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octubre 2001
Nº 94

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El espejo de la crítica

Juan José Millás y 'Dos Mujeres en Praga'

Ignacio Soldevila Durante
ABC

La red narrativa con la que Millás acaba de obtener el último Premio Primavera está tejida con una habilísima mezcla de hilos de ficción y de realidad en la que el lector se ve instantáneamente envuelto, y por la que va a ser sometido a una recia y estimulante sesión de ducha escocesa en la que se alternan ficción y realidad, con inevitables pasajes de fusión entre ambas, de la misma manera que en la ducha escocesa se pasa por momentos de tibieza entre los extremos del frío y del calor. Y el lector tiene la impresión de que a esa misma alternancia de estímulos ha sido sometido el propio autor, que se ha visto arrastrado por un cabo suelto del que tiró sin prevenciones hasta verse sorprendido por una malla hecha de coincidencias y convergencias asombrosas y bien trabadas entre sí, como si lo que parecían azares dispersos constituyeran finalmente un prefijado destino. []

Así, de sorpresa en desencanto, de pista en despiste, esta novela de Millás es, por su trama, casi una novela de detectives, aunque no haya crímenes ni delitos mayores, por la que el lector, cualquier lector, anda cambiando de rumbo y de singladura a medida que las supuestas verdades se transmutan en afirmadas mentiras y los datos ciertos en fantasías por una cadena sin fin de sorpresas y decepciones, hasta tener la sensación de estar perdido en un laberinto.

 

Rafael Conte
Babelia

Ya no hay grandes sorpresas en la consolidada obra narrativa de Juan José Millás, autor que goza hoy no tan sólo del aprecio de la crítica, sino de la masiva aceptación del público también. Su éxito se ha apoyado sin embargo no tanto en su obra estrictamente novelesca, sino en su evidente éxito como articulista, que al parecer le ha resultado algo mucho más fulminante. []

El actual Premio Primavera concedido a esta misma novela que provoca estas líneas, que me parece una de las mejores y de la que lo único que no me gusta del todo es su título, eso de Dos mujeres en Praga que me parece una concesión comercial a la feminización del mercado y la utilización gratuita de referentes literarios mucho más graves. []

Aquí se utiliza su lema principal, la confusión entre la verdad (del periodismo) y la ficción de la literatura (ya invención antigua pues data de Cocteau), que al ser lo mismo lo mezcla todo: lo literario con la vida, la novela con la biografía, la literatura con la terapéutica y los talleres literarios con la psiquiatría: Faulkner (lo del cuento repleto de ruido y furor) a la basura pues toda la vida es un cuento que vale la pena contar.

Santos Sanz Villanueva
El Cultural

La progresiva complejidad de la trama dificulta dar noticia sintética de un argumento a la vez sencillo y enrevesado, y me limitaré a destacar que los sucesos, distorsionados por un múltiple juego de espejos, desembocan en uno de los asuntos medulares de toda narrativa de Millás, el problema de la identidad. []

El sustrato costumbrista tiene un valor engañoso: al autor le importa poco el aquí y el ahora porque sus desvelos se centran en nuestra precaria condición existencial.

El ingenio, la paradoja, la ocurrencia sorprendente, el retruécano, el humor constituyen algunos de los recursos de una historia construida con pericia formal. La novela produce una visión del mundo desasosegante y caótica. En su balance definitivo, no se libra, sin embargo, de un aire de superficialidad que resta fuerza a su corrosiva mirada. La hondura que pide la inconsistencia de la irrealidad recreada se disuelve en juegos y artificiosidades. Un algo frívolo diluye un fondo bastante nihilista, le resta credibilidad y termina por no parecer del todo auténtico.

 

Joaquín Fortanet
Lateral

Para hacer verosímil el destino extraño y ajeno de los personajes, Millás echa mano de una serie de juegos retóricos donde los fantasmas de cada personaje se entremezclan y retornan en un continuo replegamiento de la trama narrativa. El pasado, la falta de perspectivas, el tedio y la inutilidad de los personajes se arremolinan provocando finalmente que el narrador ­con el que vagamente se identifica Millás­ escriba la novela. []

Lo mejor del libro es la habilidad retórica de Millás para justificar la equidistancia entre ficción y realidad, las coincidencias inverosímiles, los solapamientos de los personajes. El estilo periodístico y sobrio de Millás sin ninguna duda, ayuda.

Quizás sobren algunos achaques teóricos sobre el mundo de la literatura, enquistados de una manera un tanto gratuita: "Solo existen dos escrituras: la del bastardo y la del legítimo" (pág. 112); así como varios fogonazos demasiado literarios: "Como los árboles cuando se retira la niebla" (pág. 115), que chocan con el pulso sobrio del libro.

 

Elena Hevia
El Periódico

Nadie más preocupado por las palabras que este escritor que las mima y seduce hasta hallar ese hueco de silencio que se esconde tras ellas. Juan José Millás (Valencia, 1964) tiene la cualidad de mirar el mundo como si se tratase de la primera vez y lo nombra con esas palabras llenas, que al trasluz se perciben vacías y silenciosas. Con ellas el autor ha explorado territorios parecidos a los de la realidad pero sutilmente extraños, como en el especular país de Alicia.

Ya desde Cerbero son las sombras (1974), Millás trasmitía ese sutil extrañamiento de la cotidianidad que atrapa al lector como una tela de araña a la vez insidiosa y seductora. Lo hizo en La soledad era esto, El desorden de tu nombre, Tonto, muerto, bastardo e invisible, El orden alfabético, y No mires debajo de la cama. En todas ellas demostró ser un fascinante demiurgo de la realidad. De ésta que conocemos y de la otra que intuimos.

 

Juan A. Masoliver Ródenas
La Vanguardia

Luz Acaso, la protagonista, es el motor. Ella relatará una historia que nos mantendrá en vilo: a sus oyentes en la ficción, hombres fascinados, obsesionados por sus palabras, y a los lectores que sospechan que el relato no es más que una máscara que esconde otra cosa. ¿Qué cosa? No es caso de revelarlo aquí. Sólo adelantar que el autor le ha robado el mecanismo a Rubik.

Juan José Millás ha ido creando un universo único centrado en el enfrentamiento entre el orden y el desorden, la lógica y el absurdo, el mundo interior y el exterior, las manifestaciones somáticas, el fetichismo, las prótesis, la escritura como dolencia, desasosiego o remordimiento, el enfrentamiento entre realidad e imaginación, el desdoblamiento, la fragmentación, la amputación de los seres queridos, personajes del mundo exterior que recorren siempre las mismas calles del mismo barrio madrileño y que viven encerrados en un universo mental poblado de fantasmas. []

Las sugerencias son infinitas y nos adentramos en ellas a través de los encuentros y desencuentros, de los distintos textos y de los fetiches: el pezón, el vouyerismo, la atracción por las prostitutas, los tatuajes, los zapatos y el móvil como un sexo artificial. Todo tiene algo no de artificial, sino de artificio: asistimos a la creación de la creación de la novela que no es sino el espacio en el que contemplamos nuestras vidas. Vidas enriquecidas por lo que tienen de absurdos.