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junio 2000
Nº 66

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el espejo de la crítica

Rafael Sánchez Ferlosio y 'El alma y la vergüenza'


Rafael Sánchez Ferlosio (Roma, 1927) ­aquel antiguo fabulador de Industrias y andanzas de Alfanhuí (1951) o El Jarama (1956)­ decidió hace unos meses entregar a sus fieles críticos el volumen El alma y la vergüenza (Destino). El libro reúne la totalidad de ensayos y artículos que este gramático anclado en el Ancien Régime (según propia definición) elaboró entre 1992 y 1999. Arremeter contra la pereza mental generalizada, el descuido gramatical o la excesiva corrección política son algunos de los rasgos distintivos de este belicoso intelectual. Sin embargo, y pese al unánime reconocimiento crítico, los enanos subidos a espaldas de tamaño gigante no desaprovecharon la ocasión de seguir los pasos en falso del maestro Ferlosio. "Ganaría si abandonara esa tendencia a ponerse estupendo" o "aires eruditos que nada aportan" son ejemplo de los juicios que sazonan el tono elogioso del conjunto.


Rafael Conte
ABC

A estas alturas, uno ya no sabe a qué carta quedarse con Rafael Sánchez Ferlosio, con sus libros que cada vez son menos o con sus restos que siguen dando testimonio de un escritor que se niega a seguir siéndolo, pues hasta aquí mismo se autodefine como un "ex literato" y se queda tan tranquilo. Hace ya mucho tiempo, más de cuarenta años, que Sánchez Ferlosio abandonó lo que llamamos "literatura", pensando que se trataba de una trampa mortal que le desviaba del que pensaba ser el recto camino que a su través se había trazado: la búsqueda de la verdad [...].

Sánchez Ferlosio tiene sus bichas universales, como Walt Disney sobre todo, el liberalismo capitalista, la televisión, la publicidad, la ética (prefiere y le contrapone la "moral" ­que hay que separar siempre del "derecho"­, así como hablar de "principios" y nunca de "valores") y no deja de atacar figuras de lo más respetable, de Ortega y Gasset a Julián Marías,del Papa a Karl Popper, Menéndez Pidal o Savater, Gala, Hermida o Rosa Conde, Felipe González, o hasta Lázaro Carreter o García Lorca [...]. Pero todo esto me parece accidental, como que retrase la entrada en el siglo xxi hasta el uno de enero del 2002, donde tampoco le acompaño. Pero [lo fundamental de este libro es que afirma que] la Cultura es absolutista, se reduce a simple propaganda, la educación es acultural y socializante y su comadrona es la vergüenza, la identidad es simple y pura ideología, la alta retórica un burdel y al final manda la publicidad [...]. Y al declararse "irrecuperablemente del Ancien Régime", prefiere pasear con Santo Tomás de Aquino, considerar que la abolición de Dios no ha dado los frutos esperados, y que es el hombre el verdadero redentor

de Dios.

N.B.­ Y no busquen la palabra "trofaláctico" en ningún diccionario, quizá quiera decir autoalimentarse de su propia leche, no viene ni en el de la Academia ni en el María Moliner, ni en el más reciente de Manuel Seco, que tampoco trae "maguer", que es lo más clásico y tradicional, aunque quizás no tan "actual" como sus autores preconizan, pues no citan ni una sola vez a Sánchez Ferlosio entre sus autoridades, un caso.

 

Santos Sanz Villanueva
El Cultural

Me pregunto qué diría el profesor a un alumno que escribiera lo siguiente: "Con lo que quiero decir que lo que pienso que pudo pasar es algo semejante a lo que más arriba he supuesto que" podría haber pasado. Esta frase no la tomo de un ejercicio escolar sino de un artículo de Rafael Sánchez Ferlosio [...]. Uno sospecha que cambiaría el bíblico plato de lentejas por una de esas oraciones complejas que visten un discurso feliz [...]. Su capacidad de provocación justifica un empeño desmitificador volcado en una prosa culta, pero salpicada de frases hechas, y en ocasiones laberíntica. [...]

Un rasgo de sus textos es un despectivo puntillismo que ignora aquello de la viga en el ojo propio. Ferlosio arremete en un sitio contra la manía clasificatoria en el estudio del saber, pero en otro hace una clasificación porque, dice, "es ya un paso de la reflexión": lo que no vale para los garcíadelaconchas tampoco debiera valer para los ferlosios. [...] Una buena prosa tolera mal que en 15 líneas de un sólo párrafo (pág. 439-440) se acumulen estas asonanacias: deprimente, realmente, presidente (dos veces), componentes, latentes, igualmente, enteramente. Ganaría Ferlosio si abandonara esa tendencia a ponerse estupendo.

 

Javier Rodríguez Fernández
Diario de Cádiz

Si sólo el afán de novedades justificase la publicación de un libro, no habría razón alguna para haber dado a las prensas El alma y la vergüenza. [...] Por fortuna, hay editoriales que no acaban de resignarse al dictado publicitario de lo nuevo [...].

Así, se hable de lo que se hable el caso es ponerse a resguardo de las emboscadas metafísicas a que tiende la gramática. [...] En estas condiciones uno no tiene ya por qué temer internarse en terrenos rebaladizos, cometer errores mayúsculos ni decir enormes disparates, con tal de tener la gallardía de dar la cara llegado el caso. Aunque se la partan [...]. Decir la palabra justa requiere esa seriedad y complejidad que muchos han podido confundir con malas pulgas y otros han llegado a tildar de elitista. [...] Ferlosio tal vez sea de los pocos que aún llevan a gusto la obligación de explicar lo que pasa en la calle (o bueno, para el que lo prefiera, "los eventos consuetudinarios que acontecen en la rúa"). Y no ha sido sin reticencias por su parte. De hecho, quizás haya un tanto de desconsuelo en esa manera suya de autobiografiarse como "plumífero"; o quizás sea su manera de marcar las diferencias con tanto columnista como a diario se vale de los media para decir lo que se le ocurre; eso sí, siempre con idéntico número de palabras.

 

Ximo Brotons
Lateral

Según informaba la prensa, durante el último Desfile del Amor que a ritmo de música tecno congregaba cada verano a miles de personas en Berlín, se vio un cartel en el que se podía leer algo más o menos de este cariz: "Adorno no estaría aquí". Si semejante anécdota sirve provisionalmente para situarnos, parece que Ferlosio, desde luego, tampoco estaría allí [...] tantas son las flechas que contra la publicidad y el marketing, el patriotismo y el deporte, el supuesto hedonismo y la rentabilidad, o, en fin, la estulticia reinante y permitida lanza el veterano piel roja de las letras españolas [...].

Aunque Ferlosio se declare una y otra vez anclado en el Ancien Régime, esa pasión que palpita en todas las páginas del libro es deudora del ilustrado lema kantiano Sapere Aude! Ten el valor de utilizar tu propia razón, que justamente dio fin o quiso dar fin a dicho régimen. Sólo que Ferlosio se cuida mucho, aunque no siempre lo consiga, de resultar edificante, y más bien prefiera derribarlo todo, impecablemente vestido de empresario de demoliciones.

[...] Ferlosio, y con nosotros él, pelea aquí "hasta ser un homocida" (como dice la canción de Loquillo), porque ese irrenunciable pozo, aun viéndose zarandeado inmisericordemente por el péndulo de todo lo horroroso, lo fatídico, lo doloroso, lo tristísimo, lo desolador, lo tenebroso, lo desagradable es, me atrevo a decir, nuestro único triunfo posible frente a la bestia que, lo estamos viendo ya en toda Europa, vuelve a desperezarse sin complejos.

 

Ignacio Echevarría
El País

A quienes todavía lamentan el imprevisible paso de Sánchez Ferlosio desde las páginas de este periódico a las de "nuestro siempre querido, benemérito, inefable, impepinable e incombustible diario monárquico de la mañana", según él mismo lo ha motejado recurrentemente, ha de procurarle algún consuelo encontrar en este volumen, añadidos a media docena de indispensables ensayos y conferencias, hasta 23 artículos publicados por Ferlosio en El País entre 1992 y 1998 más tres aparecidos ya en el Abc, a los que se suman otros tres textos inéditos, dos de ellos muy extensos.

Estos últimos, por ciero, son minuciosas disquisiciones lingüísticas que confirman, una vez más, el genio gramático de Ferlosio (capaz de enmendar la plana al mismísimo Lázaro Carreter) y por mucho que éste los ofrezca a modo de "diversiones", en rigor constituyen la novedad mayor del libro [...].

Con esta pasión enunciativa se corresponde y aliña un exacerbado prurito de propiedad que mueve a Ferlosio a intervenir en determinados debates con ánimo exclusivo de corregir errores de procedimiento. [...]

Algo asoma de eso en algunas tiradas ferlosianas especialmente encandiladas en su propio discurrir, que excitan en el lector el placer de admirar tamaña maestría estilística.

 

Juan Ángel Juristo
La Razón

Que la presencia de Rafael Sánchez Ferlosio en la prensa dignifica el artículo de opinión está fuera de toda duda: en realidad ha introducido la reflexión en un género periodístico donde solamente se hallaba, y esto a duras penas, el gesto, por no hablar ya de postura, ante determinados temas. [...] Ferlosio ha desbaratado, aunque sólo fuese con el tono con el que se enfrenta a la cosa, tamaña mistificación. De ahí las expectativas [...].

Pero esto lleva a que acontezca precisamente lo que se quiere combatir. Causa cierto asombro comprobar cómo Sánchez Ferlosio es capaz de apabullar, a veces con ciertos aires eruditos que no ayudan nada a esclarecer el asunto [...]. Este afán de apabullamiento en algunos casos está dirigido a cuestiones casi banales, o me atrevo a decir que ese afán banaliza aún más [...].

Es en estos ensayos donde se muestra el talento de Sánchez Ferlosio, no en las farragosas disquisiciones con un tal Jay Gould, de Harvard, sobre si el Tercer Milenio empieza en el año 2001 o no, en cuanto la cosa se resuelve en dos líneas, o los tirones de orejas a Savater o a Muñoz Molina a propósito de las posturas adoptadas frente a prohibir o no un anuncio de televisión. Y esto no lo digo porque considere que Sánchez Ferlosio no debiera bajar a elucidar tan bajos temas. Bien al contrario, y precisamente por ello, considero que el tono que adopta es el menos indicado, por aquello que decía Adorno de que la exhoratción a la honradez intelectual puede terminar en el sabotaje de las ideas.

Rafael Sánchez Ferlosio, El alma y la vergüenza, Destino, Barcelona, 1999, 489 págs., 2900 ptas.