nº 127-128
JULIO-AGOSTo 2005
 
 
Debates
 

Joan López Lloret
Realidades paralelas, mundos de emoción
Marcela Restom

Había mucha curiosidad por saber qué pasaba allí abajo en el sótano. Alguna vez uno tuvo que bajar y mientras soldaba una pieza de metal vio algo parecido a un juguete de tamaño natural… ¿De dónde provienen los hermanos Oligor? ¿Son falleros, artesanos, inventores o un par de locos que se encerraron en el sótano de un polígono industrial de Valencia para crear un espectáculo con muñecos de chatarra? Fue también la curiosidad lo que llevó a Joan López Lloret a filmar Hermanos Oligor (2004), Premio del Público en el pasado Festival de Málaga, un documental que retrata la fantasía del universo infantil aún cuando lo sustenta una voluntad testimonial. Lloret, también co-guionista del documental, nos relata su experiencia como director de su primer largometraje y su visión del documental en España. La producción de Hermanos Oligor también ocurrió de manera particular: Frame Zero se arriesgó a financiarlo contando con medios propios. Mientras buscaban ayudas de producción comenzó el rodaje, conscientes de que no iba a ser fácil encontrar apoyo para una historia tan poética. En la segunda fase del proyecto, Morlanda Produccions ayudó con las mezclas, el sonido y la comercialización. Al final, entró TV3. Ahora Hermanos Oligor se encuentra en la fase de distribución, estudiando diferentes propuestas.

 

Joan López Lloret (Barcelona, 1969) ha estado vinculado principalmente con la televisión, el cine y la publicidad desde 1994. Ha realizado el cortometraje 26 grados a la sombra (1996) y ha dirigido varios documentales, entre otros, El Camino del Agua (1998) rodado en Burkina Fasso, y Krakers (1992) sobre el movimiento okupa en Ámsterdam. También ha trabajado como director de fotografía y operador de cámara para diversos programas, series de televisión y spots publicitarios.

 

¿Qué tipo de historias son las que te interesan como cineasta?

A mí como cineasta, al principio me interesaban las historias sociales, ahora me interesan más las historias relacionadas con los sentimientos, el fondo y el porqué de las cosas; por eso me gustan las historias que a la gente le hagan pensar y que muestren el vínculo entre la normalidad y la no normalidad, entre la realidad y la no realidad, que es un juego muy importante y necesario en la actualidad que vivimos.

 

¿Te refieres a la gran dosis de realidad que recibimos cada día de los medios de comunicación?

En la actualidad se nos hace creer que existe sólo una realidad, una sola verdad, una única normalidad, y si bien culturalmente la tendencia sea imponernos una sola manera de ver el mundo, a mí me interesan las otras realidades, las paralelas, y sobre todo el juego entre esas realidades, entre esas verdades.

 

¿Cómo empezaste en el mundo del audiovisual?

Yo empecé con una cámara de súper 8. Con Cesc Gay y un grupo de gente nos entreteníamos filmando, hasta que cada uno por su lado decidió estudiar cine. Por esa época comencé a trabajar en la tele, era el inicio de la televisión privada en España. La mitad de mis trabajos los he desarrollado como director de fotografía y la otra mitad como realizador. Mi trabajo está divido entre esos dos mundos.

 

¿Por qué te encaminaste hacia el documental?

El documental siempre me ha interesado, pues como operador de cámara encontré muchas situaciones reales que valía la pena filmar. Por otra parte, el documental te permite más libertades que la ficción, que por lo general demanda mucho más en cuanto a producción, realización, etc.

 

Sin embargo, Julio Medem al terminar La pelota vasca dijo que había perdido libertad y lo llamó su posible primer y último documental…

En el caso de Medem yo diría que él se refería a libertad política, ya que se involucró en un tema complicado en un momento muy difícil –cuando gobernaba el Partido Popular. Yo me refiero más bien a liberarse de la presión de un guión tan cerrado, de las obligaciones del casting y otros factores que hay que enfrentar a la hora de realizar una ficción.

 

Pero volvamos a tu línea de creación del documental.

El cine actual se caracteriza por cierta búsqueda de la realidad mientras que el cine documental te ofrece la posibilidad de llegar a la realidad misma. Sin embargo, a mí no me interesa dar cuenta de los datos específicos de cada personaje –como la edad, el sexo, la procedencia, etc.–, me interesa jugar con estos datos porque aunque son intrínsecos al documental, últimamente se ha abusado de ellos en la televisión, por ejemplo en los reality shows.

 

¿Por qué crees que sucede esto?

En estos shows resultan más interesantes los elementos que dan morbo al espectador que los pensamientos del participante, por eso buscan gente que pueda reaccionar de forma primaria –y así borrar las características personales, el contexto que define a una persona–, cambiando totalmente el sentido de una historia. Por este motivo intento deshacerme de estos datos e ir al fondo. Pienso que por culpa de la contaminación televisiva estos datos distorsionan la realidad y crean prejuicios en el espectador.

 

¿Cuándo comenzó el proyecto de Hermanos Oligor?

La historia comenzó cuando Amanda Baqué (coguionista del documental) y yo, vimos el espectáculo en el antiguo sótano de los hermanos Oligor. Su sensibilidad nos resultó muy familiar y sentimos que teníamos que hacer algo con ellos. A los largo de dos años las piezas del puzle fueron encajando poco a poco y logramos ubicarlo dentro del género documental, aunque bien hubiera podido estar dentro de la ficción.

 

¿Por qué lo dices?

Porque la identificación de los personajes y la evolución de éstos en la historia hacen que el espectador tenga emociones que podrían ser las mismas de una ficción, entendida como una historia protagonizada por actores.

 

¿Cuál fue la duración del rodaje?

Los hermanos Oligor estuvieron encerrados tres años en el sótano y nosotros estuvimos dos años encerrados con ellos rodando el documental.

 

¿Qué elementos narrativos utilizas para que el espectador se contagie de la magia de la historia de Hermanos Oligor?

Uno de los subtemas del documental es el que se refiere al proceso de creación y la relación del artista con el mundo real, por ello no puedo decirte algo en concreto. Quizá podría referirme a lo que está más cerca de los sentimientos, de la vida y sobre todo de la recuperación de la infancia. Los hermanos Oligor consiguen hacernos ver la niñez con ojos de adultos pero sacando esas capas que nos distancian de ella.

 

¿Y cómo lograsteis captar el encanto visual del espectáculo?

En cuanto a la visualidad, a nivel práctico, rodar algunas secuencias del espectáculo de los hermanos Oligor resultó complicado porque los espectadores no debían saber que había una cámara rodando y teníamos que trabajar con la luz que ellos utilizan: luz de velas, bombillas de 25 vatios, etc. Además, debíamos procurar no hacer ruido.

 

Si bien los protagonistas se aislaron en su propio mundo, ¿cómo hiciste para romper con esa barrera y entrar en el sótano de su trabajo de creación hasta lograr convertir el documental en testimonio de ese proceso?

A mi modo de ver había tres cosas básicas que teníamos que lograr: reproducir los tres años del sótano, ir rodando las diversas actuaciones e ir elaborando un guión paralelo en el que el contacto entre el mundo interior y exterior de las personas se desarrollara más, esto último está presente en la parte rodada en Berlín, en la que los muros cobran especial relevancia.

 

¿Por qué te decidiste a rodar sus andanzas por Barcelona, Valencia y Berlín?

Ellos han actuado en muchos más sitios aparte de estos tres que se mencionan. No obstante decidimos recoger tres puntos importantes de su historia: la primera vez que se presentaron fuera del subterráneo (Barcelona), la primera vez que se presentaron en la ciudad en la que habían creado el espectáculo (Valencia), y la primera vez que salieron de España, tanto ellos como sus personajes (Berlín).

 

¿Hay alguna relación entre el sótano de creación de los hermanos Oligor y el muro de Berlín?

Escogimos filmar en Berlín porque es una ciudad que claramente representa dos mundos divididos por un muro. Berlín es una ciudad en la que en un momento histórico determinado se decidió trazar una línea de separación. Entonces, el muro de Berlín nos demuestra lo absurdo de las barreras humanas entre el mundo interior y el exterior y también el concepto de la normalidad y la no normalidad, que para mí son significativos.

 

¿Cómo fue la reacción de la gente que colaboró en la creación del documental y que luego fue a verlo al cine?

Una de las cosas que más me impresionó fue la reacción de varias personas de Alemania del Este, que después de ver el documental entendieron el final abierto y valoraron mucho más el significado del encerramiento, incluso se identificaron con los personajes que viven en ese encierro temporal, porque lo han conocido. En cambio, la gente de la Alemania del Oeste ha asumido la caída del muro como algo acabado y como la suma de nuevos territorios urbanos.

 

¿Cómo ha sido la acogida de Los hermanos Oligor en su paso por los festivales?

En cuanto a Festivales, fuimos seleccionados en el Festival de Bogotá, en el Festival de Sitges y el Festival de Málaga en el que obtuvimos el premio del público. La reacción ha sido muy emocionante más que nada porque es una historia que no relata muertes ni desgracias visibles sino que atrapa al público únicamente por los sentimientos. Este es el mérito de los hermanos Oligor y esperamos haberlo trasmitido. Yo me siento satisfecho.

¿Consideras que actualmente en España el documental se está abriendo camino en la audiencia?

El documental como género tiene problemas de distribución que hay que superar. Tengo la esperanza de que aún así la gente se acerque más y que se atenúe la barrera entre ficción y documental.

¿Qué opinas del documental español?

A mí me interesa mucho Joaquím Jordá. Creo que El encargo del cazador (1990), es un trabajo excelente. Igualmente Fuente Álamo, la caricia del tiempo (2001) de Pablo García, sigue también una línea interesante de trabajar el documental. Otros referentes son Javier Corcuera y José Luis Guerín.

¿Qué le dirías a los futuros documentalistas de Iberoamérica?

Considero que en toda Iberoamérica hay mucha tela por donde cortar a la hora de contar historias para documentales, pero existen graves problemas de producción. El material humano –las historias personales– para realizar documentales es inmenso, pero al mismo tiempo hay que tomar distancia de la confusión social y política para poder reflejar con mayor objetividad esa sobredosis de realidad que hay en países como Colombia o México.

¿Qué nuevos proyectos cinematográficos tienes en mente?

Tengo un proyecto ya avanzado con la distribuidora Frame Zero y que será un documental sobre los diarios personales en la época sandinista en Nicaragua, visto no sólo desde la perspectiva política sino como la recuperación de los sueños personales que muchos tuvieron durante la revolución. El documental abarca desde los años setenta hasta la actualidad.


Marcela Restom Es doctora en Teoría de la literatura y literatura comparada por la Universidad Autónoma de Barcelona, y colaboradora de varias revistas culturales iberoamericanas

 

 

Hermanos Oligor

Joan López Lloret. España, 2004; Guión: Amanda Baqué y Joan Lopez Lloret. Fotogr.: Joan Lopez Lloret; Música: Rodolfo Venegas –Jairo Cataño «The Krayola Incident »; Ed.: Cristina Gironés. Prod Ejecutiva.: Cristina Gironés. Prod. Asociada: Marcel.lí Parés; Formato.: Color VHS, Betacam-digital; V.O.S.: Español / Català / Alemán / VOSE Inglés, 85 min. Premio del Público Festival de Malaga 2005. Contacto: Mercè Batalla - morlandapc@yahoo.es

 

Rumpelstilzshen es el duende que ayuda a la niña encerrada en una celda a hilar paja y a convertirla en oro. Como en el cuento de los hermanos Grimm, otros dos hermanos, los Oligor, construyen un imaginario propio en el que hilvanan historias que son capaces de atravesar muros o cruzar fronteras. Su fundamento escénico es la ternura y su arte nació por: “(…) lo que al final, por culpa de un error, fue una llamada del corazón”, como dice el tango que acompaña parte de su representación.

De modo que, resaltando la atmósfera intimista y la magia que habita en cada función de “Las tribulaciones de Virgínia”, este documental nos muestra a dos hermanos que un buen día llegaron a Valencia y se encerraron por un periodo de tres años en el sótano de una nave industrial para construir un micro universo de marionetas y artilugios mecánicos, sirviéndose del reciclaje, de objetos del rastro y sobre todo de una prodigiosa inspiración, como si una obsesiva búsqueda interior se transformara en darle vida a esos artefactos. De ahí que Jomi Oligor diga: “los recuerdos que más me impresionan son aquellos que no he vivido”.

Joan López se acerca al asombroso proceso de invención de una obra que tiene como protagonista a Virgínia, una diminuta muñequita que baila en una caja de música y que es la encargada de darle un golpe en el corazón a Valentín. Posteriormente, la cámara acompaña a los hermanos Oligor en su primera etapa como artistas en Valencia, en Barcelona y las impresiones y anécdotas que de ahí se desprenden. En la tercera parte, en cambio, hay una voluntad de vincular la primera época de los hermanos, aislados del mundo y recluidos en un sótano, con la remembranza del muro para los habitantes de Berlín Este, ya que causalmente, la primera actuación fuera de España ocurre allí, en esa ciudad que fue dividida en dos, demarcada por fronteras que ahora resultan caprichosamente dibujadas.

En esta última parte el documental transgrede el muro invisible de la memoria colectiva y se interna en los sentimientos de los ciudadanos del antiguo Este de Berlín y en sus experiencias vividas durante la división de la ciudad; por ello, recurre a imágenes y testimonios de esa época en la que la creatividad con escasos recursos era la mejor amiga del deseo de escapar. Un buen ejemplo es una familia que intenta atravesar el muro valiéndose de un globo aerostático construido por ellos mismos secretamente en un sótano y que, luego de un intento fallido, consigue su objetivo.

Por último, cabe resaltar que aunque no es un documental con una finalidad concretamente artística y que la trama parece desarrollarse voluntariosamente, Hermanos Oligor merece una segunda mirada, ya que nos muestra la evolución de estos dos duendes artesanos y lo hace manteniendo la vertiente sentimental que emana de la propia fábula. (MR)

 

 

 

     
   
 
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