nº 126
JUNIO 2005
 
 
Debates
 

Josef Winkler
y la tinaja de la desgracia

MATHIAS ENARD

Cuando llegue el momento (Galaxia Gutenberg, 2004) ha sido elegido como el mejor libro de literatura extranjera en el II Premio Lateral de Narrativa. La novela cuenta la historia de un oscuro pueblo austríaco y de su desgracia progresiva, a lo largo de casi un siglo. Resultaron finalistas Paul Auster y Amos Oz.

Escribe Josef Winkler (Austria, 1953) al principio de Cuando llegue el momento: “En el fondo de la tinaja en la que se obtenía con osamentas de animales sacrificados el caldo de huesos que olía a podredumbre y con el que se pincelaba a los caballos con una pluma de corneja entorno a los ojos, en las orejas y ollares, y en el vientre, para protegerlo de moscas, tábanos y mosquitos, están los huesos de los brazos, arrancados del cuerpo en una trinchera del campo de batalla, de un hombre que, antes de la segunda guerra mundial, arrastró hasta el bosque una estatua de Jesús de tamaño natural y la tiró por una cascada”. El pandapigl, nombre, en dialecto de Carintia, de tal bárbara sopa, y leitmotiv irónico que recorre todo el libro, es, y lo sostendré hasta que mis propios huesos hiervan a su vez dentro de semejante olla, la invención literaria más bella del siglo xx. Gastronómica, paródica, seudorealista y tal vez simbólica, la novela de Winkler emana de este oloroso caldo, cuyo hedor invade todo un pueblucho austriaco de montaña, yendo de personaje en personaje, incorporando (o no) sus restos a la infame marmita de desgracia del pandapigl. Esta reflexión cruel sobre las formas de morir, de malvivir, en la absoluta tristeza de un campo mantenido en la ignorancia por la hipocresía de los ritos y mitos de la Iglesia, retoma, en un relato denso y tumultuoso, los temas predilectos de su autor. El catolicismo, el infierno, las imágenes del Apocalipsis, la figura de Cristo o las pinturas religiosas ornan esta novela y se contraponen a las tristes muertes de sus personajes, así como a los rituales (repetitivos y absurdos) que las envuelven, para acabar mezclándose y elevándose hacia el cielo, como el canto de un coro, sin esperanza de respuesta. La culpa inicial, la del hombre que tiró un cristo de madera al río, es el origen absurdo del Mal, y el pueblo, a través de la figura no menos absurda de su cura, intenta llegar a la redención, rezando o ahorcándose por temor de Dios. Hasta llegar al suicidio atroz de dos niños que se matan juntos en una granja, por un sentimiento de culpa, de pesadez general, colectiva.

La infancia rota, destrozada por la cobardía y la estupidez de los adultos, es uno de los temas predilectos de Winkler, y la figura de los dos niños ahorcados en la granja aparecerá más veces en sus obras autobiográficas, El Siervo o Lengua materna. Lejos de las imágenes míticas de unas montañas verdes y felices, los Alpes de Carintia son una especie de infierno donde la belleza es la del diablo, donde las correas del ganado sirven sobre todo para ahorcarse, donde la actividad más pastoril y hermosa esconde dolor y muerte. Pero si bien se ha podido incluir a Winkler dentro de la corriente del antiheimat literatur, de esta literatura escrita en contra de un país y de sus costumbres, (junto a autores como Thomas Bernhard o Franz Innerhofer), Cuando llegue el momento no es sólo la novela de una región de Austria, sino la del mundo rural en general, y del católico en particular. Con la ayuda de una prosa magníficamente compleja sin dejar de ser precisa, una prosa rítmica y alucinatoria hasta el vértigo (cercana a la de su maestro Jean Genet), Winkler realiza el sueño de todo escritor, es decir, llegar a lo universal desde lo más particular y lo más local. Al igual que Natura morta (Galaxia Gutenberg, 2003), su otra obra publicada en España, uno de los textos más brillantes jamás escritos sobre Roma, Cuando llegue el momento se puede leer como la gran fábula cruel del catolicismo rural, tan bella y oscura como los versos de Baudelaire que la adornan. Y en esto se debe destacar el papel de su traductor Miguel Sáenz, que nos acerca el estilo de Winkler al igual que lo hizo con el de Bernhard, con precisión y ritmo, hasta tal punto que uno tiene la sensación de saber alemán al acabar el libro.

En fin, y a modo de conclusión, estas palabras del maestro Thomas Bernhard, en El sobrino de Wittgenstein, maestro con el cual Winkler puede, a mi parecer, compartir página sin vergüenza: “Me sometí a la humillación de estas concesiones de premios. Dejé que me defecaran en la cabeza en esos ayuntamientos y salones de actos, porque una entrega de premio no es otra cosa que una defecación en la cabeza de uno. Aceptar un premio no quiere decir otra cosa que dejarse defecar en la cabeza, porque le pagan a uno por ello”.

Si así es, si tiene razón Bernhard, si otorgar un premio literario es defecar en la cabeza del autor, entonces, señores, hemos de confesar que nunca lo hemos hecho con tanto gusto.

 

MATHIAS ENARD (1972) es traductor y escritor. Ha publicado la novela La perfección del tiro (Reverso, 2004).

El jurado del II Premio Lateral de Narrativa en la modalidad de Literatura Extranjera está integrado por: Mihály Dés, Mathias Enard, Robert Juan-Cantavella, Quim Pérez, Ana Sousa, Juna Trejo y Juan Gabriel Vásquez.

     
   
 
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