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octubre 2001
Nº 94

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"El español está cargado de culpa"
Illán Stavans


Entrevista de Ricardo Macip

Una de las más recientes y polémicas discusiones en torno a las mutaciones del idioma español es la que propone el spanglish. Originado en la hibridación del inglés y el castellano en territorio norteamericano por la confluencia de amplias masas migratorias de origen latinoamericano y español, el spanglish pide con fuerza un reconocimiento mayor. El escritor y ensayista mexicano Ilán Stavans, uno de los portavoces acérrimos del spanglish, desgrana en la siguiente entrevista algunos aspectos de este escenario lingüístico. De manera provocadora, ha dado a conocer una versión spanglish de El Quijote, de la que trascribimos un fragmento de las primeras líneas.

El español es una lengua desterrada, abierta, trasatlántica. Sin embargo, en España persisten los esfuerzos idiomáticos monárquicos.

El último censo sugiere que en Estados Unidos hay 35,3 millones de latinos documentados, lo que constituye la quinta concentración mundial de hispanos. Sin añadimos a los transeúntes indocumentados, la cifra rebasa los cuarenta millones. ¿Cómo se comunican? De forma improvisada, caótica, impetuosa Los puristas en España y América Latina rechazan ese caos como un descenso a las amaras del infierno. Pero todo caos tiene su propio orden. Soy de la opinión que ese orden al norte del Río Bravo marcará la pauta del futuro hispánico a nivel internacional. Nuestras capitales culturales han sido España y Barcelona, Buenos Aires, La Habana y Ciudad de México. A esa lista hay que añadir Miami, Nueva York y Los Ángeles.

 

Esa es la tesis de su ensayo "Soldados de Reconquista" en Foreign Affairs en Español (otoño, 2002).

El idioma es de quien lo usa. Lo cambian el tiempo y la circunstancia. Los diccionarios y las academias registran y analizan las variantes. Pero en la sociedad de masas, su función no es la de la normalización. Para bien o para mal, los medios de comunicación llegan a un público más amplio. Un solo episodio de Sábado Gigante en la cadena de televisión Unvisión es visto por más personas a través de cablevisión que los lectores de Cien años de soledad en su castellano original desde su aparición en 1967 al presente.

Sin embargo, el español sigue siendo un vehículo de encuentro, ¿no es cierto?

Es una lengua cargada de culpa. El que un colombiano, un argentino, un mexicano y un venezolano puedan comunicarse en un lenguaje común es un accidente feliz de la historia. Al mismo tiempo, no hay que olvidar que su diseminación continental representa la destrucción de lenguas precolombias como el náhuatl, el tzotzil, el quechua, el guaraní, etc. Quienes defienden el idioma de Antonio de Nebrija olvidan con frecuencia la subyugación que trajo consigo su presencia de este lado del océano Atlántico. El filólogo Max Weinreich dijo una vez que la diferencia entre un dialecto y un idioma es que el idioma tiene un ejército que lo promulga. El español del siglo xvi, el de la empresa conquistadora, se sirvió de Biblias y armas de fuego para afianzarse en las colonias. Es el mismo juego del que se vale el inglés en la actualidad. Los exploradores y misioneros ibéricos de ayer han reencarnado ahora en el turista gringo monolingüe que trota de una geografía a otra del planeta en sus pantalones shorts y con su cámara fotográfica. Yo amo profundamente el español, una de mis lenguas maternas. Ni es superior ni inferior al inglés. Lo que me inquieta es la promiscuidad de estas lenguas desde 1848 y en especial a partir de la Segunda Guerra Mundial. El inglés, por cierto, también es un idioma cargado de culpas.

 

Usted ha dicho que América Latina vive en traducción.

En efecto. Esta es la condición típica de lo que ha venido a llamarse edad poscolonial. Al comunicarnos en español, utilizamos un idioma prestado, ajeno al contexto. Obviamente, sería absurdo sugerir que Sor Juana Inés de la Cruz, al redactar Los empeños de una casa, pensaba en la lengua de Ollín Yollitzli y escribía en el idioma de Luis de Góngora. Querámoslo o no, el castellano es nuestra lingua franca, un puente de encuentro. Pero en la América Latina la gente se ofusca menos por el futuro del idioma que en la península ibérica porque nosotros tenemos un cierto grado de separación de la raíz. En otras palabras, sabemos en sangre propia lo que es ganar y perder en el terreno lingüístico.

Hoy resulta curioso que la Real Academia Española esté en Madrid. La población mexicana es de más de 100 millones y la española no llega a los 40. Cuantitativamente, es evidente que la balanza ha oscilado en esta dirección. Hasta el día de hoy la máxima de la RAE sigue siendo Limpia, fija y da esplendor. Se trata de una institución auspiciada por la corona que se fundó a principios del siglo xviii. El que todavía justifique sus funciones con tal frase es absurdo. Limpia ¿qué?, ¿de qué?, ¿de los bárbaros? La gente en España se queja ­con razón, sin duda­ del maltrato del que son víctimas los latinos en Estados Unidos. Pero ¿qué decir de los subsaharianos y sudacas? ¿Y qué del efecto imperial que permea al español trasatlántico? Dar esplendor a base de la tolerancia y el respeto fue el sueño colonial de Hernán Cortés y Pizarro.

 

Hablemos más concretamente del papel que juegan los diccionarios en la sociedad. También, ¿qué es lo que debemos hacer los educadores por el idioma?

Su propósito es, o quiere ser, doble: normativo y descriptivo. El diccionario normativo, en resumidas cuentas, se propone enseñarles a los usuarios a hablar. El diccionario descriptivo es más modesto: intenta reflejar el habla popular, ser un testimonio de su tiempo y lugar. En cuanto a la labor educativa, de ninguna forma debemos renunciar a hablar el español que nos define. Pero tampoco debemos condenar el idioma con que nos topamos a diario. La nuestra, claro, es una posición difícil. Por un lado, nuestro deber es proteger y perpetuar la cultura hispánica de Cervantes. Por el otro, debemos reconocer los cambios fundamentales que nos envuelven y responder a esos cambios de manera dinámica y abierta. Puedo no gustarnos el caos actual, pero negarlo no nos llevará muy lejos. En esta época globalizadora, a diario se llora la muerte de otro idioma. ¿Por qué no celebrar el nacimiento de uno nuevo o la recomposición de uno preexistente? Basta un paseo por la Calle Ocho o Spanish Harlem para darse cuenta de que, a pesar de su impureza, a pesar del intenso mestizaje que se lleva a cabo a diario, el concepto de muerte es del todo ajeno al acontecer verbal de la comunidad latina en Estados Unidos.

 

Reconociendo pues el poder limitado de los educadores, ¿cómo abordar la revisión y el establecimiento de nuevos cánones culturales? Tú te has dedicado a esta área en las tradiciones narrativas de América Latina, los latinos en Estados Unidos y las letras judías.

Todo lector asiduo construye una biblioteca individual. Se trata de una biblioteca portátil, en movimiento constante. Si por voluntad propia termináramos en una isla desierta, ¿qué libros llevaríamos con nosotros?

 

Hablas de ellos en tu autobiografía On Borrowed Words: A Memoir of Language (Viking, 2001).

Una empresa similar es hecha a nivel comunitario y nacional. Pero ¿quién es el responsable de esa selección? Esa es la tarea de la elite intelectual, que demás está decirlo, es siempre polifónica. En una democracia como la norteamericana, el trabajo de canonización se convierte en un referéndum social. ¿A quién leemos hoy y por qué? El debate intelectual en suplementos y revistas y la preparación de antologías y los planes pedagógicos son maneras distintas de responder a esas preguntas. ¿Quién es el lector? ¿Qué merece la pena y qué no? En el caso de los latinos, en las últimas décadas han aparecido antologías críticas que ofrecen un contexto cultural útil para entender esta tradición literaria. Se han publicado algunas valiosas a cargo de Nicolás Kanellos y Ray González, por ejemplo. Sin embargo, faltan aún volúmenes que analicen el acontecer narrativo ­ergo, histórico y cultural­ de forma cronológica. Todavía nos falta tener un concepto claro de nuestro propio acontecer. En sí, "lo latino" es una categoría vacía: hay chicanos, cubanos, puertorriqueños, etc. Lo mismo ocurre con América Latina: ¿existe la literatura latinoamericana? Sí y no. Hay literaturas peruana, argentina, mexicana, ecuatoriana La base idiomática es similar pero las variantes son fundamentales; igualmente, hay empatía histórica, política, gastronómica, pero las diferencias son muchas. Y la literatura judía, ¿existe de verdad? ¿En qué se asemeja un judío mexicano a un judío húngaro o a uno libanés? Cada uno escribe en lenguas distintas y responden a contextos diversos. ¿Pueden sus artefactos narrativos ser vistos como parte integral de una tradición única? Todos los latinos juntos, ¿conformamos una sola comunidad? Se trata de la vieja tensión entre unidad y multiplicidad. ¿Un solo grupo minoritario o una suma de partes? Una antología que refleje esta tensión necesita enfatizar tanto las semejanzas como las diferencias entre los diferentes subgrupos hispánicos al norte del Río Bravo. Toda época establece su propio canon cultural en relación a las anteriores y a las posteriores. Los habitantes del futuro sabrán quiénes fuimos a través de él porque dicho canon es un espejo y una brújula contenidos en una cápsula espacial.

Tu traducción al spanglish del primer capítulo de la primera parte de Don Quijote ha causado controversia a nivel internacional.

A pesar de apenas haberse inaugurado, es obvio que el siglo xxi estará repleto de desafíos. La civilización hispánica sufrirá una serie de mutaciones fundamentales. El debate en derredor del spanglish es un paso importante en el reconocimiento de esa transformación.