nº 130
octubre 2005
 
 
Debates
 

Tres poemas de
Reina María Rodríguez

DEJA VER SI VINO…

Deja ver si vino la libreta verde jaspeado musgo
con tapa de cartón,
algo donde espiar la algarabía del otro.

Dime Ismael, ¿por qué estoy triste?

Perdía los espejuelos pecosos,
perdí la esquina de San Rafael
tu mano parda.

Estoy en el lado este de las cosas
donde no hay metafísica o rumor
que apañe el gong que llama.
Una sombra entra al comedor
otra sale de mí.
El perro –monstruo alucinante
me apresa en su mordida sin rabia.
Depositada entre piel y diente
la saliva viscosa del mundo
me embarra la boca amarga del desinterés.

Dime Ismael, ¿por qué estoy triste?

Deja ver si vino la libreta verde,
tal vez me salve de la inmediatez
que al fin, me espanta.
La libreta verde de sobrevivir la ridícula
escasez de vivir.

¿A quién llamar Ismael
en estas “vacaciones en el mundo”
lejana a todo lo que sea
un círculo perpetuo e
imposible?

II
El poema se me pierde
el poema se disloca.
Estoy seca.
(Los exfoliantes de vivir me han secado.)
“Cremas para piel seca” venden ahí.
La vagina seca arde.
La palabra seca y lúcida arde. Relumbra mate.
¿Cómo desmontar al personaje de carrusel,
su impaciencia de proclamar cada ardid?
¿Cómo desmontar la palabra que se agarra y se sujeta
sin un fin, la palabra no dicha,
la ardilla que se esconde de mis ojos
y escapa?
La niña busca dentro de la maleta
una libreta verde, la subasta de un porvenir
que ya es pasado.
La plastilina para modelar las cosas
del entretiempo.

El mundo está de vacaciones en el mundo,
Ismael.
Sale un poema portátil.
O ni siquiera sale.

 

FRICANDEL

Busco como si fueran joyas,
como si fueran amuletos o ilusiones…
los mandados, las palabras.
Me esclavizan y doblegan.
Granos
Vegetales
Leche
Huevos
Pescado
¿Carnes?
No había hígado ni pollo.
Sólo, pasta de oca
corazón de pollo
molleja (pescuezo) perro sin tripa,
corazón extendido
y doliente.

Cuando llegó Amelio con la noticia que le dio su
madre:
–Y ¿dónde consiguió ese bistec? –le pregunto,
ilusionada.
–Pues, en la toronja –me responde con sonrisa
infantil–,
entre la masa acolchada de la toronja.
En el torrente esponjoso de la fruta ácida,
con la corteza de desear
algo caliente.
“Se adoba y queda igualitico”–dice el poeta y guarda
su toronja,
confiado.

°Bistec de toronja! –exclamo.
¿Poema de papa? –pienso.

 

SENO Y COSENO

Nunca aprobaré las matemáticas
(su retórica)
la posibilidad del cálculo.
Tengo los senos plásticos,
se hinchan
ya no dan nada,
de mamar o de arder.
Siento la tirante pedantez
de lomo que se cansa de resistir
bajo el escote,
junto al gris ceninciento de una solapa
precavida, por atrevida.
“No tardaré nada…”
“No estarás obligada…”
Sus puntas se estremecen cuando los acaricio
contra la crema Ging Sen de pomo negro
(la crema que me estafa).

“¿No los has visto?”
Siguen redondos, puntiagudos, tibios,
como si tuvieran ganas
como si tuvieran savia
como si tuvieran ánima.
Nunca aprobaré las matemáticas…
Se caerán los tirantes
y bajarán mis senos desde el corazón
hasta las nalgas,
contra el ombligo tenso de la putrefacción.
Los sostendré con lo que pueda
–con pujilatos, con metáforas.
“Para la flaccidez no existen metáforas”–dices.

“No pongas tu boca, no acerques la garganta”.
Están secos mis senos (sus cosenos) mis ganas
de amamantar a un hombre con la punta del lápiz.


REINa maría rodríguez (La Habana, 1952). En 1980 gana el concurso UNEAC con Cuando una mujer no duerme. Ha sido galardonada en dos ocasiones con el Premio Casa de las Américas por sus poemarios: Para un cordero blanco (1984) y La foto del invernadero (1998); con el Premio de la Crítica (Cuba) por En la arena de Padua (1992) y Páramos (1995) y el premio de la revista Plural (México, 1992), entre otros. En 1999 obtuvo la Orden de Artes y Letras de Francia, con grado de “Caballero”. Los poemas que publicamos pertenecen a su libro Bosque Negro (Ediciones Extramuros. Cuba, 2005) y fueron cedidos gracias a la gestión de la crítica Marcela Restom. La obra poética de Reina María Rodríguez está todavía inédita en España.

     
   
 
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