donde haces algo y donde estás viviendo. Creo que la poesía me ha alimentado enormemente. La poesía es la propia vida; para llegar a la poesía hay que hacerlo a través de la vida. No le doy más importancia que a eso; es el hecho de la vida. No creo que la poesía haya sido un puntal para mi obra o que me haya inspirado... (nunca había hablado de esto). Es la vida la que te proporciona cierta tesitura.

¿No sirve entonces como acicate para alcanzar el estado creativo necesario para seguir produciendo?
No hay más estado creativo que el que te da la vida: no saber. No saber qué hacer, a dónde vas. Vagamente sabes de dónde vienes. Lo demás es todo terreno movedizo. Y en ese terreno movedizo es donde está la creación. Si es que la creación existe.

¿Y no ayudan las sustancias extrañas al organismo a apaciguar ese pantano enfurecido?En mi caso, no me han servido para nada. Mi vida se ha nutrido de todos los productos del mundo, de lo que yo haya podido elegir en un momento determinado y nunca me ha dado nada en absoluto. Lo único que me ha dado realmente fuerza, energía, creatividad, es acostarme a las diez de la noche. Levantarme temprano. Y eso es lo que procuro hacer siempre, nunca pinto de noche.

¿Y el horario oscuro y trasnochado de los pintores?
La historia está llena de multitud de casos. Yo hubiese querido que pintar de noche fuera mi caso, por poder narrarme una maravillosa historia de fortaleza y juventud, pero el trabajo de taller te deja fatigado. Desde luego, no es un trabajo de despacho y silla.

"Los únicos límites que conozco son los de la esquina de mi cama." ¿Allí se refugia para aliviarse?
Bueno, ésa es otra de las cosas que resaltaron en alguna entrevista. Se trata de una historia muy recurrente. La cama es un rectángulo, es la vida, el viaje a través de tu habitación, de la que no llegas a salir jamás. En realidad, el cuadro es tu vida y la cama, tu cuadro. Allí trabajas, actúas, duermes.…Todo se forma a partir de ese rectángulo.

La dependencia absoluta del pintor con respecto a su obra, la elección de los malditos por habitar las aristas, esa vivencia de los límites... todo apunta a la inevitable dicotomía locura/genialidad.
Todo eso de la locura, la genialidad, el malditismo, son reclusiones impuestas por los medios. Se trata de un juego mediático que quizá no produzca el desgaste inmediato del personaje pero que, a largo plazo, trabaja en contra de él.
¿También ve a los medios como artífices del concepto de colectivo artístico?
Sí, eso son historias de los medios para vender, para llegar a un público. La manipulación mediática tritura todo lo que se dice para hacerlo presentable. No digo ya vendible.
Por tanto, no creo que le interese la contemporaneidad mediatizada y oficial, o ¿se preocupa por observar lo que ocurre en la órbita del mundo artístico?
No me interesa. Yo no ando buscando pintores contemporáneos que puedan interesarme. No estoy en esa actitud de buscar coadláteres o amistades de contemporaneidad. Eso no impide que esté más o menos atento, siempre que estar atento no signifique buscar algo que te pueda influir o apoyarte.

Creo que a lo largo de la conversación ha ido troceando la imagen que uno se hace de usted al revisar las entrevistas anteriores y los comentarios en torno a su personalidad y a su obra. ¿No me dirá que tampoco es el optimista que algunos han sabido ver?
La verdad es que, de una forma consciente, uno no puede ser optimista y pretender llegar a hacer algo. Sólo puedo ser optimista desde el pesimismo. Eres profundamente pesimista porque todo conduce a un pesimismo que es cercano y profundo. He tenido que encontrarme con un amor que me ha permitido, como le decía, ser optimista dentro de ese pesimismo.

¿Al menos reconoce que un buen recuerdo es lo único que le gustaría dejar?Eso sí. Yo creo que no he querido dejar nada, sino estar con la gente a la que amo y quiero. En cualquier caso, dejar un buen recuerdo como persona entre lo que me ha rodeado, no en la memoria de la gente. Eso de la memoria de la gente siempre me ha hecho mucha gracia. La memoria me produce una sensación anómala, una risa extraña. Coincide entonces con Dubuffet cuando manifiesta: "no me gusta la cultura del pasado. Creo en el alto valor del olvido...Tabla rasa a las obras pasadas."
Yo creo que no hay ningún pintor que sea decisivo. Creo y espero que no habrá ningún artista decisivo en lo que queda de milenio.
En realidad, nunca lo ha habido. La memoria es algo que se hace cada x tiempo y se olvida. Como todo, la cultura es algo vivo que tiene que morir. Yo estoy dentro de una cultura que también tiene su perecer, su morir.