nº 129
septiembre 2005
 
 
Debates
 

Narrativa hispánica

CANCIONES DE AMOR EN LOLITA´S CLUB
Juan Marsé
Areté
Barcelona, 2005
265 págs., 20 €

Sobre el modesto microcosmos de unos barrios degradados de la Barcelona de la posguerra construyó Juan Marsé (Barcelona, 1933) uno de los universos literarios más ricos y complejos de las letras hispánicas contemporáneas. Pero –como si no estuviera satisfecho con el resultado– en la cima de su carrera desembarcó en una sorprendente operación de derribo: desmontar todo lo que había construido, escribir, por así decirlo, el reverso del mito que él mismo había creado. Si de su época de construcción datan, entre otras, Si te dicen que caí (1973), una de las mayores novelas españolas de todos los tiempos, o una obra de referencia para varias generaciones, como Últimas tardes con Teresa (1965), la fase de deconstrucción cuenta en su haber con libros tan brillantes como El amante bilingüe (1990) y El embrujo de Shanghai (1993).
El último alto en ese insólito proceso de desandar es Canciones de amor en Lolita´s Club, una novela que había sido concebida como guión de una película que no ha llegado a producirse. La confección novelesca lleva la huella de su origen: una trama ágil, directa y lineal, unos diálogos tan elementales como eficaces, y la ausencia total de toda descripción y matices. El planteamiento es justo lo opuesto de lo que propone la preciosista El rabo de lagartija (2001), por tanto, coincide con ella (y también con El amante bilingüe) en la voluntad de romper con lo que había escrito antes. Al igual que en esas dos novelas referidas, también en Canciones de amor… el característico antihéroe del autor se ha transmutado en una suerte de parodia o despojo de héroe (un poli alcohólico, conflictivo y de vuelta de todo), pero en este caso, al servicio de un una áspera novela de acción.
Marsé fue uno de los precursores en España del aprovechamiento de los subgéneros para la composición de una novela de ambición literaria, pero nunca había llegado tan lejos en esa operación de reciclaje como con esta nueva obra. El escenario principal de la novela –tal como se deduce del título– es un puticlub, el nudo está basado en un una variante del mito de Caín y Abel, y el desenlace busca su desesperada salida entre la espada de una atracción erótica fatal y la pared de una realidad social siniestra. Con esta novela dinámica, sencilla e impactante, Marsé ha vuelto a sorprender, y hasta a desconcertar. Su visión del mundo siempre desilusionada se ha vuelto aquí definitivamente sombría para dar a luz a una obra de ligera lectura.

Mihály Dés

LA FIESTA DEL ASNO
Juan Francisco Ferré
Presentación de Juan Goytisolo
DVD
Barcelona, 2005
248 págs., 12 €

Si todo documento de cultura es un documento de barbarie, entonces la relación entre el escritor y el Significado es la que mantenía Linda Blair con el exorcista. Esta premisa, que inspira la vena más innovadora de la literatura y las artes contemporáneas, la seguía a pie juntillas Juan Francisco Ferré en su novela I love you Sade (2003), donde subvirtió una exposición de un artista multimedia para mostrar hasta qué punto la ampliación de sentido por medio de la exégesis –de una foto de grupo militar, de una operación de vaginoplastia– constituye un acto de violencia, de imposición, tanto más visceral que la imagen misma. Este exorcismo del significado se ve jugosamente complementado por su nuevo artefacto narrativo, La fiesta del asno, en que Ferré coge por el pecho el tema más sobrecodificado y menos estetizado de nuestra época –el terrorismo vasco– y le aplica un tratamiento debordiano y forense –¡parental warning!–, en la mejor tradición de los “eruditos a la violenta” (pág. 181). ¿Novela política? Sí, sobre los negociados, expansiones y colapsos del más enérgico de los agentes políticos: el cuerpo. ¿Terrorismo literario? Donde la coacción gubernamental y la manipulación mediática son ley, he aquí al más legítimo de los extremismos.
Si el narrador de principios de siglo es, como señala Ferré en uno de sus artículos, un mutante, entonces la mesa del cirujano se convierte en el nuevo paisaje de la escritura. La figura de Gorka K., un soldado y ex concejal al servicio de la Causa, dotado de buen estómago, es el objeto de una hilarante operación deconstructiva en el que el cuerpo del fanatismo y sus pulsiones erógenas, digo ideológicas, devienen carne troquelada, devienen carnes enzarzadas... devienen mujer. El ritual primitivo y la estetización audiovisual marcan los dos extremos del camino de Gorka, ofreciendo así la imagen de una mentalidad tensada y polarizada entre los dos extremos de la Historia. Por una parte, el acto ritual, como elemento de construcción identitaria, encuentra su sátira en la visión alucinada de las arboledas perversas, los sacrificios electorales, las orgías en capilla ardiente y las cabalgaduras de pollino, escenas en que el folk se da la mano con su primo mayor, el gore. La identidad de Gorka, modelada por estos ritos de lo abyecto, se multiplica y disemina en las incontables modalidades de figuración audiovisual, desde la publicidad hasta el reality show, desde el coche oficial estallando en tecnicolor hasta un atentado interminable que parece escrito por Hanna Barbera. En suma, una gran novela liberal. Digo, libidinal.

Eloy Fernández Porta

CINCO CERVEZAS
Juan Abreu
Poliedro
Barcelona, 2005
234 págs.,18 €

Juan abreu pertenece a la llamada “Generación del Mariel” dentro de la literatura cubana contemporánea. El grupo toma su nombre del puerto por donde algunos de sus miembros –entre ellos Abreu– partieron al exilio en 1980. Aunque no todos fueron en aquel barco, Mariel actúa como lazo de unión en cuanto símbolo de las penalidades sufridas en la Cuba de Castro. Pese a la diversidad de estilos y formas de expresión, los integrantes del núcleo originario y quienes se sumaron más tarde comparten una misma rabia por las experiencias vividas y el fin común de denunciar la opresión y el totalitarismo en cualquiera de sus formas.
Cinco cervezas supura esa ira; con ella mira hacia atrás sin nostalgia: a una patria perdida que ni es ni fue buena ni –cree el narrador– lo será en lo porvenir. Con el viejo pretexto etílico, sin más rumbo que “el hilo narrativo de la cerveza”, Abreu deconstruye de forma salvaje el contexto político del régimen castrista. Denosta por igual a los cubanos de una y otra orilla. Arremete, con nombres y apellidos, contra aquellos que apoyan el régimen sin haberlo sufrido. Se burla despiadado de la cultura miamense. En cierto momento, el narrador dice que “si volviera a ser un escritorzuelo […] escribiría libros exclusivamente insultantes” (pág. 181). Haciendo honor a esa máxima, en este libro insultante Juan Abreu abunda en la línea ya trazada en otros textos suyos, como la magnífica Garbageland (2001) u Orlán Veinticinco (2003). Lo que en estos expresaba mediante la ciencia ficción, sirviéndose de una elaborada red de imágenes, lo expone aquí a pecho descubierto.
Cinco cervezas da el contrapunto perfecto al universo de Garbageland. Aun siendo autónoma y a pesar de crear un sistema de referencias propio, actúa en cierto modo como libro de claves: retrata el mismo mundo, hechos, personajes, e incluso recupera en ocasiones imágenes de Garbageland y las sitúa en su contexto semántico “real”. Esclarece así lo que pudiera haber quedado velado por la falta de referencias explícitas o el desconocimiento del lector no iniciado en los avatares de la historia cubana. Al mismo tiempo, construye un discurso diferenciado: estructura abierta, basada en la libre asociación de ideas y el todo vale, estilo categórico y sardónico, lenguaje depurado: frases cortas y directas, cláusulas divididas por la puntuación. Una novela que, a quien no ofenda, regalará con unas horas de lectura irremplazables.

Magda Costa Vallés

EL ESTADIO DE MÁRMOL
Juan Bonilla
Seix Barral
Barcelona, 2005
253 págs., 17 €

La fecunda obra de Juan Bonilla nos muestra a un autor que se desenvuelve con mayor pericia en los caminos cortos del relato que en los largos trayectos de la novela. Y es que en sus relatos, ya fueran los de su primer libro El que apaga la luz (1994), ya los de La noche de Skylab (2000), ya en estos que aquí ocupan de El Estadio de Mármol, nos encontramos de bruces con la concisión de una prosa que horada con vigor las convenciones literarias. Y es que lo que en sus novelas es un mareo de perdiz, un caracoleo prosístico sujeto a una infinita espiral que no avanza en lo que se cuenta –caso de Los principios nubios (2003)– en sus relatos es ahorro, es palabra directa, precisos dibujos estelares de vidas desdichadas. Todo lo que es intento en sus novelas se convierte en sus relatos en mayúsculo acierto.
Así, El Estadio de Mármol será un catálogo de desplazados de la normalidad, seres sujetos a la certeza de presencias fantasmales para aplacar la desdicha de una vida no deseada en “Encuentro en Berlín”; otros aferrados a la búsqueda de un moderno Grial Santo que ha de otorgar vida a quien la pierde, como la perdieron a montones los reclusos de los campos de exterminio que son evocados, como turista no-accidental, por el protagonista de “Una montaña de zapatos”; o personajes que descubren tendencias sexuales que la época convierte en delitos que sólo han de ser expurgados por castigos más propios de épocas medievales, como en “El Estadio de Mármol”, título del relato que da nombre al conjunto. Comentario aparte merecen “Vitíligo”, donde la adversidad de la enfermedad que monstruosea al personaje encuentra consuelo en una hiperrealidad de videojuego que haría las delicias del mismísimo Baudrillard; o una “Novela fallida”, ejercicio de eso que la posmodernidad ha bautizado como metaliteratura y donde el bueno de Bonilla, al tiempo que brinda un solapado homenaje a Handke, carga contra esa pléyade de escritores de novelas de autoayuda que visten sotanas laicas y devocionarios milagrosos destinados a resolver problemas tales como superar la infelicidad que ellos mismos causan con sus mentiras.
El Estadio de Mármol es, en definitiva, un racimo de buenos cuentos que desgranan historias de vidas sometidas a la adversidad y al desarraigo. Una muestra más que evidencia el salto cualitativo que el género corto imprime a la heterogénea obra de Juan Bonilla.

Óscar Carreño


Narrativa extranjera

APARTAMENTO EN ATENAS
Glenway Wescott
Trad. de Toni Hill
Lumen
Barcelona, 2005
297 págs., 16,50 €

A juzgar por la fotografía que ilustra la solapa y lo llamativo de sus datos biográficos, no es imposible que el norteamericano Glenway Wescott (1901-1987) haya inspirado alguno de los relatos de su compatriota Francis Scott Fitzgerald. Atractivo, refinado y cosmopolita, autor de una obra escasa pero de múltiples registros, Wescott se movió a sus anchas por los círculos literarios de Europa y Estados Unidos antes de ejercer como empresario artístico, convertirse en abanderado del movimiento gay y participar activamente en las investigaciones que el sexólogo Alfred Kinsey llevó a cabo durante los años cincuenta. Tras ser redescubierto en su país, el año pasado la editorial Lumen emprendió la publicación de su obra completa con la exquisita novela corta El halcón peregrino.
A la obra de ficción de Wescott se la ha relacionado con autores de la talla de Ford Madox Ford, Somerset Maugham o Henry James. Y ciertamente tanto El halcón peregrino como la ahora aparecida Apartamento en Atenas toman algo de todos ellos. La lectura de ambas novelas pone de manifiesto que Wescott, al igual que los autores citados, es por encima de todo un explorador de la naturaleza humana, confiando buena parte de la fuerza narrativa al estudio de los motivos y emociones que mueven a sus personajes. Este hecho, unido a su querencia por situar la acción en escenarios mínimos y a utilizar sólo a los personajes precisos, provoca en el lector de Wescott una curiosa impresión: la de estar asistiendo a montajes teatrales con acceso a la mente de los actores. En el caso de Apartamento en Atenas, publicada originalmente en 1945 –y éste no es un dato irrelevante–, el trasfondo es la Segunda Guerra Mundial, en concreto la ocupación de Atenas por parte del ejército alemán durante los años 1942 y 1943. Y lo que la escena acota es el minúsculo apartamento de la familia Helianos, que se ve obligada a compartir su vivienda con un oficial nazi y a sufrir la humillación de sentirse esclava del enemigo en su propia casa. El punto de giro de la narración aparece cerca de su primer tercio: tras un viaje de permiso a Alemania, el capitán Kalter regresa doblemente transformado; los nuevos galones indican que ha ascendido de rango, a la vez que su trato con la familia griega pasa de la crueldad inicial a una inquietante amabilidad. En el secreto de esta transformación se sostiene la intriga, cuya revelación desencadenará el drama particular de los Helianos.
Es probable que muchos lectores acusen a esta novela de morosidad narrativa y de exceso de énfasis dramático. Pero del mismo modo pienso que, una vez inmerso en ella, es difícil que nadie con la mínima sensibilidad literaria se resista a la seducción que ejercen los actores de esta moderna tragedia griega.

Francesc Nadal

VIEJA ESCUELA
Tobias Wolff
Trad. de Mariano Antolín Rato
Alfaguara
Madrid, 2005
262 págs., 16 €

Tobías Wolff es un notable escritor de cuentos. Aunque por sus piezas breves suele planear cierta sensación de déjà vu, domina el género gracias a su laconismo verbal y a su habilidad para explotar la coherencia interna de sus ficciones. En este género ha dado algunas muestras magistrales (pensemos por ejemplo en “Migrañas” del libro La noche en cuestión).
Su novela Vieja escuela es un relato a medio camino entre la autobiografía y la ficción. En ella, se propone dar salida a sus recuerdos de adolescencia en un colegio de élite y reflexionar acerca de los singulares caminos que conducen a nuestros proyectos personales. Sabedor de que la mitificación de fenómenos poco dados a la épica constituye un vicio típicamente literario, el de Alabama ha intentado no adulterar su biografía, planteando una narración casi naturalista. Sin embargo, lo que en un principio constituye una opción ajustada a la verdad de lo que se propone narrar, al final acaba restándole a la obra puntos de interés. Wolff comete el error de adobar escasamente sus recuerdos, quizás porque esperaba que éstos constituyeran por sí mismos materia “literaria”. Además, en su relato un tanto neutro, un tanto insípido, Wolff no llega hasta el fondo de sus remordimientos literarios –como sí hace, por ejemplo, Juan Goytisolo en su biografía Coto vedado–, lo que lastra la tensión de la novela. Y es que del protagonista –ese trasunto del propio Wolff– sabemos pocas cosas: que en su alma anida un secreto anhelo de realización a través de la escritura, que es un tipo algo envidioso y que no le van las convulsiones emocionales. Es, pues, un tipo corriente, tan real que su representación literaria resulta inexpresiva. A su perfil le falta complejidad psicológica y le sobran reflexiones banales sobre la autenticidad en las letras y sobre el riesgo que conlleva aceptar a pies juntillas los modelos vitales de los escritores que admira.
El diagnóstico es que Vieja escuela parece un relato estirado, lo que queda patente en el capítulo final, donde el texto da un giro estructural y traslada el punto de enfoque a los conflictos internos del director de la escuela. Es una especie de conclusión argumental que nos da veinte páginas magistrales. Ahí sí que la novela vuela alto, muy alto, quizás porque el autor, al apartarse de su biografía emocional y salir al terreno abierto de la ficción, recupera su pulsión de cuentista de raza. Pero para eso hay que esperar casi doscientas páginas de tipografía más bien anodina.
Roberto Valencia

JÓVENES HOMBRE LOBO
Michael Chabon
Trad. de Javier Calvo
Mondadori
Barcelona, 2005
272 págs., 18 €

Antes del salto mediático obtenido con su segunda novela, Las asombrosas aventuras de Kavalier y Clay (Mondadori, 2002), ganadora del premio Pulitzer 2001, Michael Chabon ya había explorado con éxito la narración corta en sus publicaciones para The New Yorker, recopiladas más tarde en Un mundo modelo (Anagrama, 1995), y en el tomo que aquí presentamos.
En este volumen, así como en el resto de sus obras, Chabon nos muestra un retrato ácido, aunque hilarante, de la clase media americana nacida de la inmigración y el progreso socioeconómico de los ochenta. Puede palparse la atracción del autor por los mundos encontrados, por la tensión generada entre los contrarios: la infancia y la madurez, el sueño y la realidad, la locura y la cordura cuyos límites terminan por invertirse y desvelarse inextricables. Los personajes de Jóvenes hombres lobo viven en el permanente conflicto entre la solidez preclara de sus conductas racionales y los deseos y pulsiones más íntimos e inconfesables. Tal es el caso del señor Green, padre divorciado y autor de un manual de conducta paterna cuyos preceptos incumple sistemáticamente. O el de la joven pareja venida a menos de “Cacería de casas”, que inesperadamente sucumbe a sus instintos más bajos en el transcurso de una visita aparentemente anodina... Como éstas, otras muchas situaciones cómicas, y en su justa medida grotescas, nos mueven a reflexionar si la sinrazón propia de nuestros deseos no es en verdad más útil y efectiva que los acartonados dogmas del convencionalismo y el sentido común.
Chabon se lo juega todo a una carta, la de una impecable y fluida narración que en ningún momento echa en falta las descripciones recargadas o la intención puramente estética. En este sentido Chabon es un escritor plenamente moderno, reluctante hijo del rhythm y la ironía mordaz que en su momento cultivaron J. D. Salinger o Bruce Jay Friedman. La mirada desencantada a la vez que iniciática del mundo, propia de la literatura norteamericana aún se destila en los personajes de Jóvenes hombres lobo, en su mayoría atrapados en la difícil y precoz ambigüedad existencial previa a la madurez y enfrentados de este modo a las imperfecciones de su condición humana. No en vano Chabon hace de ellos un dechado de contradicción y efímero equilibrio, transitando a menudo y con esfuerzo por lo que Joseph Conrad llamó “la línea de sombra”: ese momento en que los ideales y los sueños de juventud se convierten en acuciante realidad, en la sórdida lucha con nuestros semejantes y en el anhelante tedio de una vida condenada a la insatisfacción.

Federico Fernández Giordano

Literatura catalana

JOSEP PLA I EL QUADERN PERDUT
Antoni Palerm
Cort
Valencia, 2005
59 págs., 9 €

S’ ha de posar una cosa darrere de cada paraula”. Esta cita de Pla es la que abre el último libro del mallorquín Antoni Palerm, una frase que condensa la poética de ambos narradores. Josep Pla i el quadern perdut es una novela corta a modo de dietario que evoca la etapa en la que Pla estuvo en Florencia como corrispondente, durante los días de la famosa Marcha sobre Roma, la ascensión al poder de Mussolini y el estallido fogoso de los futuristas. En ella Palerm retrata con un lirismo sencillo y entrañable a un Pla de veinticinco años que comienza a admirar la belleza de los artistas italianos y a leer a Dante y Maquiavelo.
A la manera de Pla, Palerm construye una ficción biográfica en la que mezcla dos niveles: por un lado, los hechos que hicieron historia en los años de juventud del escritor y, por el otro, sus quehaceres cotidianos, desconocidos para nosotros. Los capítulos, muy breves, van desde el 1 de octubre al 1 de noviembre y acaban con un epílogo del 3 de noviembre. Al igual que en El quadern gris, nos dejamos llevar por las fechas sin saber si son ciertas o no.
Palerm ha captado parte del personaje Pla a partir de una lectura atenta de sus obras y lo ha llevado a una edad muy temprana para mostrar su aspecto más íntimo y sus primeros paseos intelectuales. Nos lo muestra despertándose, comiendo, pensando, observando, enamorándose… Y también reaccionando frente a los acontecimientos que estaban cambiando Italia. Todo narrado desde una perspectiva nostálgica y, especialmente, de una manera inteligible, prudente, sin sobresaltos. Y es que la prosa de Palerm adopta el tono de la voz de Pla en todo el libro, incluso en los diálogos en italiano. Se trata de la búsqueda de una prosa justa y clara que encaja perfectamente con su objetivo y que, tanto en las descripciones como en las observaciones críticas del protagonista, se traduce en un estilo muy rápido, casi telegráfico.
Salvo algunos errores ortográficos, Josep Pla i el quadern perdut es un libro excelente, un auténtico regalo a los admiradores del escritor ampurdanés para que disfruten moviéndose por los límites de la realidad y la ficción.

Ester Pino Estivill

Poesía

UN SUEÑO EN EL PARQUE DE LUXEMBURGO
Richard Aldington
Trad. de E. Moga
Bartleby
Madrid, 2004
88 págs., 11 €

Richard Aldington (1892-1962) es considerado por muchos como uno de los grandes exponentes de la lírica en lengua inglesa en los inicios del siglo xx, si bien fue una figura algo menor al lado de los omnipresentes Ezra Pound y T.S. Eliot. Autor poco seguido en España –donde sólo se le conoce por algunos de sus libros en prosa y por estar incluido en la antología Des Imagistes, que realizara Ezra Pound en 1914 y que fuera traducida al español en la excelente edición del sello Trieste en 1985 –, la aparición de su Un sueño en el parque de Luxemburgo abre, pues, un nuevo diálogo con los lectores en lengua hispana.
El libro, un único poema dividido en 14 secciones que cuenta un sueño amoroso del poeta, plantea dos problemas. El primero es de índole estrictamente poética: cómo conseguir un poema narrativo basándose en las mimbres del imaginismo, movimiento en que Aldington participó con entusiasmo y cuyo tratamiento objetivo despojado de la sobreabundancia verbal y sentimental de la poesía victoriana, gusto por la poesía oriental –muy especialmente por los haikus– y énfasis en la utilización de la palabra exacta, conduce al poema de dimensiones reducidas, donde a la extensión la sustituye la intensidad. El gusto inglés por el poema narrativo extenso, sin embargo, no decayó en los imagistas, y estos, Aldington incluido, siguieron cultivándolo. Para ello recurrieron sencillamente a la división del poema en otros más pequeños, de forma que el conjunto del texto no perdiera las mencionadas características.
El segundo problema es el tema del amor, que vertebra el libro. Cómo hablar en el primer tercio del siglo xx, que ya había sido testigo de la Primera Guerra Mundial y que dejaba ver los indicios de la Segunda, de un tema tan manido o por lo menos tan poco urgente para el contexto. Un sueño... es en ese sentido una revisión posible en la que no faltan los anclajes clásicos ni provenzales, al tiempo que se habla de las condiciones modernas surgidas tras la guerra. Así pues, entre la idealización tradicional y el pesimismo contemporáneo, Aldington sortea los peligros dela repetición y la banalidad. La presente traducción tiene en cuenta las características verbales de esta poesía, tan cercana a veces a nuestra sensibilidad y otras tan alejada, y opta por un lenguaje coloquial, despojado de la falsa retórica lírica, y por el verso libre. Además cuenta con introducción y notas.

Santiago Rodríguez Guerrero-Strachán

UT PICTURA POESIS
Ramon Dachs
Emboscal
Vic, 2004
93 págs., 12 €


El aforismo “ut pictura poiesis” (como la pintura, así es la poesía), tomado de la Epistula ad Pisones, constituye el centro de una disputa sostenida durante siglos: la polémica comparación entre lo visual y lo verbal. La relación entre imagen y palabra –enunciada por Horacio y replanteada por otros en diferentes épocas– es, en el libro de Ramon Dachs, un despliegue de diferencias, porque la copresencia de poemas y pinturas muestra la particularidad de cada sistema. A pesar de que los poemas se yuxtaponen a una imagen; aunque una serie de coplas estén motivadas en la obra de un artista plástico; ni la simultaneidad ni la inspiración plantean aquí la dependencia de un arte, el poético, con respecto de otro, el pictórico, o viceversa. Los poemas de Ramon Dachs no son una descripción en palabras de las pinturas de José Manuel Broto, Baruj Salinas y Francisco Toledo, así como las imágenes tampoco buscan ser una ilustración de lo verbal.
El disfrute de esta publicación está precisamente en la posibilidad de visualizar y leer entidades situadas en un mismo espacio sin buscar equivalencias ni correspondencias. Como lectora, al pasar de la imagen al texto o de lo secuencial a lo simultáneo, accedo a productos independientes y experimento formas de percepción completamente distintas. Incluso sólo con la palabra participo del carácter compuesto presente en toda la edición. Los poemas de la primera sección, además de la versión en catalán, reaparecen en castellano y francés; los textos del segundo apartado están escritos en italiano, francés, castellano o catalán. Aunque se trate del mismo medio –la palabra en este caso–, ésta queda al descubierto desde su propia divergencia.
Que la palabra cambie en su apariencia gráfica plantea el problema de la visualidad de la escritura, tan distinta a la de las artes plásticas. Todo en esta última publicación de Ramon Dachs –tanto la relación entre lo visible y lo leíble como la textualidad en sí– enriquece la heterogeneidad del libro y anula la analogía horaciana que lo titula.

Lorena Bou Linhares

Ensayo

ESTUDIOS SOBRE CELAN
Peter Szondi
Trad. de Arnau Pons
Trotta
Madrid, 2005
136 págs., 9,38 €

En su doble condición de filólogo y amigo personal del poeta, Peter Szondi había asumido casi como un doble compromiso escribir este libro. Pero el tiempo se le echó encima, como a Celan (se suicidaron ambos, con pocos meses de diferencia), de manera que, de los cinco estudios inicialmente planeados para el libro, sólo dejó terminados dos, además de otro bastante avanzado en su redacción y unas embrionarias notas para el resto. Y fue por su igualmente doble condición de filólogo y amigo de Celan –y a su vez de Szondi– que Jean Bollack se encargó de la edición de los materiales que finalmente componen el libro que apareció originalmente en 1972, poco después de la muerte de su autor.
El libro resultante llama la atención por su variedad de enfoques. Así, los tres estudios centrales del libro son otras tantas vías de acceso a Celan. El primero es un análisis de la traducción que hizo el poeta de un soneto de Shakespeare. Aquí Szondi llega a esbozar –con Jakobson y Benjamin como interlocutores– una teoría de la traducción en la que la diferencia obligada entre los dos creadores unidos en un acto traductor se juega en el “querer decir”. El segundo estudio es una lectura en marcha del poema celaniano “Strette”. En marcha porque Szondi se mete dentro del poema no sólo para sostener teóricamente que el poema mismo es un movimiento, sino para practicarlo como lectura. El estudio sirve como contestación al típico lector perezoso que insiste en la “oscuridad” de Celan: Szondi lee el poema paso a paso, casi verso a verso, logrando una diáfana comprensibilidad (el estudio se subtitula “Ensayo sobre la inteligibilidad del poema moderno”). El tercer texto da otro giro y sigue un análisis genético de un poema de Parte de la nieve: cómo y cuándo fue concebido; cómo fue publicado por primera vez y cómo cambió al integrarse en el libro, etc. Y ahí emerge nítida esa textura celaniana, capaz de conectar la fiesta cristiana de la natividad con el asesinato político, en un conjunto que entiende que es el “Edén”.
Es éste un libro babélico, algo que se ve acentuado en la traducción. Se trata de algo intrínseco al ensayo sobre la traducción shakespeareana, pero igualmente marca el análisis de “Strette”, escrito en francés, con lo que Szondi contrasta a menudo la versión francesa del poema con el original alemán, a lo que se añaden las versiones castellanas respectivas (en la diáfana traducción de Arnau Pons que, además, proporciona una serie de puntualizaciones y de datos de gran valor para la mejor comprensión del texto).

Antoni Mora

FRICCIONES
Tomás Abraham
Sudamericana
Buenos Aires, 2004
251 págs.

Si la fricción servía para medir la calidad de los metales, Tomás Abraham, en su Fricciones, mide y se mide con algunos mitos propios, casi fundacionales, de la cultura judía, argentina y francesa. Con este objetivo arranca este libro tremendamente bien escrito. La primera fricción nos remite a la cultura judía argentina, a Gombrowicz, sus categorías de la risa y la estupidez y su relación con los escritores polacos. Mediante la contraposición de Gombrowicz con diferentes escritores como Schulz, los Singer o Witkiewicz, Abraham problematiza la contradictoria identidad judía, trágica y nómada, que se desarrolla antes y durante el exilio. En su segundo artículo, Tomás Abraham contrapone las intensidades intelectuales que suponen César Aira y Ricardo Piglia dentro de la actual cultura argentina. Tomás Abraham encuentra en la intensidad Aira un modo brillante de hacer literatura. Aira es el escritor que escribe mal porque Dios ha muerto. Aira es la intensidad que permite seguir escribiendo y pensando, quien ahonda en la grieta de la escritura y nos da las claves del gran escritor: “Ser idiota y extranjero para no entender, no entender para escribir peor”. Todo lo contrario que la intensidad Piglia, que representa la agonía y la vacuidad de todo un dispositivo cultural. Más de lo mismo, parece decirnos Abraham. El cansancio de la vieja Francia repitiendo caminos transitadísimos. Y hasta el último mito de esa vieja Francia, hasta Artaud, llega Abraham con su último ensayo “Agujero de Cristal”. Quizá el artículo más sugerente del libro en dónde se invierte el mito Artaud, que es el mito fundador de toda una línea de pensamiento sobre la locura. En la fricción entre Artaud y su editor Rivière se nos muestra todo el rigor y la profundidad de la mirada de Abraham. Artaud es el escritor del borde de la nada. Artaud, como nos dice Foucault, obra sobre la locura haciéndola lenguaje. Rivière es su editor-médico. La figura cartesiana de la razón más razonable. “Lo salva”, nos dice Abraham, lo salva tentándole con la trampa de la escritura: le obliga a escribir y Artaud escribe con una precisión y rigor de geómetra. Rivière, en cambio, carece de quien le salve. Su locura le venía del lado de la obsesión sexual. Tan sólo podía repetir las fantasías reprimidas. Imaginar al diablo con lencería. El aparente racionalista se convierte, mediante fricción, en un demente. Y el poeta loco por antonomasia, en un racionalista afiladísimo y preciso. Es éste, pues, un atípico libro de inversiones, en dónde la labor del pensamiento se muestra rápida y demoledora: sugiere ficciones y destruye lugares míticos. En definitiva, cortocircuita la desidia intelectual y obliga a adquirir la velocidad de esa sombra que persigue al pensamiento: la propia estupidez.
Joaquín Fortanet

LA ESENCIA DE LA RELIGIÓN
Ludwig Feuerbach
Trad. de Tomás Cuadrado
Páginas de espuma
Madrid, 2005
107 págs., 12 €

Ludwig Andreas Feuerbach nació en Landshut, en Baviera, en 1804. Estudió Teología en Heidelberg y Filosofía en Berlín, con Hegel, y, a pesar de no conseguir una cátedra desde la que propagar sus ideas y de vivir prácticamente retirado en Bruckberg primero y luego en Rechenberg, fue uno de los pensadores más leídos e influyentes de su época.
Máximo exponente de la “izquierda hegeliana”, su obra fue decisiva en la formación de Marx, especialmente del “primer Marx”, a pesar de que el autor de El Capital radicalizará al bávaro y, de algún modo –aunque no lo consiguiera del todo– intentará desembarazarse de él, como se intentó desembarazar de Hegel, “poniendo la dialéctica sobre sus pies”. Feuerbach fue, como viera Engels, el último representante de la “filosofía clásica alemana”, fue uno de los forjadores del materialismo moderno, un estudioso de la historia y de las religiones, y, sobre todo, fue un crítico inteligente y apasionado de éstas últimas. Con Feuerbach se produce en los estudios sobre teología un giro antropológico que ya no tendrá vuelta atrás. Es cierto que ya Descartes, Spinoza, Hume o Kant habían –voluntaria o involuntariamente– hecho tambalearse los cimientos de la religión, pero con Feuerbach el golpe ya es definitivo. Unos años más tarde Nietzsche tan sólo tendrá que levantar acta de defunción: Dios ha muerto. El hito fundamental de esa crítica fue La esencia del cristianismo, publicado en 1841, pero a ese análisis hay que sumar La esencia de la religión, de 1845, el texto que ahora –¡160 años después!– se edita en España por primera vez. Es esta una pequeña pieza en la que Feuerbach sustituye en su estudio al hombre –objeto de la obra previa– por la naturaleza. Es el principio de una tradición que abonarán etnólogos, antropólogos y filósofos en su explicación del fenómeno religioso; un conjunto de breves textos caracterizados por la fe en la razón y por la confianza en el progreso del género humano en su lucha contra la superstición. Ahora todo ello nos parece algo inactual y los análisis del autor se nos antojan de mero sentido común: poco menos que evidencias enturbiadas por ese espesísimo aroma hegeliano, lastradas por un excesivo antropocentrismo: “La divinidad de la naturaleza es con seguridad la base, el fundamento de la religión (y por cierto, de todas las religiones, incluida la cristiana) pero el fin último de la religión es la divinidad del hombre”. Pero no es así. Construir ese sentido común, hacer obvia esa evidencia, fue un trabajo arduo, complejo y exigente. La esencia de la religión es una pequeña muestra de ese esfuerzo por desenmascarar que “la esencia de los dioses no es otra cosa que la esencia del deseo”. El de uno de los clásicos del pensamiento occidental.

Antonio García Vila

Música

BIOGRAFIA DE LA TROVA
Luis Fernández Zaurín
Ediciones B
Barcelona, 2005
200 págs., 16 €

Biografía de la trova es el nuevo libro del escritor y periodista Luis Fernández Zaurín (Barcelona, 1964) y el primer análisis global y esmerado que de este género musical se hace.
Si cerca de tres años atrás, Fernández Zaurín nos sorprendió con una de las biografías de Camarón más sólidas, para cuya creación el autor se metió hasta la cocina de todos los familiares y amigos del mito en Puerto de Santa María, en esta ocasión se ha ido a La Habana y ha sometido a entrevistas a expertos y a extraños. Así, la obra recorre de punta a punta las resonancias de la Trova (sus letras, sus fuentes, su solera), desde su fundación a finales del siglo xviii –la composición y las versiones de la mítica “Bayamesa”, su íntima relación con Santiago de Cuba–, hasta las nuevas generaciones, así como algunos de sus derivados como el bolero, el changüí, el sucu-sucu o el menos conocido filin, un género muy interesante, cultivado por un grupo de creadores que, en la década de 1940, interpretan temas tradicionales conectados con las influencias sonoras de los nuevos tiempos, y que además es propiamente habanero, ya que nace en el Callejón de Hammel. Tampoco deja de lado la íntima relación que ha mantenido, desde siempre, la trova con el compromiso político y las batallas independentistas.
Nombres, datos, fechas, canciones rescatadas, fotografías... todo ello adereza este libro de lectura dinámica. Se redimen temas que son hoy en día piezas de orfebrería, como “Créeme” de Vicente Feliú (anécdotas incluidas), se dan a conocer nombres clave de la novísima trova (Karel García, Carlos Lage...), y se tiene en consideración a Frank Delgado, quizás el mejor y menos difundido compositor de la segunda generación de la nueva trova.
Por supuesto que no faltan los clásicos básicos: desde el maestro Sindo Garay a los eternos Silvio Rodríguez y Pablo Milanés. Pero quizá el mayor logro de esta biografía sea la inserción de nombres desconocidos que han cultivado la trova de forma menos tradicional y han penetrado en ella recostándose en el humor, en la música campesina o en canciones infantiles.
El aviso que Fernández Zaurín coloca en la introducción no es casual. El autor advierte que esta biografía no está escrita por un musicólogo, sino por un periodista, y nos atreveriamos a decir por un periodista enamorado de la música, quizás por ello, una vez leído, el libro también se aproxima a un ejercicio de fanatismo efervescente.

Eusebio Lahoz


HISTORIA DE UNA MUJER LAMADA MARGO GLANTZ


UNA NOVELA Y UN LIBRO DE ENSAYOS

La desnudez como naufragio
Margo Glantz
Iberoamericana, Madrid, 2005
222 págs., 18 €


Historia de una mujer que caminó
por la vida con zapatos de diseñador

Margo Glantz
Anagrama, Barcelona, 2005
129 págs., 15 €

Hay a quien la fama le precede. No es el caso de Margo Glant, pues sigue siendo en nuestro país, inmerecidamente, una semidesconocida, pese a que –como diría un castizo– a estas alturas tiene “todo el pescado vendido” (nació en 1930 en la ciudad de México). Su currículo es de vértigo: profesora emérita de la UNAM y visitante en las mejores universidades del mundo (Yale, Princenton, Londres, Siena, Río de Janeiro, Berlín...); ha obtenido en México los Premios Nacionales de las Artes y Literatura, así como otros galardones por sus novelas (el Magda Donato por Genealogías, 1981; el Xavier Villaurrutia por Síndrome de naufragios, 1984); fundadora de la revista Punto de Partida (1966); es miembro de número de la Academia de la Lengua mexicana (desde 1995 ocupa la silla que perteneció a José Gorostiza y Juan Rulfo) y ha escrito numerosos ensayos (La lengua en la mano, Sor Juana Inés de la Cruz, Placeres y saberes...) y novelas (Apariciones, Zona de derrumbe, Doscientas ballenas azules, El rastro...).
Este año se han editado en España dos obras de Margo Glantz que muestran su versatilidad –y maestría– en la escritura. En La desnudez como naufragio reelabora algunos temas ya ampliamente tratados en otros de sus ensayos. En la primera parte de la obra, “La conquista y el fracaso”, mediante seis apartados, puntea la figura de la conquista de América (La ciudad de México y Hernán Cortes; La malinche; Las Casas; Alvar Núñez Cabeza de Vaca...). En la segunda, “Sor Juana y otras monjas”, elucida la lógica del Virreinato desde la excepcional escritura de la ilustre religiosa. Ambas partes, bien informadas y mejor expresadas, en rigor, tratan de las vicisitudes del texto: una como testimonio del espacio y de la historia oficial; otra como jeroglífico de los sentimientos.
Quién no conociese la biografía de Margo Glantz pensaría al leer Historia de una mujer que caminó por la vida con zapatos de diseñador que su autora es una joven muy atenta a nuestra cotidianeidad, eventos, personajes públicos y logotipos. No se trata de una novela en sentido estricto, sino de once relatos (algunos de tan sólo una página) en torno a una misma protagonista: Nora García, especie de álter ego de Glantz, que también aparecía en su novela El rastro (semifinalista del premio Anagrama de 2002). Relatos de desigual calado y suerte. Relatos carnales: a través del cuerpo (sus emociones y sensaciones) de la protagonista se revela el mundo. Sin duda el más emocionante de ellos es el titulado “Palabras para una fábula”, donde Nora García (¿Margo Glantz?) afronta angustias e incertidumbres mientras espera el diagnóstico de la biopsia de un quiste hallado en uno de sus pechos. El resto de relatos está al servicio de ciertos sentimientos: la fascinación por los zapatos de lujo como compensación de una infancia de pobreza; la desilusión ante las expectativas de un amor que sólo amaga y, al cabo, frustra; el vínculo afectivo con los animales de compañía; las circunstancias e imponderables de un viaje de placer... La exaltación de esos sentimientos sirve de coartada para desplegar una exquisita estructura narrativa. Personalmente, he de decir que cuando leía los relatos estaba más fascinado por cómo los escribía (arquitectura y juegos formales del lenguaje, guiños a otros escritores, ritmo...) que por el contenido. Su buen oficio literario, su desparpajo y sutil humor, reconfortan al lector y salvan un texto que, a primera vista, puede parecer intrascendente.

Alberto Hernando

Literatura juvenil

EL PARQUE PROHIBIDO
Andrés Ibáñez
Carmen Puchol (il.)
Montena, Barcelona, 2005
291 págs., 12 €

Dónde está la frontera que separa la literatura juvenil de la literatura para adultos? ¿Cuáles son los límites formales o las coordenadas estilísticas propias y exclusivas de la literatura juvenil? O para ser más concretos con el caso que nos ocupa, perteneciendo ambas al mismo campo temático y recibiendo similar tratamiento estilístico, ¿por qué la anterior novela de Andrés Ibáñez, La sombra del pájaro lira (2003), salió publicada en la colección Biblioteca Breve de Seix Barral, cien por cien para adultos, y esta última, El parque prohibido, aparece en otra editorial y conlleva la promoción de un título para público juvenil?
En cualquier caso, no parece que Ibáñez haya tenido en cuenta dicha frontera (más allá de algunas frases dirigidas a los lectores –juveniles– al principio de la obra) a la hora de narrar esta historia. En El parque prohibido, de hecho, aparecen bien pronto detalles de un marcado realismo (el padre del protagonista no sólo está en paro sino que además es alcohólico y su esposa está dispuesta a echarlo de casa) de los que carecía su novela anterior. Sin embargo, los puntos de contacto entre ambas son mayores, como ya se ha dicho, que las diferencias. En este caso, el protagonista es Fridolín Bonpensant, un niño fascinado por el parque que preside el centro de su ciudad, Floria. El parque, custodiado a cal y canto por el ejército, encierra un secreto atrayente y atemorizador a partes iguales, del que no sabremos nada hasta que entren en escena los dignatarios de Lankara (un exótico país, trasunto de la India), el viejo Abraxas y el libro La regla del acechador. Dicho secreto, como es lógico, será lo que motive a Fridolín y a sus amigos a adentrarse en el parque, un lugar que es (en todos los sentidos) mucho más de lo que parece, en busca de algo que, estando fuera de ellos, también está en su interior.
Con esa curiosa mezcla de referencias que Andrés Ibáñez parece dominar tan bien (de Spielberg al monje vietnamita Thich Nhat Hanh; o sea, del entretenimiento espectacular a la espiritualidad budista), El parque prohibido vuelve a apuntar hacia un territorio al que viene dedicándole todos sus esfuerzos creativos desde el principio de su carrera: la búsqueda del verdadero yo. Los lectores adultos tal vez piensen al leerlo en caminos de iniciación; los lectores juveniles tal vez piensen en aventuras alucinantes. Pero sin duda a ambos lados de la frontera se sentirán igualmente reconfortados al pasar la última página y constatar una vez más que los sueños, los anhelos y los deseos (a todas las edades) están hechos de la misma materia misteriosa.

Juan Trejo


 
     
   
 
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