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junio 2004
Nº 114

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El barco de los locos
Entrevista a German Berger

ANUSCHKA SEIFERT

Viene de lejos, es de Chile y tiene 31 años. German Berger vive actualmente en Barcelona, donde surgió la idea de su primer largometraje Viaje a Narragonia, el fruto de una vasta trayectoria para su edad: trabajos de periodista para la televisión y la radio, de corresponsal para medios de comunicación que siguieron de cerca el arresto de Pinochet en Londres, de realizador de cortometrajes de ficción, y otros tantos proyectos. Su mirada es aguda y durante la entrevista se distingue un entusiasmo pleno hacia su vocación de cineasta que también se trasluce en el proyecto de Narragonia, que es su propia utopía, tema central de la película.

¿Por qué marcas la estructura de la película alrededor del embarazo de uno de los personajes?
Es una película cuya estructura la marqué dentro de un embarazo para hacer la metáfora de la gestación, como la gestación de la película, pero también como la búsqueda de algo distinto, de un sueño, tener un hijo, es la metáfora sobre el viaje a Narragonia, que es una búsqueda de un futuro, un destino, un sueño. Mi propósito era que nos metiéramos en este mundo del barco, en este universo que era como abstraerse del mundo, del tiempo incluso, someterse a una realidad particular y distinta, a este barco de los locos, donde el tiempo pierde sentido, y es como la eternidad de un día, si estás un día en ese barco puedes pensar que han pasado meses, donde lo que cobra sentido es este viaje, este lugar al cual queremos llegar, estamos con un grupo de personas reales, estamos con sus sufrimientos, con sus mezquindades, con su felicidad, con su búsqueda, con sus carencias, pero no sabemos dónde estamos ni en qué momento. Me parecía que las imágenes del parto de Irina en una clínica, en una situación tan real, era también una manera de acercar esta realidad a nuestro mundo, ella podría ser un álter ego de cualquiera de nosotros.

Hablas de un colectivo, pero yo veo más que nada una suma de individualidades que viven una profunda soledad, cada una con sus pensamientos.
Sí, evidentemente. El "barco de los locos" de la Edad Media era un barco que se llenaba de personas que eran excluidas de la iglesia y de las ciudades, que no tenían nada que ver las unas con las otras y que se veían obligadas a navegar juntas a la deriva. Acá forman un colectivo, hay varias escenas en las cuales están juntas, pero no es lo fundamental, porque acá, ellas están ahí, por varios motivos. Si bien hay un convencimiento profundo de parte de ellas, de estar vinculadas a esta historia, luchando por encontrar un mundo que les sea más grato, que tenga que ver con aquello a lo que ellas aspiran, ellas están también ahí porque no tienen otro lugar donde estar, eso es verdad, la gente, cuando viene la marginalidad muchas veces, no opta por la marginalidad, es también porque no se logra encajar en la sociedad.

En el documental aparece un confesionario en el que hablan los personajes, ¿quién se lo inventó?
Fui a la historia, a todo este movimiento filosófico, que surge al final de la edad media. Erasmus von Rotterdam escribe Elogio de la locura, Sebastian Brant escribe la novela El barco de los locos con ilustraciones de Albrecht Dürer, es decir, toda una filosofía que comienza a analizar al hombre con sus necedades, por la literatura sé que era una vida hegemónica, todo giraba en torno a lo mismo, el dios de la religión católica, que era como el único vínculo social posible, porque hoy el dinero lo es. Ahora, lo del confesionario pertenece a un lenguaje muy medieval, en el sentido bíblico, pero traté de extraer el sentido más profundo, más como bufón de cada historia, y voy a hablar de estas pinturas, trasladarlas a la historia y transformarlas en escenas dentro de la película que tienen que ver con la necedad que describe Brant, que se relacionan directamente con la avaricia, la mentira, la fidelidad, la maternidad...

¿El confesionario es parte de su obra o te lo inventaste tu para tu documental?
El confesionario lo construimos juntos, ellos y nosotros. Es propio de la pintura flamenca, tú ves los cuadros del Bosco y ves ventanitas pequeñas donde sale un cuerpo, tiene que ver con este arte. Teníamos un juego, algo que al final no se ve. Teníamos una especie de dados, donde estaban los nombres. No me dejaron a mí decidir quién iba al confesionario, tenía que ser el azar, porque el azar es un juego medieval que básicamente tiene que ver con la suerte, con el destino, con la fortuna, y a ellos les parecía que el confesionario tenía que seguir con esa lógica.

Me da la impresión de que tu de alguna manera has sacrificado la complejidad de tus protagonistas, el contexto de ellos, al superponerlos con la novela medieval.
No sé si he sacrificado eso, por la novela medieval, sí sacrifique algunas partes, pero no sólo por una razón temática sino también por razones técnicas, que a veces la imagen no era buena, no transmitía lo que yo estaba viendo, hay como muchas razones más por las cuales uno sacrifica un plano u otro, no sólo por una razón temática. Sí es cierto que finalmente creí más conveniente para la película tomar este camino.

A mi modo de ver hay una contradicción. Por un lado, los protagonistas están buscando una utopía, su paraíso o simplemente un futuro diferente, y por eso viven en el barco, pero al mismo tiempo, confirmas que viven en un barco porque no tienen otro sitio. Así no tienen opción. Esto es lo contrario de libertad, ¿o no?
No, porque podrían ser mendigos, ellos no son los únicos marginales de este mundo, lo que yo no creo es que haya una contradicción, hay una búsqueda, hay más bien un hallazgo de parte de ellos, de encontrar un lugar que los acoge y que les permite poder desarrollarse con mayor comodidad, no veo que haya como una contradicción en eso, veo que es más como que han encontrado que son un poco afortunados, de alguna manera, porque la mayoría de la marginalidad o la gente que vive de la marginalidad vive una profunda soledad, sobre todo en un mundo como el que vivimos hoy, tan individualista, la marginalidad es tremendamente solitaria y tremendamente dura y ellos han encontrado un espacio que los acoge. Y cuando te digo que no tienen a dónde ir, es también como una metáfora, y también esta búsqueda del lugar del paraíso.

Paraísos bien diferentes, motivaciones muy distintas, los rusos por ejemplo tenían sólo ganas de viajar, ¿no?
Exacto, ellos buscaban eso, ellos habían estado detrás de esa cortina de hierro y te dicen que la realidad de ellos es distinta, ellos son intérpretes, barrocos, tocaron en la Sinfónica de Moscú, tienen una formación profesional de intérpretes barrocos, importantísima, de 20 años de estudio; sin embargo ellos cambian eso por abrirse al mundo, por conocer, por viajar, por buscar. Es cambiar tu vida, tu monotonía, tu rutina, y el barco de los locos permite eso, pero también sacrificas muchas cosas. Estás dejando muchas cosas en la tierra, están dejando familia, amigos, estás dejando tu historia, y es como un desprendimiento que haces, y de alguna manera todos ellos han tenido que hacerlo, es una opción de vida.

¿Tu también te tuviste que desprender de cosas?
De alguna manera lo tuve que hacer, lo mío fue más circunstancial porque, claro, lo mío era una búsqueda también, quizás también buscaba eso, también necesitaba respuestas para cosas que no encontraba.
Pero evidentemente lo mío tenía que ver más con una búsqueda cinematográfica. Cuando yo terminé la película, yo me bajé del barco. Ésa era mi diferencia con ellos, por eso yo nunca te digo que yo me subí al barco, sigo una amistad con ellos, sigo en contacto, hasta el día de hoy, me escribo con ellos, hablo por teléfono, a August lo vi hace tres meses, es decir, hay una relación permanente, pero yo ya no vuelvo al barco.

¿Cómo surgió que el barco al final se vaya a la deriva?
¿A Narragonia? No, eso no está planeado.

Pero ¿quién lo planeó, que al final se acaba en el banco de arena?
Fue una metáfora, ésa fue una decisión compartida, como lo fueron las decisiones que tenían que ver con la navegación y con los riesgos que se asumieron, fueron decisiones que tome yo o que proponía yo, pero que finalmente decidía August. Eso causó mucho conflicto, porque las decisiones al interior del barco se toman colectivamente. Por ejemplo, el riesgo vital de naufragio era real, teníamos un barco que nos acompañaba en caso de que sucediera. Pero el Barco de los locos se hubiera quedado ahí y se hubiera perdido todo. Era impresionante. Yo necesitaba unas imágenes determinadas y August decía: "Yo quiero arriesgar la muerte, tenemos también que pasar por someternos a la posibilidad de la pérdida, desprendernos incluso de lo único que tenemos, que es nuestro barco, no tenemos nada más, no tenemos otra casa", porque ninguno de ellos tiene una casa fuera y si perdían ahí quedaban en la calle, como homeless.

La muerte para empezar otro ciclo...
Claro, la muerte como lo que habla Kant y habla Jung, por eso el parto también.

August parece como alguien muy sabio, que ve las cosas a vista larga y sabe perfectamente cómo encajar las historias, sin tener que hablar mucho, actúa con una fuerza interior, por lo menos me parece así.
August dice: "En este barco a nadie se le va a negar un plato nunca, lo que haya se compartirá entre los que están". Son como normas y a veces a mí me ha tocado estar ahí, que a veces realmente hay poco y cuando hay poco es que realmente cuesta dar.

¿Qué tiene que ver la locura con buscar la luz?
Hoy la diferencia o la noción de ver algo distinto es algo totalmente contraproducente; la luz para mí es ésa capacidad de ver cosas y de crearlas. Ellos nos enseñan la capacidad de riesgo, de cuestionarte lo que haces, de mirarte a ti mismo. Reflexionar es una capacidad que se ha ido perdiendo cada vez más y es lo que nos hace diferentes de todas las demás especies.

Ya sé que la escena de la cual te quiero hablar ahora no fue un regalo del azar, pero el señor que se baja los pantalones para poder ver el espectáculo es como la metáfora del otro lado. Ellos están encerrados en su barco, buscando algo, y nosotros buscamos también algo girando en torno de lo material y si hace falta nos bajamos hasta los pantalones. Con una sola imagen has explicado la actitud de nuestra sociedad.
Lo que pasa es que como esa escena así de elocuente no son todas, son sólo algunas, en este caso, es mi primera película y a veces uno logra en una escena resumir todo, creo que ésa es una de las escenas donde se resumen muchas cosas.

Viaje a Narragonia. German Berger, España, Chile 2003; Fotogr.: Oriol Bosch, Paco Toledo; So.: María Ramos, Peter Suyderhou, David Sánchez; Ed.: Marc Capdevila; Mu.: Ricardo Santander; Prod.: CECC, Grup Cinema Art; Coprod.: A.B.S. Productions; Form.: 35mm 1: 1’66; V.O.S.: Español; 84 min.;www.cecc.es