nº 126
JUNIO 2005
 
 
Debates
 

Narrativa hispánica

INVENTARIO SECRETO DE LA HABANA
Abilio Estévez
Tusquets
Barcelona, 2004
343 págs., 17 €

A pesar de corresponderse a una serie de tópicos que la crítica más avanzada espera de un texto literario en la era posindustrial, Inventario secreto de La Habana es un libro extraordinario y original. Ya saben a qué tópicos me refiero: que la obra no tenga nada lineal, y menos la trama; que no sea posible definir su género; y que cuente con una elevada dosis de componentes metaliterarios y autorreferenciales. A nada de esto parece haber aspirado el cubano Abilio Estévez (1954). Él ha escrito un libro sobre su ciudad –su versión personal de La Habana–, que forzosamente tenía que ser un libro sato, que es la voz cubana para los perros de raza dudosa, o sea, mezclada, pero también para las personas coquetas. Pero la gracia no está ahí –más de uno ha fracasado con semejante intento–, sino en el rigor de su investigación, el valor de su confesión, la inteligencia de su reflexión y la melancólica madurez de su redacción.

El resultado es un libro excepcionalmente hermoso e inteligente sobre La Habana, o sea, una de las ciudades más fascinantes, comentadas y literarias de la América hispánica, y, por extensión, sobre el concepto de la ciudad, el mar y la isla, la idiosincrasia habanera (la cubanía, en fin), y también sobre ese ilustre habanero llamado Abilio Estévez, que desde diversos escenarios catalanes rememora, añora y piensa su ciudad y su propia vida. Por tanto no es sólo el cicerone de esta historia, sino también su coprotagonista, uno de sus sujetos literarios.

Este último punto constituye el “hecho diferencial” de este libro, que al principio parece un conjunto feliz pero algo azaroso de muy diversos elementos: de historias personales (ésas que le hacían inventar a Virgilio Piñera que Ionesco volvió decepcionado de la Isla porque ahí ya estaba descubierto lo absurdo); de pasajes ensayísticos (sobre esa isla donde “lo verdaderamente firme está en el mar”, sobre ese “mar del miedo y también el de las lejanas promesas”); de la memoria colectiva de una ciudad (con la mitomanía habitual en un cubano: anécdotas –literarias, eróticas…– sobre Lorca, Marlon Brando, Cernuda, Caruso…); de (deliciosos) textos ajenos (desde Humboldt hasta María Zambrano, pasando por Lezama, Cabrera Infante y muchos otros)… Pero conforme avanza la lectura, el material disperso va transformándose en narración, en una historia que dibuja –con una arrebatadora vuelta de tuerca final– una secreta trama ya no sólo de La Habana, sino también del narrador de ese maravilloso libro.
Mihály Dés

CRIATURAS DE LA NOCHE
Lázaro Covadlo

El Acantilado
Barcelona, 2004
182 págs., 12 €

Inmerso en la desolación y el frío de su mísero piso de barrio marginal, Dionisio, desempleado de cuarenta años, asiste a la irrupción en su vida de lo maravilloso bajo la forma de una pulga –Pulga– que, alojándose en su oreja, le formula toda suerte de mefistofélicas promesas a cambio de hospedaje vitalicio ya que ella (“criatura de la noche”) precisa la oscuridad del pabellón auditivo para sobrevivir. Los atinados consejos del parásito (al que disgusta ser tenido por tal) cambiarán radicalmente la vida del antiguo vendedor fracasado y bocazas, que se ve catapultado al éxito por la vocecilla del animal.

Dionisio alcanza la cima de las ilusiones del hombre (¿del contemporáneo exclusivamente?): poder, dinero, fama y admiración femenina. A cambio, además de perder intimidad y capacidad de decisión, debe someterse a los caprichos de Pulga, bichito que nació antes que el ser humano y que, antes que en Dionisio, ha habitado desde mamuts hasta celebridades, pilotándolas sabiamente (no siempre: la Condesa Sangrienta, Erzsébet Báthory, se le fue de las patas). Con el tiempo, Pulga se revela tiránica y exige sangre y fluidos de todo tipo que Dionisio no siempre accede a proporcionarle. Esto provoca unos desencuentros entre ambos que contribuyen a poner de manifiesto tanto el carácter amoral de Pulga como el acomodaticio de Dionisio, quien, tras un abandono de Pulga, se pregunta si todos los humanos no serán “simples marionetas gobernadas por criaturas de la noche”. Entre los episodios biográficos del insecto merecen mención la historia de su vida con la Condesa Sangrienta –personaje de moda últimamente y protagonista, por ejemplo, del último libro de Javier García Sánchez, Ella, Drácula– y con Vito Tarsicio, para quien “la masturbación es el último reducto de la libertad”.

En esta fábula contemporánea que es Criaturas de la noche, Lázaro Covadlo (Buenos Aires, 1937) desarrolla con soltura el personaje de la pulga, que gana en interés conforme relata sus aventuras precedentes, se descubre en sus ingeniosos alegatos y se desenvuelve, dictatorial, mimosa y cargante, ante nuestros ojos. Con esta historia, de trazo hábil aunque algo grueso, sobre un motivo que ya tratara anteriormente, Covadlo, autor de culto en algunos círculos y que cuenta en su haber con títulos excepcionales como Agujeros negros (Mondadori, 1998), ha obtenido el Premio Novela Café Gijón 2004.
Ana Sousa

EL INÚTIL DE LA FAMILIA
Jorge Edwards

Alfaguara
Madrid, 2005
358 págs.,18 €

Tal vez el mayor peligro de las novelas que llegan de América Latina, incluidas, o sobre todo, las escritas por los autores de mayor prestigio, sea el exceso de conciencia de pertenecer a una élite intelectual, cultural y hasta aristocrática. En ciertas obras se trasluce la certeza subjetiva de que ellos son lo mejor de sus países, pues igualan o superan a los pensadores europeos, y además han visto tanto mundo como los exploradores del siglo xix , o al menos con la mirada igual de despierta que ellos, y sus virtudes deben valorarse en relación aritmética con las dificultades sociales y económicas de sus regiones de origen. El hecho de que se consideren hombres de mundo y reivindiquen sus raíces es lo mejor de sus obras. Lo peor, que pretendan apoderarse incluso de los emblemas de hombres y escritores malditos, cuando posiblemente sean privilegiados. Y Jorge Edwards cae en la falacia. Eso sí, con cierto estilo y disimulándolo muy bien gracias a los espejismos verbales.

El estilo al que recurre es el proceso de identificación latente al escoger a un familiar de cuya biografía y obra no deja de considerarse deudor. La presencia del narrador (que cabe suponer es el propio Jorge Edwards) se mantiene constante, concediéndose libertades discursivas, interpretativas, narrativas o comunicativas de todo lance, y a tal fin construye un texto en el que las distancias se unifican: tan pronto el protagonista es él, como tú o yo, un tráfico de personalidad que sucede, ocasionalmente, en una sola frase. En cuanto al espejismo verbal, nos encontramos con un ritmo sincopado, de galope, en el que abundan las redundancias como si eso supusiera dar mayor credibilidad a sus ingenios, en un riesgo equivocado, pues las enunciaciones reiteradas, aunque varíen los términos, suponen fallos semejantes al de las afirmaciones inglesas en las que una negación sumada a otra negación equivale a una afirmación; curiosamente, este fenómeno se produce en enumeraciones en las que casi siempre los elementos enunciados son tres. Edwards prefiere el lenguaje a la peripecia, una opción que el que suscribe desconoce si fue la elegida por su familiar, Joaquín, impulso que justificaría esta decisión, si bien, por lo que sugiere en las reseñas y análisis de las obras de Joaquín, no parece ser el caso. Los referentes varían, desde las personas de la familia a los artistas famosos o la abundancia de chilenismos, ganando en intensidad cuando estos son acontecimientos históricos, donde más acertado se encuentra Edwards es en el flujo de historia que recorre el texto, y que abarca los años anteriores y posteriores a la Primera Guerra Mundial. Ricardo Martínez Llorca

DESHOJANDO ALCACHOFAS
Esther Bendahan

Seix Barral
Barcelona, 2005
254 págs., 16 €

Es cierto que en su última novela Esther Bendahan –autora junto con Ester Benari de la novela Soñar con Hispania (2000)– compone una narración sobre lo que significa ser judío en una sociedad abierta, pluricultural y laica como la española contemporánea. Pero no recomendaría leer Deshojando alcachofas en clave étnica, exótica o religiosa. Ni tampoco como si se tratara de un relato del encuentro con esos “otros” que son los inmigrantes y su intento de construir una vida lejos de su país y de los suyos. Porque este texto constituye, sobre todo, un mosaico psicológico construido sobre el lienzo de un tiempo crucial en la existencia de las protagonistas: Teli, Sara y Daniris.

Teli, una pintora casada y con dos hijos, debe enfrentarse al dolor y a los recuerdos que le despiertan la enfermedad terminal de su madre. Sara alberga la sospecha de que su marido la engaña y, ante el temor de que se le desmorone su plácido mundo de esposa y madre de familia numerosa, le pide ayuda a Teli para buscar a la amante. Por último, Daniris, una joven dominicana que trabaja como asistenta en casa de Sara, se debate entre el amor que siente por un hombre de “buena familia” –que resultará ser el hermano de Sara– y la imposibilidad de que la relación cuaje y su deseo de regresar a Santo Domingo, al tiempo que se ve obligada a dar con el paradero de Belkis, una muchacha dominicana desaparecida.

La enfermedad y la muerte de la madre de Teli está presente en todo el relato, pero la memoria de aquellos momentos no será más que el generador de otras evocaciones, del mismo modo que la acción de deshojar una alcachofa se convierte en el punto de partida (“De repente, frente a mí, surgió el lienzo y sobre él una figura de varios trozos, un collage”) de las frecuentes imágenes que se despliegan a lo largo de esta obra polifónica. Como en los relatos bíblicos, la voz inicial de Teli cede el paso, sin mediación alguna, a otras voces, porque en Deshojando alcachofas cada personaje –sea principal o secundario– tiene vida y voz propias, y la trama, sujeta por hilos apenas esbozados, se desarrolla a través de las acciones que se dejan entrever por esos pensamientos (“…y pensar va construyendo la realidad, ahora me doy cuenta”) que son a un tiempo realidad y memoria. Mundos distintos que, después de una experiencia traumática, acaban encontrando su lugar en un espacio geográfico, Madrid, y en el lienzo-relato que es esta novela.

La de Esther Bendahan en Deshojando alcachofas es una escritura sólida, serena, sin aspavientos; y que, a pesar de la dureza de algunas de las acciones narradas, va en busca del corazón de los personajes.
Leah Bonnín

VIAJES INOCENTES
Pilar Adón

Páginas de Espuma
Madrid, 2005
126 págs., 12 €

Tiene un defecto la escritora Pilar Adón, o mejor dos, si es que podemos hablar de defectos cuando nos referimos a una de las obras más sólidas de la actual narrativa en lengua castellana. Uno de ellos, la elección de los títulos de sus libros, dificultad que comparte con autores tan singulares como Juan José Millas, aunque no por ello le recomiendo que intente comprarlos. Dos, el que la mayoría de los protagonistas de sus relatos respondan a nombres ingleses.

Pero salvando estos pequeños percances, posiblemente derivados de quien como yo se encuentra mediatizado como lector por toda la pléyade de “jóvenes narradores actuales”, Viajes inocentes, colección de relatos, piezas narrativas o la última obra en definitiva que nos entrega la autora, es una vuelta de tuerca más en la exploración literaria iniciada por Pilar Adón en Las hijas de Sara. De viajeros penitentes hay que hablar cuando nos referimos a los personajes de dichos relatos. Porque en “Precioso”, o en “El final de la temporada de baile”, por ejemplo, nos encontramos con toda una sucesión de seres desamparados que viajan sin sentido y por lo tanto sin punto de partida, y en “Ingles” con una historia de amor oculto, de perdedores, como la propia vida. Hay una constante en todos los relatos de Pilar Adón, decía al principio: sus personajes responden a los nombres de Peter, Johnny, Dora Sallter..., pero también a David, Samuel, Berta... Los primeros parecen un sincero homenaje a sus referentes literarios: Thomas Mann, Virginia Woolf, Paul Bowles... Los segundos, un indagar de nuevo en ese asfixiante mundo medio onírico medio divino que ya apuntara en Las hijas de Sara. Pero con todo, no es posible hablar de un “corpus narrativo” en los relatos de Pilar Adón, ya que a veces parecen escenas fotográficas centrifugadas oportunamente por la batuta imaginaria de la escritora. La autora realiza la imagen y nos cuenta con detalle cuanto aparece entre sus márgenes. No importa el antes, no importa el después, ni siquiera el porqué. Alguno de los relatos, “Libros azules”, por ejemplo, parece responder al esquema tradicional de la narrativa breve, relatos en los que ya en su primera frase la escritora condensa toda la historia, aunque para ello tengamos que echarle no poca imaginación. “Violeta estaba embarazada de Silvia”, dice la escritora. Una frase digna de cualquier examen de segundo de la ESO, que encierra y nos traslada una sensación, un miedo, una esperanza, una vida nueva a la que incluso ha llegado a bautizar: Silvia.

Por todo lo anterior, la literatura de Pilar Adón no es fácil de entender: ya que es perturbadora, sensual, extraña y escogida. Una literatura nacida desde las entrañas, para aguantar el paso del tiempo, para envejecer con dignidad, que es más de lo que se le debe exigir a un escritor.
Luis García

 

EL DETALLE
Tres novelas breves
José Carlos Somosa

Mondadori
Barcelona, 2005
182 págs., 15,50 €

Curiosamente, en la actualidad, la narrativa de género padece de la enfermedad de la culpa: la literatura de misterio (y la literatura policial, fantástica y de ciencia ficción) se entiende en ciertos círculos como un simple divertimento, una banalidad, y ante el temor de ser juzgados como frívolos, muchos escritores de género comentan sus obras como quien se justifica, y perpetran explicaciones que oscilan entre el estudio de perfiles psicológicos y la denuncia social.

José Carlos Somoza (La Habana, 1959) es un narrador poco interesado en reflejar la sociedad y que escribe para acercarse a una realidad secreta e intangible. Las tres novelas breves incluidas en el volumen El detalle exploran universos desconocidos que surgen de la observación al límite de la percepción. Son novelas de misterio con una solución más filosófica que matemática o sobrenatural. Ciertas corrientes de teoría literaria afirman que la literatura de género no puede ser experimental porque la innovación atenta contra la recepción de este tipo de literatura. José Carlos Somoza contradice –corrige– esta aseveración.

En “Planos”, el protagonista Marcelino Roimar descubre que varios mundos conviven con el nuestro, y que esta convivencia puede tener consecuencias peligrosas. “Planos” escoge la forma de una narración tradicional, modificada por la fuerza poética de las palabras y la manipulación del punto de vista del narrador. “El detalle”, por otro lado, es una investigación policíaca singular: Baltasar Párraga –“loco oficial” transformado en detective– establece unas relaciones imposibles entre tres muertes y sus causas aparentes; como en ciertos relatos de Chesterton, el detective es, a la vez, un poeta; esto es, un hombre que construye un mundo a partir de signos cuya lógica pasa inadvertida al resto de los hombres. Párraga descubre que detrás de cada fatalidad hay un asesino secreto. La investigación policial deviene en una investigación metafísica. En “La boca”, un dentista ve amenazada su existencia gris a partir de un descubrimiento banal: la existencia de un esqueleto debajo de la propia carne. El relato adopta la forma de un único y larguísimo párrafo que debe leerse como una exhalación, como un grito nacido del espanto.

Las tres novelas breves de El detalle exploran nuevas formas de contar, experimentan con la estructura del relato, combinan poesía con narración, juegan al escondite con el lector. En suma, reconstruyen la tradición de la literatura de misterio y la hacen casi irreconocible. Facundo Piperno


Literatura infantil

CHAMARIO
Eduardo Polo
Ilustraciones de Arnal Ballester
Ekaré, Caracas / Barcelona, 2004
47
págs., 7 €

Si sus preferencias literarias incluyen palabras del tipo “escritura apócrifa” o, como elegantemente lo llamaba Pessoa, “heteronimia”, o incluso como prefiere Montejo, “escritura oblicua”, entonces éste es un libro para usted. O, mejor dicho, para sus niños, para que vayan comprendiendo los gustos de sus papás. Es lo que tiene el lenguaje, lo poético y lo familiar, que vale todo.

Busquemos aquí, por ejemplo, algo sobre el autor. El prologuista, Eugenio Montejo –gran aficionado a la heteronimia–, se remonta a un viejo tipógrafo, Blas Coll, que sembró escuela en el pueblecito de Puerto Malo. De ahí surgió una legión de seguidores: los famosos colígrafos que, cada cual a su manera, multiplicaron esa semilla lírica. Uno de ellos fue Eduardo Polo cuyo único legado fueron veinte poemas para niños. A mí, personalmente, todo esto me parece muy complicado y me recuerda una frase que dijo un poeta venezolano sobre su patria: “país de tanta luz y tanto absurdo”. Así que prefiero concentrarme en los encantadores poemas. Chamario, según Montejo, proviene del mote cariñoso con que se llama a los niños, chamos, y abre la puerta a un mundo donde el juego con la palabra mantiene el viejo espíritu surrealista de construir una ciudad en el campo. Polo no tiene pudor en imaginarse un mundo sin ¡la a!; en cambiar vocales para ajustar sus rimas (“edifacio”, “vecinderio”); en olvidarse de los acentos (“un niño tonto y retonto/sobre un gran árbol se monto”); o en añadir sílabas que estiran las palabras (“Paseando en biciqueleta /en el mes de ferebero/un mono peretencioso/tuvo un serio toropiezo”). Poemas llenos de guiños para aquellos que están descubriendo los significados de las palabras y aceptan sin pudor las inventadas y las absurdas, mientras se divierten con las inesperadas. Un libro que renueva la estética poética de nuestra literatura infantil en español ofreciendo un mundo propio lleno de creatividad y emoción, donde los poemas se cierran y se abren a la vez: es raro pero es así.

Las ilustraciones de Arnal Ballester –y el cuidado diseño– expanden el ritmo de los poemas y dirigen la mirada a una estética igualmente rica en detalles y juegos. En verdad, es éste un libro hermoso y absurdo. Será tal vez por eso que en un periódico venezolano se anunciaba su salida entre una noticia sobre un Burger King y un tratamiento facial de Nivea. Al Sr. Ballester, por cierto, le llamaban Arañil Ballestea. Ya se sabe lo que pasa con la “escritura oblicua”: se contagia por ósmosis.
Ana Garralón

 

Literatura extranjera

LA NOCHE DEL ORÁCULO
Paul Auster
Trad. de Benito Gómez Ibáñez
Anagrama
Barcelona, 2004
264 págs., 15 €

Tras varios años de errancia creativa –por decirlo de un modo amable–, en los que incluso un elevado número de sus incondicionales parecían dispuestos a dar por cierta su desorientación –por no decir declive–, Auster ha logrado dar a luz una obra acorde a lo que podía esperarse de él y de su talento; no en vano ha resultado una de las tres finalistas del II Premio Lateral de Narrativa al mejor libro del año 2004 en su modalidad de literatura extranjera. A pesar de ello, no es necesario exagerar ni confundir a nadie sobre los méritos artísticos de su autor para destacar esta novela: ni en lo temático ni en lo estilístico difiere mucho La noche del oráculo de sus anteriores obras; ni de las mejores (Leviatán) ni de las peores (Tumbuctú). Respecto a lo temático, persisten por lo tanto los encuentros azarosos pero significativos (el del protagonista con Chang, el dueño de una curiosa papelería), los personajes solitarios obligados a alguna clase de deriva (en este caso los paseos fisioterapéuticos del protagonista por la ciudad), cierta visión metaliteraria (el personaje sobre el que escribe el protagonista ocupa el primer plano durante un buen puñado de páginas) y la llegada a una especie de paz lúcida a través de una catarsis dolorosa. En este sentido, cabe destacar la utilización que lleva a cabo Auster (igual que hizo su esposa, Siri Husvedt, en su novela Todo cuanto amé) de un caso real –la historia de su hijo toxicómano, involucrado en un asesinato–, lo cual le aporta a la narración un plus de veracidad que podríamos denominar inconsciente. Respecto a lo estilístico, Auster sigue siendo el esforzado artesano, poco amante de las metáforas iluminadoras o las digresiones, que se ciñe con fe ciega al desarrollo de la historia que pretende contar.

Sin embargo, lo que convierte a La noche del oráculo en algo especial dentro de la producción de Paul Auster es su redondez. Por decirlo de otro modo, Auster ha logrado fundir definitivamente forma y contenido y llevarlo hasta sus últimas consecuencias. Tal vez haya perdido algo de frescura, o de ingenuidad si se prefiere, respecto a sus primeros libros. Tal vez la ilusión, el empuje y sobre todo la voluntad de comunicar que mostraban novelas como El palacio de la luna o La música del azar, y que atraparon a tantos miles de lectores, no estén ya tan presentes en su escritura. Pero lo que sí queda claro es que Auster ha alcanzado la madurez como creador, y que si bien La noche del oráculo no sorprenderá a los lectores de Auster (aunque sí puede lograrlo, y gratamente, con aquellos que lo aborden por primera vez), no sólo no los defraudará sino que les hará sonreír de medio lado y exclamar: por fin.
Juan Trejo


INFORME SOBRE MÍ MISMO
Grégoire Bouillier

Trad. de José Parets Llorca
Zoela, Granada, 2004
181 págs., 14 €

El título del primer libro de G. Bouillier no podría reflejar con mayor precisión sus contenidos, pues Informe sobre mí mismo es exactamente lo que ya se viene anunciando de antemano: un informe del autor sobre sí mismo; sobre el momento de su concepción, sobre sus amores y desamores, sobre sus enfermedades y las enfermedades de su madre, sobre su madre como figura, sobre su padre, sobre su hermano, sobre la homosexualidad de su hermano, sobre los vínculos afectivos con su madre, su padre y su hermano, sobre la infancia y sus juegos, sobre la adolescencia y sus roles, sobre los buenos y los malos tiempos de un G. Bouillier que, en horas bajas, llegó a flirtear con la indigencia y la locura.

Además del carácter diáfano del título, la transparencia y honestidad son atributos que permanecen intactos a lo largo de una novela infelizmente sincera. Por tratarse de un informe, su naturaleza requiere un afán de verismo y un esfuerzo de síntesis y economización del lenguaje, requisitos que acotan las variables narrativas y definen una parcela literariamente exótica ubicada entre la crónica, las memorias y el dietario. Es evidente que las limitaciones estilísticas o las trabas a la libertad creativa suponen dificultades añadidas, y aunque no se pueda culpar al autor por no haber intentado superarlas –pues enriquece la obra mediante el uso de fórmulas humorísticas, desordenes cronológicos o juegos intertextuales–, ante el resultado final es fácil intuir los motivos por los cuáles el informe como formato literario ha sido generalmente discriminado.

Las novelas autobiográficas suelen encontrar su propia justificación, a modo de ejemplo, en el prestigio del individuo que las suscribe, o en las intenciones últimas del relato, o en los intríngulis sobre la autoría, o en los recodos de la autoficción, o en la espléndida vistosidad de unos hechos extraordinarios. La buena voluntad, la ilusión por el producto y la decencia no siempre bastan, y aunque G. Bouillier se empeñe en establecer una serie de paralelismos entre su vida y la vida del Ulises de Homero, no consigue reanimar una obra faltada de aquella esencial bocanada de ambición literaria. Aún y declarar a Ulises su dios, y equiparar su vida a una Odisea pretendiendo así legitimar su “presencia en la Tierra”, en ningún momento consigue legitimarse a sí mismo como motivo literario central ni legitimar el relato de unos acontecimientos interesantes pero que, al fin y al cabo, “son cosas que pasan”.
Albert Grabulosa

GORDON
Edith Templeton
Trad. de Álex Montoto y Santiago Muñoz
RqueR editorial
Barcelona, 2005
253 págs., 19 €

Estaba limpiando coles y poniéndolas una a una dentro de una cacerola con agua. Obviamente su filosofía no alcanzaba para hacerle comprender que limpiándolas todas de una vez, y pasándolas luego por la cacerola, podría ahorrarse muchos movimientos innecesarios.” Con varias de estas joyas agroteológicas nos abruma Edith Templeton a lo largo de su forzada y pretenciosa obra. Y es que, pese a su insistencia y empeño, su filosofía tampoco alcanza.

Escrita en clave autobiográfica, la novela narra las correrías de una joven díscola y casquivana en el gris Londres de finales de los años cuarenta. Gordon es también el apellido del hombre con el que la protagonista, Louise Walbrook, iniciará una relación de sometimiento y vejaciones. Un ejercicio de altanería intelectual que enrabiará a las más codiciosas lectoras a dos niveles; el que se refiere al campo de la sexualidad, por la poca habilidad de Edith Templeton en su aproximación al rico y fascinante mundo de las relaciones sadomasoquistas, y el puramente literario, por la egomaníaca y poco lograda trama. El libro fue censurado por escandaloso e inmoral en Francia y Alemania cuando se publicó bajo seudónimo en 1966. Fuego de artificio que se queda en nada si nos acercamos con cautela a la obra. Templeton invoca a Goethe y al fantasma enclaustrado en la cripta romántica en una novela que no convence ni conmueve, a pesar de la estela de pretendida elegancia y sofisticación formal que su autora se obstina en legarnos a modo de presente delicado y final. Los esfuerzos de la autora por mostrarse sorprendente y mordaz salen a flote como corchos feos en el estanque del locus estraneous sobre el que parece querer suspender su novela.

Este intento fallido podría pasar desapercibido entre el oleaje de prosa testimonial femenina de alto contenido erótico que nos asola últimamente, pero ha llegado el momento de decir basta. Y es que una recibe con albricias estas rara avis de épocas pretéritas para después constatar con desencanto que, por mucho que en ocasiones quisiéramos matar, por afectadas, a Anais Nin o a Gertrudis Gómez de Avellaneda, el regalo de su intimidad todavía nos saluda con ternura desde la añoranza.
Ana Serrano Pareja

EL INVERNADERO
Wolfgang Koeppen
Trad. de Carlos Fortea RBA
Barcelona, 2005
189 págs., 16 €


Aunque originariamente el extraordinario tríptico que Koeppen dedicara a la segunda posguerra alemana concluía con Muerte en Roma (1954), la cronología de la traducción al castellano ha hecho que la trilogía llegue a nosotros en orden inverso, es decir, empezando con Muerte en Roma, y concluyendo con El invernadero, segunda pieza en la edición alemana, pues Palomas en la hierba (RBA, 2002), completa la trilogía.

No es extraño pues, que ante tanta osadía la crítica alemana silenciara la obra de Koeppen. Si en Muerte en Roma la ciudad eterna incumplía su promesa de inmortalidad para convertirse en coreografía última de una familia partida por el nazismo, o en Palomas en la hierba se reconstruían los avatares de una serie de personajes en el devastado Munich de 1949, al ritmo de encuentros y desencuentros y con la precisión coral de un maestro, en El invernadero, el conflicto se hace individual y el ejercicio novelesco se convierte en un análisis sobre la insatisfacción y la infelicidad del individuo. Así, la novela narra la peripecia del diputado Keetenheuve, exiliado de la Alemania nazi, miembro de una comisión que estudia la reconstrucción de la dividida Alemania y su posible rearme. A medida que trascurre la novela, el narrador profundiza en la personalidad de Keetenheuve, ilumina partes de su pasado, nos informa de una boda tan fortuita como protocolaria con la joven Enke, caída en el alcoholismo y muerta prematuramente, dibuja la insatisfacción del protagonista, las luchas imposibles en que se haya sometido, disecciona sus ideas y sus opiniones que confluyen en la creencia desastrosa de que todo es inútil, ninguna representación política de una sociedad es mejor que otra, y todas han de llevar irremisiblemente a la guerra y la destrucción.

Koeppen avanza torrencialmente en la descripción del personaje. Al son de monólogos faulknerianos hace fluir aquella corriente de la consciencia que, junto a la voz del narrador, reconstruye la historia del diputado y la de la vencida Alemania, para mostrarnos la desdicha de la política y la irrefutable crueldad de la historia. Un laberinto sin salida donde el héroe Teseo es ahora un antihéroe Keetenheuve, a quien le han deshilado las señales de Ariadna con las que salir del extravío. Si bien es cierto que El invernadero no alcanza las cimas narrativas de las dos novelas que completan la trilogía, y no lo hace porque aquí no logra Koeppen evocar el contexto devastado con aquella fuerza de tragedia clásica de las anteriores novelas, El invernadero también se antoja imprescindible para bucear bajo la destrucción humana de la Alemania de posguerra. Literatura en estado puro para exorcizar demonios de ruina y desolación, de pérdida y desesperanza.
Óscar Carreño


LA HABITACIÓN DEL POETA
Robert Walser
Trad. de Juan de Sola Llovet
Siruela
Madrid, 2005
116 págs., 15 €

Robert Walser (Suiza, 1878-1956) es, sin duda, uno de los olvidados de la literatura suiza en alemán. Reside en Biel, donde había nacido, hasta 1905, año en que se traslada a Berlín. En la ciudad alemana escribe sus principales obras: Los hermanos Tanner, El ayudante o la desgarradora Jakob von Gunten. Pero su precaria situación económica y sus depresiones constantes le conducen, en 1930, al psiquiátrico de Waldau y luego al de Herisau. El 25 de diciembre de 1956 es hallado muerto en la nieve, cerca del internado.

Su inmensa obra literaria se compone de más de quince novelas y centenares de relatos y poemas, muchos de ellos todavía inéditos. Siruela publica ahora la traducción de una selección de textos que se creían perdidos bajo el título de una de las prosas del compendio: La habitación del poeta. “La vida de una persona cualquiera es una hermosa y extensa novela; la mía, por ejemplo”, afirma el narrador de dicho relato. Aunque, a decir verdad, no sólo se pinta a sí mismo en este texto, porque Walser, en cada uno de sus libros, suscribiría taxativamente uno de los preceptos de Montaigne en sus Essais: “Soy yo mismo el tema de mi libro”. Y es que el escritor suizo se pasea tras cada uno de sus personajes y relatos, henchidos de aparente banalidad pero con una prosa brillante, detallada, preciosa, en las entrañas de la exactitud lingüística y retórica, al más pulcro estilo flaubertiano. Fluyen, por sus relatos, jóvenes poetas, contempladores de la naturaleza y de la ciudad, muchachas tristes y solitarias, todos ellos para exprimir al máximo la belleza del mundo, si bien topando a la vez con la hipócrita y triste realidad. Porque Walser inserta, en apenas unas frases, dosis de alegría y de desolación, conviviendo ambas en cada una de las magníficas descripciones y retazos de la vida cotidiana, exaltando unas veces el amor, menospreciando otras tantas la burguesía y el poder del dinero. La selección, además, recoge cinco poemas bilingües (en alemán y en castellano) en los que el autor ironiza sobre la profundidad del pensamiento de su época, convirtiendo puras nimiedades en verdadera poesía; y, por último, un epílogo de Bernhard Echte, en pos de seguir redescubriendo al suizo.

Son, pues, pequeñas muestras de la gran destreza de Walser en el relato corto y en la poesía. Por todo ello se ganó la admiración de Robert Musil, e incluso fue “un autor predilecto del imperturbable Kafka”, según Walter Benjamin. Una admiración que continúa vigente, en reconocimientos y homenajes como los que le rinde Vila-Matas en El mal de Montano.
Jesús Casals


Literatura catalana

 

ELS ALTRES MONS DE LA LITERATURA CATALANA
VV. AA.
Galaxia Gutenberg/ Cercle de Lectors Barcelona, 2005
717 págs., 28,50 €  

Ésta es la antología de narrativa fantástica y especulativa más completa y lograda que se ha hecho hasta ahora en la literatura catalana. Con ella Víctor Martínez-Gil, seleccionador e introductor de la obra, demuestra que en las letras catalanas también se han abordado las confusiones, los miedos y la desconfianza del hombre moderno frente al progreso de la era industrial y tecnológica. Una selección de relatos que también nos enseña el proceso de la literatura fantástica en las letras catalanas y de qué manera los autores han presentado al lector esos mundos, consecuencia de la sorpresa del hombre ante los cambios de su alrededor. La modernidad de Lovecraft, Poe, Shelley, Goethe, Hoffman, Stevenson, Stoker, Wells, Huxley, Orwell, Bradbury, los simbolistas, los autores del realismo mágico, etc., se respira en todas las páginas. Como ejemplo, los títulos de los cuentos de Perucho que aparecen en la antología: “Amb la tècnica de Lovecraft” (1956) o “El comte Dràcula i Bram Stoker” (1972).

Se trata de un libro ecléctico en el que aparecen los grandes escritores (Verdaguer, Oller, Sagarra, Espriu, Perucho, Carner, Rodoreda) y también algunos nombres no tan conocidos que nos sorprenden (Elvira Augusta Lewi, Diego Ruiz). Todos los relatos tienen muchos elementos en común, como la creación del ambiente al inicio del relato (miedo, rareza, intriga...) y, a la vez, demuestran la evolución de la visión de lo fantástico en la literatura catalana. Los cuentos van de la presentación de leyendas populares (como la del Comte Arnau) al monstruo terrorífico, del vampiro romántico al espírito abrumador, y del marco más oscuro hasta la visión humorístico-sarcástica que toma Calders, general en el siglo xx. Una obra organizada de manera coherente, ya que Martínez-Gil agrupa los cuentos en doce apartados temáticos ordenados, en su interior, cronológicamente, y siguiendo una lógica basada en los motivos y acciones de los relatos.

Martínez-Gil abre el libro con un magnífico prólogo donde hace un repaso histórico a la literatura fantástica universal tomando una perspectiva recepcionista y observa cómo en el caso de la literatura catalana lo fantástico siempre se ha movido en el terreno de la literatura culta, y que es un error colocarla por debajo de los clásicos universales en general. En definitiva, demuestra cómo los distintos géneros de la literatura fantástica han brotado de una necesidad social, y aprovecha para regalar al lector una selección de literatura fantástica de alta calidad.
Ester Pino Estivill


Poesía

POESÍA PASIÓN
Eduardo Moga
Libros del Innombrable
Zaragoza, 2005
230 págs., 13,45 €

Un golpe de dados podría abolir el azar? Claro que no –jamás, añadiría Mallarmé–, pero quién sabe si la antología Poesía Pasión, publicada por Libros del Innombrable en la colección “Golpe de dados”, podría abolir la “pax” poética que reina hoy en día en el país…

El antologador, Eduardo Moga, evidentemente, no escatima esfuerzos para conseguirlo: suelta en el ruedo las fieras más salvajes del momento: jóvenes poetas nacidos entre 1968 y 1978, en la plenitud del verbo y del concepto, que sitúan la tensión en el centro de su práctica literaria. Citemos entre otros a Enrique Falcón, Francisco León, Marta Agudo, Cristian Tubau…

Poesía pasión, en todo caso, marcado por las experiencias líricas algo alquímicas que florecieron en los años 70, huele a incorrección y molestará a más de uno. De hecho, los antologados, todos sin excepción, rugen más que escriben, ingeniándoselas constantemente, de acuerdo con la definición que da Carlos Busoño de la poesía, para “trastornar la significación de los signos y las relaciones que hay entre ellos.”

Dicho esto, el libro podría leerse como una novela… o casi. Hay, en cada una de sus 230 páginas, la intriga más apasionante que se pueda encontrar: la Creatividad, con C mayúscula, por favor.

¿Valía la pena sacar al mercado una nueva antología? “Prevenidos contra la tentación de creer que lo que ven nuestros ojos es lo único existente” –responde Moga, en una larga introducción que se parece más a un alegato que a la declaración de amor inflamada que el título sugeriría– y añade: “toda antología será provechosa, porque toda nos revelará una nueva faceta de la realidad, una nueva forma de mirar lo circundante.”

En Poesía pasión, Eduardo Moga ha reunido a doce poetas… ¿Por qué doce? ¿Se habrá tomado el antologador por un nuevo Mesías con sus doce Apóstoles?... ¿O considera, como lo afirma la numerología, que el número 12 es el número de los elegidos cuya patria no es de este mundo… sino del cielo? En todo caso, la antología hace patente la solvencia de una generación de la que podemos esperar grandes sorpresas.
Óscar Vila


UN GRITO Y PAISAJES (Y ÚLTIMOS POEMAS)
Giuseppe Ungaretti
Trad. de Carlos Vitale
Ediciones Igitur
Tarragona, 2005
156 págs., 13 €

Una nueva edición de los poemas de Giuseppe Ungaretti (1888-1970) es siempre bienvenida. Más si, como sucede con Un grito y paisajes y últimos poemas , ésta viene acompañada de una excelente traducción de Carlos Vitale y un buen prólogo de Amalia Iglesias.

Íntimamente ligado al “hermetismo” de Quasimodo y Montale, amigo de Apollinaire y de Valéry, traductor de Góngora y Mallarmé, Ungaretti construyó, sin embargo, una obra insular que le valió ser reconocido en su momento como “poeta absoluto” y que lo ha elevado a la categoría de clásico.

Sentencia la Biblia y cita Ungaretti, “Polvo eres y en polvo te convertirás”. Y en efecto, la suya es una poesía que avanzó desde sus inicios con un sabor de arena en la palabra y la mirada fija en un oasis extraviado en el horizonte. Lo vemos en “La Alegría”: el desierto se convirtió en inconfundible ámbito de sus silenciosos versos. Ese sentimiento de la nada es al mismo tiempo del todo, decía el propio Ungaretti –no en vano Haroldo de Campos lo llamó “desértico y barroquizante al mismo tiempo”– el silencio como verso, el blanco de la página como escritura. Algo similar a la experiencia del Igitur mallarmeano del que nos habla Maurice Blanchot.

Un grito y paisajes y últimos poemas nos hace oír esta voz que se sabe cercana a la muerte, que la conoce por experiencia y la desarma con la memoria. El libro está hecho en parte de recortes y poemas encontrados. Versos que emergen, como los recuerdos, en medio del silencio de la nada y del desierto, bajo el sentimiento de una voz poética que se siente en el exilio dentro de un mundo en pleno movimiento: “Riprenderò la via del mondo. Andrò dove sono forestiero”. Ungaretti irá lanzando arena delante de sus últimos pasos; los últimos caminos que le quedan por recorrer son los de la memoria, los de su hijo fallecido, los de Dunja, etc.

Insoslayable poeta del siglo xx, Ungaretti defendió la autobiografía en su obra. De su Alejandría dijo que tenía la noche, el desierto, la nada y los espejismos. Lo mismo hubiese podido decir de su poesía.
Joan Rico

Ensayo
 

LOS ORÍGENES DEL FUNDAMENTALISMO EN EL JUDAÍSMO, EL CRISTIANISMO Y EL ISLAM
Karen Armstrong
Trad. de Federico Villegas
Tusquets,
Barcelona, 2004
534 págs., 19 €

Considero que el título inglés The Battle for God es más revelador que su subtítulo castellano “La intolerancia religiosa frente al progreso” que lleva consigo una carga de prejuicio que no aparece en su contenido. Éste no es un libro a favor o en contra de una forma de ver la religión o la historia de la religión, sino el análisis de un fenómeno que no acabamos de comprender o aceptar.

Libro erudito que puede ser leído por los no eruditos, esta obra nos ayuda a comprender unas ideas presentes y activas en el mundo que nos rodea. Si hace medio siglo alguien hubiera adivinado que la primera gran guerra del siglo xxi podría ser resumida “de forma quizás abusiva” como un enfrentamiento entre fundamentalistas religiosos de las dos más grandes fes monoteístas, probablemente nadie lo habría creído y menos que nadie nosotros, descreídos europeos. Sin embargo Dios, ha vuelto a ocupar en estas últimas décadas un espacio cada vez más central en la política mundial.

Karen Armstrong fue monja, es teóloga y a juzgar por su obra –“¿hay otra forma de hacerlo?”– una persona ambiciosa. Tiene que serlo cuando uno de sus libros anteriores es una biografía de Dios, o al menos la historia de cómo el concepto de Dios ha sido visto por las tres grandes religiones monoteístas durante los últimos 4.000 años. Es también autora de libros sobre el Islam y Buda.

Comparado con sus libros anteriores, este texto es casi modesto en su aspiración de interpretar un fenómeno aún reciente dentro de la religión, el fundamentalismo. Es también un libro más arriesgado que los anteriores, al abordar un tema que suele salir a menudo de la

teología para entrar en la política. Vemos aquí como el fundamentalismo ni es tan sencillo como creen sus mismos seguidores, ni es un regreso a formas pasadas de espiritualidad, sino que por el contrario es parte dolorosa del mundo moderno, fruto de su crisis espiritual y resultado de la necesidad real para muchos de recuperar la piedad, la compasión y la humanidad en un mundo que a pesar de tomar al hombre por centro no sabe ser plenamente humano. La historia del fundamentalismo, es la historia de la nostalgia por un pasado dorado que nunca tuvo lugar, por tiempos más sencillos en que Dios, hombre y sociedad mantenían una relación más próxima que sólo han existido en la imaginación de los fieles. La autora traza la aparición de esta nostalgia a las creencias surgidas entre los sefarditas tras su expulsión de España en 1492. A partir de ahí, aunque tan tentador sería creer en ella y hacernos creer a los demás que todos los fundamentalismos son el mismo, la autora nos pasea por los distintos milenarismos, dejando diferenciadas sus características, origen y evolución. En un mundo gobernado en gran parte por gente que cree literalmente en la Biblia, no es un libro que podamos dejar de leer.
Juan C. Castillón

COSTAS EXTRAÑAS
J. M. Coetzee

Trad. de Pedro Tena
Debate, Madrid, 2005
367 págs., 20 €

Reseñar a un premio Nobel es una tarea ingrata. Ante los halagos institucionalizados el crítico se siente más que nunca como “una pulga adosada a las espaldas de los escritores”, según la poco amable opinión de Doris Lessing acerca de los tristes eunucos de la literatura. Ante un premio Nobel, tampoco cabe la posibilidad del hallazgo que, como mínimo, confiere al crítico la confirmación de su aguda percepción estética en el descubrimiento de una “joven promesa”.

Si el único camino resulta entonces el de la repetición de los consabidos elogios, los ensayos de J. M. Coetzee recogidos bajo el título de Costas extrañas y publicados por la editorial Debate, suscitan esa misma problemática por dos razones: el galardón que ostenta este escritor sudafricano, y que arrecia amenazante ante cualquier comentario, y la procedencia de los mismos ensayos, aparecidos entre los años 1986 y 1999 en el prestigioso The New York Review of Books (a estos textos hay que añadir también dos conferencias y dos prólogos). Sin embargo, durante la lectura de Costas… ha surgido algo que al crítico que habita entre las deprimentes paredes de su modesto talento le resulta bastante incómodo. Ese algo es una inexplicable

desilusión. La elección de los autores resulta muy prometedora, al menos en principio y debido a la condición fronteriza que comparten. Rilke, Musil, Brodsky, Kafka, Gordimer o incluso Borges tiene en común el enriquecedor encabalgamiento de dos o más literaturas dentro de su producción literaria.

El problema de Costas extrañas es la forma con que Coetzee aborda las distintas obras literarias: demasiado apegada a un anacrónico biografismo. Cuando habla de Borges, por ejemplo, pasa lista a algunas de las ediciones inglesas de su obra para luego comentar aspectos de su vida que cualquier persona más o menos culta conoce de sobras. Algo mejor resultan los comentarios sobre algunos escritores africanos como Daphne Rooke o Breyten Breytenbach, sobre todo en lo concerniente a la problemática de las castas raciales y su materialización en la literatura. Lo sorprendente de todo esto es la ingenuidad con que Coetzee asocia vida y literatura y sus desatinadas opiniones sobre la autobiografía, especialmente si se tiene en cuenta que por los superpoblados vericuetos de la teoría literaria cierta vez pasaron Lejeune y Paul de Man. La obsesión detectivesca con que rastrea en las páginas de los libros elementos de vida cifrables en fechas, le impide dar con cualquier revelación interesante sobre la obra.

Los ensayos de Costas… resultan enojosamente correctos (piden a gritos algo del hilarante sarcasmo nabokoviano). Postulan para sacar la mejor calificación como trabajos de fin de curso en vez de convertirse, en virtud del estilo y de la agudeza sensitiva, en literatura.
Ariadna Castellarnau


Colecciones

Biografía


BOB DYLAN. AÑOS DE JUVENTUD

Paul Williams
Robinbook, Barcelona, 2004
304 págs., 20 €

 

VAN MORRISON. EL GENIAL POETA DEL ROCK
Brian Hinton
Robinbook, Barcelona, 2004
400 págs., 26 €

Puede que la mejor autobiografía de un artista sea su obra, su música si se trata de un compositor. Sin embargo, si es críptica, puede precisar de toda una hermenéutica para interpretarla, y es entonces donde entran en juego las biografías no autorizadas, textos apócrifos que amplían el corpus oficial. Para contribuir a tal causa y saciar las ansias de conocimiento de fans y curiosos en general, la colección de música “Ma non troppo” (Ediciones Robinbook), recoge en su catálogo biografías de intérpretes de la música popular. Bob Dylan. Años de juventud es la primera entrega de un amplio recorrido por la vida del cantautor de Minnesota, a partir de un exhaustivo análisis de su obra, y Van Morrison. El genial poeta del rock, un intento de penetrar en la celosa intimidad del ex Them. Otros títulos de la colección son los dedicados a los Beatles, los Rolling Stones, Jim Morrison, Bruce Springsteen o incluso Eminem, en un algo precoz esfuerzo.

 

Contemporáneo

GUAPOS Y POBRES
Alfredo Ruiz
Ático Ediciones, Barcelona, 2005
180 págs., 14 €

UN AÑO SIN SEXO
Manuel Valls
Ático Ediciones, Barcelona, 2005
196 págs., 14 €

Independiente, contraria a la cultura estandarizada y con vocación de dar voz a autores desconocidos. Así es Ático Ediciones, y su colección “Sospechosos habituales” –que toma prestado el nombre del film de Bryan Singer–, su primer intento para materializar estas intenciones. Narrativa y ensayo de autores contemporáneos, temas urbanos tratados de modo desenfadado y una frivolidad desacomplejada caracterizan los títulos que nos ocupan. A medio camino entre la entrevista y el relato corto, Guapos y pobres teoriza sobre una nueva clase social de gente Joven Aunque Sobradamente Preparada, además de guapa, que “no tiene lo necesario para vivir” y que a pesar de ello es despreocupadamente feliz. Ruiz analiza el fenómeno a partir de entrevistas narrativizadas a los GP (guapos y pobres) en cuestión. Por su parte, Un año sin sexo reúne nueve cuentos de Manuel Valls, en que mujeres casi maduras afrontan crisis existenciales diversas en la Barcelona de los noventa.


Sobre Europa

 

CIUDADANOS DE EUROPA
María Teresa López de la Vieja (ed.)
Biblioteca Nueva, Barcelona, 2005
205 págs., 12 €

 

SEGURIDAD Y DIVERSIDAD EN LAS SOCIEDADES CONTEMPORÁNEAS
Carlos De Cueto (coord.)
Biblioteca Nueva, Barcelona, 2005
285 págs., 24 €

La editorial Biblioteca Nueva publica dos ensayos acerca de la legislación de la Unión Europea y de la diversidad cultural en varias sociedades del mundo. María Teresa López de la Vieja se encarga de la edición de Ciudadanos de Europa, un acercamiento a los derechos fundamentales en la Unión Europea bajo las perspectivas de la política, la ciudadanía y la cultura, regidas por la dignidad, la libertad y la igualdad. En palabras de López de la Vieja “los artículos intentan hacer más visible la cultura moral y política europea”. El segundo de los ensayos, Seguridad y diversidad en las sociedades contemporáneas, coordinado por Carlos de Cueto, ofrece un análisis riguroso (incluye abundante información así como tablas estadísticas), para entender los entresijos de las minorías nacionales, la inmigración o los conflictos étnicos. El ensayo, además, trata casos concretos como los de Oriente Próximo, Irak o India.


 
     
   
 
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