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octubre 2001
Nº 94

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estantería

NARRATIVA HISPÁNICA

 

CUENTOS PERVERSOS
Javier Tomeo
Anagrama, Barcelona, 2002
148 págs., 9,50 €

Javier Tomeo (Quicena, Huesca, 1935) ha escrito decenas de libros, sin embargo la crítica literaria de uno solo bastaría para reseñarlos todos. Cuentos perversos no es una excepción. Se trata de treinta y nueve breves relatos, algunos brevísimos, en los que el lector encontrará ni más ni menos que lo que espera encontrar, puro hechizo literario. Porque pese a saber de antemano lo que vamos a leer, el autor de La patria de las hormigas siempre sorprende. Esa es la grandeza de su talento.

Sobriedad y precisión narrativas, sumadas a su particular sentido del humor, más cerca del gris que del negro. Sagacidad y socarronería, ferocidad implícita, mordacidad, aspereza y una pasión perversa por lo grotesco y lo absurdo, son ingredientes comunes en sus historias, con sus personajes obsesivos y solitarios y sus diálogos, tan inverosímiles como la vida misma, con toda su crudeza.

"Dígame cuáles son los motivos que tiene usted para continuar vivo", le pregunta un personaje a otro mientras acaricia la empuñadora de su puñal en "El asesino". "Tengo una novia francesa", le contesta. En otro una muñeca hinchable abandona a un pobre infeliz: "Lo nuestro fue, sobre todo, un dulce monólogo", ¡un monólogo en el que hablaba ella! Personajes asimétricos pueblan el mundo de ficción de Javier Tomeo, como el hombre con un ojo verde y otro rojo, al que un tercer ojo ámbar le bastaría para ser un hombre semáforo; otros a los que el testículo derecho les cuelga un poquito más que el izquierdo, e incluso otros que tienen tres.

Un relato tras otro hasta la perturbación. Dos nietecitas sonrosadas de purísima mirada piden a su abuelo un cuento de princesas subnormales. Un hombre con dos cabezas se queja de la necesidad de disponer de cuatro ojos y cuatro orejas en una ciudad donde no abundan las mujeres hermosas. Un pequeño gusano enroscado a su hembra follando a perpetuidad es el causante de una extraña dolencia: tos, silbidos y bostezos en las gallinas.

Tomeo ha sabido hacerse con una voz narrativa absolutamente singular. Su estilo es tan austero y nítido que lo hace parecer fácil, como los goles de Kluivert o los regates de Zinedine Zidane. Cuentos perversos no es más que una nueva prueba de todo ello.
Carles Vilches

 

EL PARAÍSO QUE FUIMOS
Rosa Beltrán
Seix Barral, Barcelona, 2002
251 págs., 16 €

La protagonista de El paraíso que fuimos "no deseaba otra cosa que tener un porvenir y una familia común del modo en que lo eran las personas normales". Este es el drama de Encarnación, un ama de casa que, como tantas otras, sólo aspira a formar una familia normal y tiene que contentarse con un marido que nunca está, un primogénito trastornado, una hija ninfómana, otra con aspiraciones de perfecta casada y un cuarto dominado por el snobismo y la frivolidad.

En esta segunda novela, Rosa Beltrán confirma su mejor narrativa con la agilidad y la fina ironía con la que desmenuza cada uno de los pequeños dramas cotidianos de una familia mexicana tradicional. Encarnación los sobrelleva en un descarnado viaje por los más diversos estados de conciencia y juicio: la beatería, el puritanismo, la depresión, la bulimia, la apatía, el esoterismo, el alcoholismo, los renacimientos internos varios... Pero, afortunadamente, el narrador no se limita a la visión victimista de la "pobrecita madre de familia harta", sino que amplía el campo de visión y recorre la conciencia de todos y cada uno de los personajes. Así, accedemos una por una a la versión que cada miembro de la familia tiene de los mismos sucesos, lo que arroja el resultado de una novela (casi) coral.

La autora da una vuelta de tuerca a la tópica religiosidad mexicana y la coloca en el origen de muchos conflictos maritales y de la enfermedad mental de Tobías, un iluminado que cree captar lo que los demás no ven porque es astigmático y "ve de más". No deja de ser cómico que este aprendiz de santo lleve el nombre del representante bíblico del perfecto hogar cristiano [Tob 1-14], justo en el seno de una familia cada vez más dividida: "Sólo Dios sabe para qué te puse un nombre de profeta", se lamenta la madre.

El paraíso que fuimos es la crónica tragicómica de una familia corriente dominada por la maravillosa mediocridad de la vida familiar: "¿Serán así todas las familias? Piensa él, piensa ella, piensan todos a su pesar."¿Quién no lo ha pensado alguna vez?
Ana Lorén Blasco

 

APUNTES DEL NATURAL
Gonzalo Calcedo
Páginas de Espuma, Madrid, 2002
125 págs., 11,50 €

Gonzalo Calcedo es un autor de relatos avalado, además de por sus cuatro libros publicados, por haber ganado en dos ocasiones el Premio NH (una al mejor libro inédito de relatos y otra al mejor relato presentado en solitario) y por haberse alzado con el Premio Alfonso Groso al mejor libro de relatos. Decir eso de un autor, delimita un poco el terreno del juego en el que nos estamos moviendo, ya que, si bien el relato corto, como género, goza de un inmejorable prestigio (pocos son los autores que no se acercan en algún momento de sus carreras literarias al mismo), dicho prestigio no se ve correspondido por una decidida apuesta editorial. Páginas de Espuma, editorial joven, puede decirse que es una de las pocas que lo hace, y a ella le debemos, en parte, la reivindicación del mismo.

A partir de anécdotas aparentemente triviales (una discusión matrimonial que deriva en un engaño ficticio con un hombre manco, la muerte de un obrero en un accidente laboral, la angustiosa espera en la cola de una farmacia para comprar medicinas...), Calcedo desgaja la realidad y nos la muestra desnuda, libre de ataduras, aséptica aunque no por ello plena de sensibilidad y hermosura. Estamos ante un autor de relatos breves, que no es lo mismo que un escritor que escribe relatos breves. Se aprecia en los comienzos de todos y cada uno de los relatos que componen este volumen. Calcedo domina el terreno de juego del relato con la maestría de los grandes (Carver, Cortázar...). En "Veinte años de casado", por ejemplo, en apenas ocho líneas delimita el perfil del narrador y protagonista, su profesión y su estado de ánimo, consecuencia de su matrimonio con una mujer prematuramente envejecida. No necesita más adjetivos para contar las experiencias vitales de un instante de sus protagonistas. Y es ahí precisamente donde radica su éxito: en la condensación. Los protagonistas de Apuntes del natural son seres anónimos con vidas sombrías, casi vacías, que no hacen sino buscarse a sí mismos en la inmensidad de sus soledades. La díscola hija que se entretiene llamando por teléfono a las familias de aquellos que han perdido un ser querido preguntando por ellos, el quehacer diario en el patio de la cárcel de un insulso hombre de negocios engañado por su socio, esposas hastiadas de sus maridos, hombres aburridos de sus mujeres... En definitiva, una cromática fauna que navega envuelta en sus propias frustraciones en busca de una última oportunidad.
José Luís García Fernández

 

El BIEN
Jorge Consiglio
Opera Prima, Madrid, 2002
155 págs. 13 €

El Bien, ganadora del IV premio Opera Prima, es la primera novela de Jorge Consiglio, autor argentino que llega a la novela desde la poesía. Esta herencia poética brinda a su escritura un estilo sutil y certero. Si a la precisión de escritura ("La ciudad parecía querer guardar su espacio en el pecho de los hombres"), se le suman una estructura bien armada de novela negra y unos personajes que habitan un mismo mundo sombrío y extraño, podríamos creer que estamos ante una buena novela de género (no en vano Consiglio fue finalista del premio de relato policial de Gijón). Sin embargo, en esta novela de título irónico, Consiglio utiliza la estructura de género negro como prisma para desvelar una realidad que permanece oculta. La novela intenta ir más allá. Desde varios relatos que parecen independientes, Consiglio va tramando una tela de araña de personajes: Mejía, policía reprimido; Roland, antropólogo homosexual; Bodart, eterno ex marido; Grace, ex mujer dolida; y Eamon, artista fracasado que será el punto de unión entre todos ellos.

Consiglio entrelaza los relatos de sus vidas dando más relevancia a los instantes que a la tela de araña del texto: el que haya más Arlt que Faulkner, más poética que novela negra, más significado que significante, provoca el resultado inquietante del libro: el torbellino que crea la novela no es una simple consecuencia de la estructura, sino que apunta al fondo mismo de los personajes. Esto es lo mejor de la novela: querer superar el género negro y apuntar a un fondo real. Lo que ocurre es que este fondo de los personajes está vacío. Nada hay que explique sus neurosis, violencias y actos. Solamente un desierto en donde todos se enmarañan. Lo que bulle en los personajes es un latido desnudo y delirante, una respuesta cínica cuando se les interroga causalmente.

Por ello, el desasosiego al finalizar el libro es consecuencia de, como en la misma novela se dice, una imposibilidad de definición última: "Había un momento breve de silencio, como si los dos esperaran una definición." Esta imposibilidad culmina en una crítica nihilista a un mundo ilegible e indefinible cuando, en la catarsis violenta de Alisson Bell (casa de Roland), los personajes se humillan, destrozan y traicionan hasta el límite de lo tolerable.

Se trata, en definitiva, de una novela precisa, violenta y arriesgada que acaba certificando la imposibilidad de cualquier respuesta. Pero, al mismo tiempo, esa imposibilidad se convierte en una escritura fortísima que va llevando al lector hasta el desasosiego, en un rápido viaje desde la ironía del título hacia la mueca cínica y delirante que es el silencioso final de la novela: una carcajada violenta contra un mundo intolerable.
Joaquín Fortanet

 

TORRALBA
Eduardo Gil Bera
Ediciones Martínez Roca,
Barcelona, 2002
336 págs., 15,25€

Médico cabalista y nigromante, el soriano Eugenio Torralba, personaje real citado en la segunda parte de El Quijote, y al que conoció el mismo Cervantes en Valladolid cuando era niño, un hombre que encarnó el mito faústico y que se enfrentó a la Inquisición, era merecedor de una novela que se ocupara de su historia y de las leyendas y supersticiones que han envuelto su figura. Eduardo Gil Bera (1957) lo ha hecho. Y lo ha hecho mediante una reconstrucción de la memoria del propio Eugenio Torralba, tras haber estado acariciando la idea durante siete años. La obra, galardonada con el Premio Nacional Alfonso X El Sabio en su segunda edición de novela histórica (convocado por la editorial Martínez Roca), es un homenaje lleno de humor y fina ironía.

El autor del polémico libro Baroja o el miedo: Biografía no autorizada (Península), hace gala de profundo conocimiento histórico al narrar la vida de un personaje que tan sólo había sido parcialmente tratado por escritores como Campoamor y Zapata, y que vivió plenamente el período más brillante del Renacimiento en Italia y España. A través de una geografía de anécdotas, Gil Bera pone al alcance del lector la realidad de un personaje que ya tenía fama de vidente en la universidad y las tabernas de Salamanca, que perseguía con ahínco imperturbable el gran arcano del mundo, y a quien acompañó un espíritu familiar llamado Zaquiel entre las dos apariciones del cometa Halley en 1546 y 1531.

Por la novela desfilan las figuras más relevantes de una época preñada de ambiciones, conjuras y ansia de conocimientos: los Borgia, los Medici, Da Vinci, Erasmo de Rotterdam, Cisneros, el Gran Capitán, los Reyes Católicos, entre otros. A su vuelta de Italia, donde fue protegido por poderosos y príncipes de la Iglesia, Torralba se enfrentó al Tribunal de la Santa Inquisición, en Cuenca, por lo cual sufrió tormento y prisión. Su amistad con Román Alamín, recitador de libros de caballería a quien acompaña en su última aparición en Valladolid, lleva al autor a cerrar esta ambiciosa y a veces disparatada novela, escrita con buen oficio y excelente pulso narrativo.
F. L. del Pino Olmedo