nº 131
noviembre 2005
 
 
Debates
 

BAGDAD RAP

Dirección y producción:
Arturo Cisneros; Guión: Santiago Alba Rico, Mikel Larramendi, Arturo Cisneros. España, 2004; Música: Frank T., Ari, Zenit, Selektah Kolektiboa, Case 0, Sr. Rojo, Mikel Salas, Borja Alexandre, Guillaume Marsan; So.: Mikel Salas Estudios; Ed.: Aritz Gorostiaga; Prod.: Arturo Cisneros, Dimas Lasterra; Formato: 35mm,color, 1:1,85; V.O.S.; www.bagdadrap.com/bagdad.html

No es el título de una canción Hip Hop sino del último documental de Arturo Cisneros. Cinco días antes de que las fuerzas armadas norteamericanas bombardearan Bagdad, este cineasta acompañó a un grupo de brigadistas internacionales y grabó lo que pasaba. El resultado es este singular documental que a través de fotografías, documentos, entrevistas y grabaciones, consigue estremecer a la vez que deslumbrar al espectador. La banda sonora está compuesta por temas de diferentes raperos y no es casual la elección de este tipo de música. El rap, canción protesta de la actualidad, se basa en la fuerza de su ritmo y de sus letras hechas desde la marginalidad y la desesperanza. También el documental Bagdad Rap parte de una situación desesperada: un pueblo que está a punto de ser masacrado por el ejército más poderoso del mundo y que sigue haciendo su vida convencido –con una ingenuidad casi pueril– de que la victoria será suya porque ellos no han hecho nada, como si eso tuviera importancia… Y en una secuencia del documental una brigadista dice: “La palabra Bagdad era la dignidad sobre la tierra”.
Utilizando el collage o la sobreimpresión de fragmentos de textos en las imágenes, se obliga al público a hacer el esfuerzo de leer, de observar y no “solamente ver”, dejándole un espacio para asimilar lo que está viendo.
Tal vez cuando se habla del uranio empobrecido se pierde un poco el hilo argumental, pero a pesar de ello, Bagdad Rap es un documental sincero que muestra y demuestra con respeto y sin caer en el morbo.
Más allá de Irak, o precisamente a través de este ejemplo, este documental ganador del premio al “Mejor Documental Internacional” en Nueva York y del “Barrilete de Oro al Mejor Documental” en Buenos Aires, expresa lo absurdo de la guerra, el dolor, los daños colaterales que las poblaciones civiles siguen arrastrando año tras año. Y es que como dicen en la película: “El mundo es cuadrado, todo cuadra, los occidentales pierden el alma mientras los otros pierden la vida”.
María EugÈnia Conill

APAGA Y VÁMONOS

Dirección: Manel Mayol, España, 2005; Guión.: Clément Darrasse y Manel Mayol; Fotogr.: Sergio Amstrong; So.: Alfonso Segura; Música: Delfí Ramirez; Ed.: Christian Fuma; Animación: Fleur Noguera; Prod.: Esteban Bernatas; Formato: Color, 35mm, sonido DOLBY Digital; V.O.S.: Español y mapudungun, 87 min. Andoliado Producciones. www.apagayvamonos.net

Una familia indígena malvive junto a sus animales en una casa prefabricada en medio de un gélido paisaje, después de la relocalización efectuada por la compañía española Endesa que prometió indemnizarles y otorgarles una vivienda digna a cambio del permiso para construir la central hidroeléctrica en su territorio natal, las orillas del ancestral río Biobío.
Desde dicho intercambio han pasado tres años en los que ellos han tenido que sobrevivir sin luz eléctrica y hasta han tenido que fabricarse parafina para poder alumbrar con velas sus escasos enseres: esto se narra en la secuencia del documental que mejor ilustra el resultado cotidiano de ese fatal trueque de tierra por casa nueva, lo más parecido a la leyenda de la tribu precolombina que intercambió todo su oro por un trozo de espejo traído de Europa. Esta historia de Manel Mayol posee la misma y nefasta implicación social que hace cinco siglos: miseria, injusticia y problemática racial, y bien podría constituir un remake de la colonización española de América Latina.
Con un equilibrado guión y un impecable trabajo estético, Apaga y Vámonos enfoca a un pueblo que ha sufrido diversos agravios externos, al tiempo que deja al descubierto el proceso de “blanqueamiento” político y social que ha sufrido Chile. A la vez que sostiene su denuncia por medio de testimonios como los del abogado Celedón, el diputado Navarro, el periodista Cayuqueo y el dirigente Antileo, todos ellos comparten una descarnada visión de los hechos y la búsqueda de una conciencia histórica.
Además de tener la osadía de realizar entrevistas clandestinas, como la de la dirigente indígena Mireya Figueroa, Mayol se vale de la sátira más elocuente al mostrarnos a los funcionarios de Endesa, Rodolfo Martín Villa o a José Agustín Figueroa, como los señores feudales del siglo xxi. Finalmente, hay que agradecerle al guión no darnos ninguna aspirina narrativa que nos salve de esta realidad, sino que nos deje allí: flotando en el agua, como las casas de los mapuches despojados de su propia herencia.
Marcela Restom

TIERRA NEGRA

Dirección y guión: Ricardo Iscar. España, 2004. Fotogr.: Diego Dussuel. So.: Amanda Villavieja. Ed.: Nuria Ezquerra; Prod.: Pablo Llorca con la participación de Canal Plus y WDR. Formato: 35mm, color; V.O.S.: Español con subtítulos en Inglés. 92min. Contacto: ricardoiscar@upf.edu

El film comienza con una sensación de claustrofobia que, in medias res, poco a poco se va apode-rando del espectador, quien por momentos convive con aquello que está apunto de estallar dentro de la mina, con los personajes que se mueven en un espacio tan reducido y quienes dan la espalda a la cámara o son captados desde ángulos inauditos, pero cuyas vivencias y recuerdos son el eje de la trama. Estos personajes parecen sacados de Germinal, la novela naturalista de …mile Zola, cuyo trabajo en las entrañas de la tierra ha pasado desde hace dos siglos al terreno de historias, de sueños y pesadillas. Al respecto, hace un par de años, el escritor asturiano Delmiro Coto, que recopiló diversos textos literarios en los que aparecía la temática minera, profetizó que con el cierre de las minas en España se alimentaría el territorio de la nostalgia y que de ahí vendrían “grandes obras mineras”. Obras que, sin ir más lejos, pueden ser fruto del documental, ya que las mínimas condiciones laborales y vitales de los mineros son un material tangible de denuncia social y de historia en común. Muestra de ello es Tierra negra que nace de la idea de evidenciar el arriesgado trabajo de los mineros, sus miedos y experiencias. Igualmente, en otros lugares como en Bolivia se ha mostrado un interés por capturar la vida en las minas y la explotación infantil como en: Los mineros del diablo de Richard Ladkani y Kief Davidson (Estados Unidos-Alemania, 2005), un trabajo premiado, que pone en evidencia la situación por la que atraviesan cerca de 800 niños que trabajan en las minas de Potosí. En Tierra negra, filmada durante un largo periodo en el valle minero leonés de Lumajo, los personajes son hombres de carne y hueso que pertenecen al pasado minero de la región y a su frágil presente. Tan frágil que es más que probable que este niño lugareño de nombre Miguelín, quien se muere de ganas de seguir los pasos de su gran amigo minero, ya no podrá ejercer esta profesión tan ancestral como peligrosa. Es este niño quien hace palpar levemente al espectador todo este mundo de leyendas o historias subterráneas que pueden resonar en la esencia misteriosa de la mina, y ahondar en el origen de una industria que los hizo llamarse “pioneros”, y que para mi gusto se hubieran podido explotar mucho más en la pantalla. Es una lástima que Tierra negra solamente haya sido vista en Barcelona en la estela de los estrenos de verano y en sesión golfa –quizá tenga más suerte en el resto de España–, y para más inri no está propuesto para ningún festival ni dentro ni fuera del país, con la pequeña excepción del Dokufilm-Festival en Nyon (Suiza). Hecho que demuestra que todavía hacen falta tanto productores como distribuidores más comprometidos.

Marcela Restom

     
   
 
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