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junio 2003
Nº 102

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Estantería


Narrativa Hispánica

LA MIRADA DE LA MUÑECA HINCHABLE
Javier Tomeo
Anagrama, Barcelona,
162 págs., 11 euros


Si con Cuentos perversos Javier Tomeo nos mostraba una realidad alucinada, maliciosa y fascinante, en esta nueva novela suya (de magnífico título) nos ofrece una historia todavía más delirante, todavía mejor trazada, todavía más trágica. Está narrada con su estilo característico, austero y nítido, que lo hace parecer fácil.
A caballo entre las memorias y el diálogo de bar, la historia de Juan P. (hombre fracasado, alcóholico y extravagante), va avanzando sin que haya una única trama definida; tan sólo una sucesión de situaciones y unas cuantas obsesiones (camareros asesinos, marquesas ninfómanas, fantasmas maternos, sueños repetidos), obsesiones compartidas con su compañero de viaje, Torcuato, pobre diablo que le da la mano en cuestión de rutinas y neurosis.
La vida de Juan P. se reduce al recuento nocturno de chimeneas, a las conversaciones con su muñeca hinchable, a la estupidez del televisor, a la interpretación nada freudiana de los sueños de Torcuato, a la galería de fracasados que, como el mismo Juan P., pueblan la ciudad. Una ciudad de la que sobresalen como antihéroes alcóholicos Juan P. y Torcuato. Porque en esta novela, bajo el cinismo corrosivo y la desesperación bien llevada, se libra una batalla. Puede que contra la ciudad –poblada de calles con nombre de general castrense–, puede que contra el televisor –“Vale la pena ver escuchar toda esa sarta de insensateces sólo para oprimir un botón y recuperar el silencio”–, o contra la locura –“Le digo a Torcuato que acabaremos perdiendo los pocos tornillos que nos quedan”–. Pero la batalla se libra –“Les digo que ellos tienen su guerra y yo la mía”–, y la narración resulta por ello extrañamente detectivesca: conjuras de camareros, directores de museos, policías y televisores, de marquesas y madres.
Lo mejor de esta novela es la lucidez enajenada de Juan P., y los modos de sostener su realidad, que son los encuentros con Torcuato, mucho coñac, corbatas de topos rojos y la escéptica mirada de Dorotea, su muñeca hinchable. Cuando eso falte sólo quedrá una salida: la de la lucha cuerpo a cuerpo, contra todos. Lanzar el televisor por la ventana, acodarse en el balcón con la escopeta de aire comprimido y disparar sabiendo que lo importante no es acabar con nadie, sino apretar el gatillo. Esta novela, en fin, es una radiografía genial, ácida y fatalista de la pugna por vivir al margen, por no ser ni absorbido ni excluido, por llevar corbatas de topos rojos y follar con una muñeca hinchable y espiar, mientras, su mirada. Una moral del fracasado que consiste en continuar vivo sobre el funámbulo sabiendo que uno no es ningún artista del trapecio.

Joaquín Fortanet

AMOR GLOBAL (Y OTRAS INFAMIAS)
VV. AA.
Laia Libros, Barcelona, 2002
126 págs., 10,22 euros


Euskal Herida es una novela policial –la segunda de Luis Miguel Úbeda– que habla El denominador común de esta colección de relatos es el amor y algunos de los satélites que orbitan más o menos cercanos a él: el desamor, el deseo, la estabilidad matrimonial, el amor hacia los animales de compañía, la duda, etc. Tratándose de diferentes autores de diversas procedencias, y de un tema tan amplio, complejo y rico, la diversidad de planteamientos, tanto formal como de estilo, es muy amplia en los siete relatos incluidos en esta antología.
De todos modos, tratándose de autores que no sobrepasan los treinta y cinco –aunque de tres continentes: Europa, África y América– podemos establecer una pauta común. Como observa Jorge Carrión en un interesante prólogo, en estos cuentos se privilegia el aquí por encima del ahora. Hay una predilección por el contexto, por centrarse en un territorio concreto en un momento dado, dejando en un segundo plano la reflexión acerca del tiempo.
Juan Gabriel Vásquez la encabeza con un vívido relato sobre un mago al que toda la magia del mundo no le servirá para retener a su amante. Le siguen Marguerita D’Amico y su declaración de amor a Alicia, la gata de la familia, y Eloy Fernández-Porta, con un experimento posmoderno que toma la forma de una hilarante parodia de textos de la cultura pop –con un divertidísimo análisis textual de una canción de El Puma incluido–. El senegalés Abibatou Kemgné explora las tensiones entre África y Europa de la mano de una immigrante senegalesa que vuelve a su tierra desde París para asistir como invitada a la boda del amor de su vida. La sencillez combinada con una novedosa, fresca y lúcida visión del amor y de las relaciones entre dos culturas muy alejadas son las virtudes de este relato. Michael Ebmeyer escribe luego sobre los amores de un seminarista en un texto irregular, y el nivel vuelve a elevarse con un desolador relato fragmentario sobre el matrimonio y sus miserias, de la estadounidense Heidi Julavits, y con –ya al final– un misterioso y melancólico cuento del barcelonés Juan Trejo Álvarez, en el que un nimio detalle hace trastabillar el andamiaje emocional y afectivo del protagonista.
Amor global... destaca por la variedad de técnicas narrativas, de estilos y de visiones sobre las relaciones amorosas. Una antología que se convierte en una rica, interesante y valiosa propuesta para conocer a un puñado de nuevos narradores con cosas que decir en este confuso inicio de milenio; como dice Jorge Carrión en el prólogo, “siete líneas de una mano, como siete epidermis del sexo, como siete recovecos de un intestino, como siete aros concéntricos (ondas provocadas por una piedra en un círculo de sangre) que se expanden por el corazón”.
Esdres Jaruchik Naveiras

UN TRANVÍA EN SP
Unai Elorriaga
Alfaguara, Madrid, 2003
171 págs., 13 euros


Sorprendente fue la concesión del Premio Nacional de Narrativa 2002 a la novela Un tranvía en SP, sobre todo por la leyenda (cierta o no, eso ya no importa) de que se estaba concediendo a una obra que aún no se había traducido, lo que hacía difícil su valoración por parte del jurado. Pero como digo, eso poco importa ahora, ya que una vez leído es de agradecer la frescura narrativa de un autor a quien se le augura una brillante carrera.
Un tranvía en SP es una novela tierna, a menudo con tintes dramáticos y surrealistas, que indaga en el proceso degenerativo de demencia de un anciano, Lucas, que vive su locura con su hermana María y con su amigo Marcos, un músico como él empeñado en alcanzar su lugar en el mundo y para quienes la realidad es lo opuesto a lo verosímil. Se permite de esa manera el joven autor ciertas licencias a partir de la complicidad de los protagonistas, que de otro modo hubieran sido de difícil justificación, y a lo largo de sus 170 páginas, descubrimos que dicho proceso de locura no nos es ajeno, sino que a menudo lo hemos visto y vivido en seres cercanos. De algún modo ese descenso a los infiernos de Lucas establece un paralelismo con el proceso iniciático de descubrimiento de la vida de un niño (qué son los ancianos más que niños) y busca la complicidad de un lector sensible y cariñoso, la antítesis del perfil del hombre moderno. Sin embargo, nuestras ciudades están plagadas de personas que como Lucas sólo buscan un poco de comprensión y atención, y muchos de sus diálogos, aparentemente extravagantes, es fácil oírlos en cualquier calle. Lucas, Marcos y María no son sino héroes modernos de una sociedad tan en descomposición como sus cerebros. Pero sobre dicho estadio, a veces trágico para quiénes les rodean, siempre surge un nuevo mundo en el que los sueños vuelven a perder su carácter utópico para convertirse en una efímera realidad.
Las reflexiones intercaladas de los tres personajes y los ejercicios en que Lucas habla de los “ocho mil” del Himalaya, rememoran el carácter borgiano de su existencia, y sólo al final se nos presenta como quien verdaderamente es: un hombre atrapado en su propio interior, atormentado por el sueño de alcanzar la cima del Himalaya, y con una capacidad anormal para dar y recibir amor. Un tranvía en SP es un juego literario. Sólo desde esa posición, y abstrayéndose de todo tipo de prejuicios literarios, es posible conectar con la obra.

José Luis García Fernández

LA ISLA DE LOS ANTROPÓLOGOS Y OTROS RELATOS
Iban Zaldua
Lengua de Trapo,
Madrid, 2002
160 págs., 13,52 euros


Este conjunto de veintidós cuentos breves, divididos en tres bloques, reúne gran variedad temática y narrativa, pero tal vez lo más destacable sea que su autor, Iban Zaldua (San Sebastián, 1966), incide con La isla de los antropólogos y otros relatos en la importancia vital del punto de vista a la hora de enfrentarse al relato. Por esto la aplicación de las particularísimas perspectivas de algunos de sus personajes (lo vemos en “Día de Difuntos”, “La archivera” o “El Dueño del Catastro”, pero también en casi todos los demás) a historias sugerentes pero en principio convencionales, arroja sobre ellas una luz nueva y totalmente transformadora que nos obliga a entrar en el juego de ingenio que propone su hábil creador. Junto con la sutil capacidad fabuladora que denotan estos cuentos, llama la atención la inusual solvencia en el manejo de la lengua de un autor que la aplica con igual soltura a un texto de regusto medieval que a otro dieciochesco, a uno de prosa pretendidamente administrativa o a otro puramente contemporáneo, y de todos ellos sale más que airoso Zaldua en este segundo libro que ha publicado en español.
De todo el conjunto resultan especialmente reseñables “La ciudad sitiada” y “El dueño del Catastro”. El primero destaca por el encanto desplegado en una narración de reminiscencias medievales en la que se levanta con viveza y expresividad un tinglado tan mágicamente verosímil para el lector como el impactante teatrillo de títeres guerreros que protagonizan el cuento, y que reformula de paso ideas de tan extensa tradición literaria como la del teatro del mundo, el teatro dentro del teatro, etc. “El Dueño del Catastro”, tan rico en cuanto a su atmósfera como el anterior y dotado de los elementos característicos del cuento tradicional en estado puro –el joven humilde ascendido por méritos propios, el poderoso avinagrado por remordimientos, los jinetes sombríos– carga las tintas en un desenlace argumental cruelmente sorpresivo y perfectamente enraizado con lo esperable de esa forma popular de contar, logrando así un innegable sabor a buen cuento antiguo.
La diversidad de enfoques y asuntos de los relatos no hace más que enriquecer un texto entretenido y excepcionalmente bien trabado por el excelente estilo propio de un autor que dota así de sobrada unidad a un libro de cuentos muy notable.

Ana Sousa

LA LEY DE LA GRAVEDAD
Ignacio Ribó
Edhasa, Barcelona, 2002
425 págs., 19,50 euros

La segunda novela de Ignacio Ribó puede leerse como un epílogo para entender los acontecimientos que han convulsionado al mundo en los últimos tres lustros, así como su influencia social, económica y vital en la sociedad actual. Autor de otra novela, També somien els búfals, y de la obra de teatro Clara de Nit, con esta novela revela las posibilidades cabalísticas del lenguaje de la calle.
Ignacio Ribó recurre a las técnicas experimentales de la novela de los sesenta para demostrar que el tiempo de los experimentos no se ha agotado. Ahora, cuando se ha vuelto a un modelo de literatura lineal, los juegos lingüísticos parecen estar de más. Sin embargo, el autor catalán consigue ofrecer al lector la posibilidad de jugar con las palabras. Como ya hizo Martín-Santos con Pedro, el protagonista de Tiempo de Silencio (1962), Javier Mir, un barcelonés perteneciente a la más rancia burguesía catalana, también va a ser testigo de la destrucción de unos valores que creía firmes y de la feliz realidad que le rodea, para dejar paso a una serie de desastres existenciales que le descubrirán un nuevo presente mucho más crudo y descarnado. Recurriendo a la metáfora bíblica del ángel caído, Ribó muestra a un Javier que se derrumba junto a los símbolos económicos que también lo han hecho en los últimos quince años: El Muro de Berlín y las Torres Gemelas de Nueva York; y por extensión, aunque de lejos, metaforiza sobre la realidad de una juventud educada según los sueños de grandeza de sus padres, que cae acribillada por una sociedad que no dispone de la infraestructura apropiada para acogerla.
Ribó juega con el elemento formal del texto, con el lenguaje, para que el lector interactúe con los sentimientos del protagonista. Es el caso del primer capítulo, cuando consigue trasladar la experiencia de velocidad que vive Javier a nuestra realidad, mediante la reiteración de la palabra “avanzas”. También juega a recrear diversos lenguajes literarios, intercalando lo que parecen ser las acotaciones de una escena de teatro, terminología características de las ciencias económicas (el mundo al que pertenece el protagonista), el pliego de un notario o la descripción de la última escena de Ciudadano Kane, como un guiño a la situación real que está viviendo, y que le lleva a perseguir por medio mundo su particular “Rosebud”, hasta trasladarnos, por medio de la estructura circular de la novela, al punto de partida.

Maria Teresa Galán

Narrativa Extranjera

EL SUEÑO MÁS DULCE
Doris Lessing
Trad. de Mª Eugenia Ciocchini
Ediciones B, Barcelona, 2002
515 págs., 21 euros


El sueño más dulce, última novela de Doris Lessing (Irán, 1919), es, en más de un sentido, la continuación de su obra cumbre, El cuaderno dorado (1962). La historia, ambientada en los años sesenta, es consecutiva en el tiempo. El cuadro de personajes, con algunas variaciones y adiciones, es virtualmente el mismo. Y, en fin, reincide en los tres temas que atravesaban los cuadernos de Anna Wulf –y la práctica totalidad de la obra de Lessing–: el problema africano, el desengaño del comunismo y la mujer.
Puestas una junto a otra, El cuaderno dorado y El sueño más dulce, aunque desiguales en sus logros, constituyen un ciclo unitario. El círculo se abre en Zimbabue, durante la Segunda Guerra Mundial, y se cierra cuarenta años más tarde en Zimlia, su trasunto ficcional, después de pasar sucesivamente por el Londres de posguerra, del movimiento hippy y la larga resaca del 68. Las dos mujeres, Anna y Molly, que en los años cincuenta luchan por su independencia emocional, intelectual y política, se funden en los sesenta en Frances Lennox, madre putativa de una camada maltrecha, desorientada, de valores mal digeridos. En todas ellas, y en la figura tutelar de la abuela germana, Julia Lennox, se reconoce a la autora de Un paseo por la sombra, su segundo volumen de memorias. La autobiografía abarca hasta el punto preciso en que comienza su última novela, única continuación que verá la luz pública, según ha manifestado en múltiples ocasiones la propia Doris Lessing.
Lejos del idealismo melancólico con que suele retratarse la década de los sesenta, el libro ofrece, entre el humor, la crítica acerada y la tragedia, una visión ciertamente menos risueña. El “sueño más dulce”, contra el uso común, no es tanto el del 68 como el de las generaciones anteriores –las de la Primera y la Segunda Guerra Mundial–, que se levantaron de entre las cenizas y mataron al padre para construir un mundo mejor. Los grandes movimientos del siglo xx –el comunismo, los procesos de independencia en África y Asia, la lucha contra la segregación racial– culminan, se pervierten y se disuelven a partir de la explosión social de los sesenta. La historia de esta década es, para Lessing, la historia de una decepción, el fin de un sueño.

Hilde Romero

LA BUHARDILLA
Danilo Kis
Trad. de Gani Jakupi
Opera Prima, Madrid, 2002
119 págs., 12 euros


Dice Magris que los escritores “de la perplejidad” (confrontados a los “de la necesidad”) son aquellos que intentan identificarse con el fluir fragmentario y centrífugo de las cosas, dudan del signo, se abandonan al mínimo estremecimiento o al pastiche de citas e inserciones, al collage múltiple y anónimo, etc. De acuerdo con esto Kis es, sin lugar a dudas, un escritor de la perplejidad. Parodia, ironía, intertextualidad, pluralismo de estilos, hibridación de géneros, metaficción, fragmentación... son una muestra de los procedimientos literarios que conviven en la obra de Danilo Kis (Subotica, 1935 – París, 1989). La publicación de La buhardilla, obra con la que inicia su viaje literario, da un nuevo impulso para rescatarle del olvido, y además se produce en un momento óptimo para su recepción, ya que en los últimos tres años se han reeditando sus novelas El reloj de arena y La enciclopedia de los muertos, y se han publicado por primera vez Penas precoces y Laúd y cicatrices.
Kis pertenece a la generación que Milan Kundera llama “laboratorio crepuscular”: se refiere al espacio de multiculturalismo que se da en Mitteleuropa, espacio donde se sufrieron más cruentamente los dos totalitarismos del siglo xx. Un aspecto que se ve reflejado en la vida y obra de Kis, hijo de una serbia montenegrina y un húngaro judío desaparecido en Auschwitz, que aunque rehuyó ser portador de un testimonio político no elude en su obra los temas de la muerte, el exilio y la desolación.
En La buhardilla, publicada originalmente en 1962 por la editorial Kosmos, se plasman las ilusiones, los sufrimientos y las dudas de un joven bohemio (Orfeo) en el Belgrado de los años cincuenta. Junto a él están Cabrío-Sabio –personaje antagonista copado de erudición, con quien comparte una especie de “templo-buhardilla” donde pasan las noches contemplando las estrellas y entregados a la filosofía–, y Eurídice –mujer-símbolo que despierta en él un lirismo trovadoresco y lo inicia en “la cuestión del amor”. Entre ambos se establece una relación que no deja de ser una explayada parodia a ese Amor-Pasión tan arraigado en la tradición occidental. La Buhardilla, subtitulada significativamente Poema Satírico, no es ni más ni menos que eso: un poema satírico. Poema por la trasposición lírica de una experiencia vivida y satírico porque, a pesar de esa misma poesía y exaltación, el autor de apenas veinticinco años es capaz de burlarse de su propio lirismo e idealismo. En palabras de Kis, La Buhardilla es “el primer libro de un joven escritor ansioso por conectar con las corrientes literarias del momento y ávido de probar su maestría”.
Marta Rebón

ADIÓS A SIDONIE
Erich Hackl
Trad. de Esperanza Romero y Richard Gross
Pre-Textos, Valencia, 2002
119 págs., 12 euros


Adiós a Sidonie es un libro que no debería haberse escrito nunca. Porque es un libro que reniega de su propia existencia, que maldice su razón de ser. Porque es un libro humano que nos recuerda nuestras propias debilidades, un libro en el que frente a los hombres y mujeres que combaten por la justicia y por la protección de sus seres queridos en un mundo que se derrumba, surge el atributo humano más infeliz, que es el miedo, esa cobardía triste –más triste aún porque resulta posible comprenderla– que transforma a las personas en algo parecido a mala gente.
Y Erich Hackl, consciente de que no cualquier causa justifica un relato, comienza por escoger el mejor de los motivos para ponerse manos a la obra: dar voz a los que no la tienen. En un mundo que se viene rigiendo por los principios del “arte por el arte”, que tantas veces sirven para justificar lo banal creado por los poderosos, la historia de una niña gitana desfavorecida, sobre la que se va cerrando el cerco de la mala fortuna y de la pesadumbre, es una apuesta valiente porque obliga a su autor a construir un libro necesario, en el sentido en que son necesarias las emociones, y un libro sincero, pues se ve obligado a transformar en creíble la siempre inverosímil realidad. Para ello Hackl ha escrito una obra a caballo entre la crónica y la novela breve; en Adiós a Sidonie conviven la historia de Steyr, una pequeña y pobre población austríaca sobre la que cae como una sombra la época de la Segunda Guerra Mundial, con la vida de una familia que adopta a una niña gitana en un acto de heroicidad sencillo, en una demostración de que el acto épico más meritorio es mantener la dignidad frente al desaliento. Así, al tiempo que se nos relata el acoso y derribo al que se va sometiendo a los débiles, y se despliega frente a nosotros una época de desgracias en la que cualquier clase de amor o de fracaso es posible, conocemos a unos personajes sencillos, definidos con rasgos básicos y por tanto bien reconocibles, que no son dueños de su destino: la vida irá decidiendo por ellos, y cada vez que lo haga lo hará en su contra. El gran mérito de Hackl es conseguir que estos dos registros, los recursos periodísticos y los narrativos propios de la ficción, se desplieguen con naturalidad, convivan sin que se noten las costuras.
Espero que el lector no se confunda: no estamos ante un libro cuya utilidad es enviarnos a la cama con una nueva forma de depresión. Hackl lo evita recurriendo a una dosificación de sucesos que nos hace digerible la historia y, sobre todo, con un lenguaje escueto, funcional, que nos ayuda a mantener la entereza durante la lectura, aunque una vez cerrado el libro nos damos cuenta de que esa falta de expresividad nos ha dejado sordos.

Ricardo Martínez Llorca

Literatura Catalana

L’ÚLTIM EVANGELI
Hèctor Bofill
Destino, Barcelona, 2003
304 págs., 18,50 euros


El reciente Premio Josep Pla marca el formidable debut novelístico de Hèctor Bofill (Badalona, 1973), a la vez que la puesta en escena de una nueva generación de poetas y narradores catalanes cuyo nombre de grupo fue acuñado por varios periodistas que asistieron a la entrega: els imparables. Entre sus miembros, Manuel Forcano (Barcelona, 1968), que obtuvo con Com un persa el Premio Tívoli 2002 al mejor poeta europeo menor de treinta y cinco años, y Sebastià Alzamora (Llucmajor, 1972), autor de Mula morta –en proceso de traducción en la editorial DVD–, se distinguieron el año pasado por suscitar en el diario Avui una fructíera discusión sobre el concepto de lengua y poder literarios y la figura del escritor nacional. Parte de este debate puede ser equiparable con la crítica a la estética de la experiencia que tuvo lugar en la escena española de los noventa: una refutación esencialista de la línea clara, de la levedad temática y del formalismo sin voluntad de Forma, rasgos que pondrían de manifiesto la rendición del artista a la medianía en nombre de la nivelación democrática. A estas constantes se opone aquí una ambición creativa que trae consigo una estética agonística, forjada en el mito cultural y en el logos social, y con ella la voluntad de dejar atrás el espacio de “la dicción”, “la modulación de la voz” y “la tensión poemática” para devolver al primer plano el tema poético.
En sus tres volúmenes de poesía Bofill se debatía entre la nostalgia del heroísmo épico e intelectual y su vindicación, la crítica moral al pactismo y a la alienación de los sistemas contemporáneos y la revelación del sustrato religioso que subyace a los rituales de la sociedad de consumo. Como obra señera de esta dirección, L’Últim Evangeli es un retorno radical a la novela de ideas, articulada con la ciencia-ficción, que aparece aquí en su modalidad de reescritura de la Historia y la teoría política. La narración se desarrolla así en un contrapunto de monólogos: el de un profesor de la época contemporánea y el de un investigador del futuro remoto que trata de reconstruir la historia del cambio de milenio. En el primero se tratan, con vibrante indignación moral, problemas tales como la genealogía del nazismo, trazada hasta la Revolución Francesa, la estetización la experiencia revolucionaria y su contrario, la propuesta de Carles Gómez: la creación de una comunidad primitiva que configura el extremo del nihilismo secular. En la segunda, la peripecia galáctica de TUlius –un diplomático, hombre de acción y pensamiento, que recuerda a los personajes de Miquel de Palol– refiere el intento de crear una “acracia ilustrada” en conflicto con los rebrotes totalitarios que llevan esta novela, y la Tierra misma, a un destino temible. A su poderosa elaboración teórica añade Bofill una virulenta investigación de las relaciones personales y sexuales como síntoma del orden social, conformando –no exagero– una novela de primerísimo orden y un acontecimiento cultural que ningún lector debería pasar por alto.

Eloy Fernández Porta

Poesía

VOLTERETA EN EL AIRE
Mario Lucarda
Calima, Palma de
Mallorca, 2002
80 págs., 9,50 euros


Voltereta en el aire es una antológica que resume con coherencia la obra de Mario Lucarda. Tanto “Homenaje a Martha Graham”, como “Michelangelo Merisi, detto il Caravaggio”, dos de las series de poemas que lo componen, como los poemas restantes, se desarrollan en la dirección constante de una mirada libre, ejercicio que caracteriza la obra del poeta desde sus inicios. El núcleo, la raíz de la poesía de Lucarda brota del convencimiento de que existen miles de realidades que descubrir y localizar con el esfuerzo de una mirada nueva.
El gesto, el movimiento, el círculo de luz, la semilla de lo minúsculo es captada por el poeta, que se convierte para nosotros en nuestros ojos y oídos, en el vehículo privilegiado de reobservación del mundo. Lo verdadero son esos fragmentos como jirones de la realidad, que no hemos visto, que se nos escapan, pero que nos rodean. “En el aire la luz / devuelve la fachada lisa de sol / recortada en el marco /de un espacio visual; y toldos amarillos / que protegen oscuros.” Ahora bien, el poeta es testigo de la vida, pero no desde el partidismo. Nos hace el favor de ser una inmensa cámara para nosotros, pero una cámara con la que salvaguarda su libertad y nos la regala para producir la nuestra. De todo lo que se ve, nada se da por supuesto, nada se conoce plenamente. Y sólo la posibilidad de nuevas realidades es ya el apunte mismo de su existencia, su frágil prueba. “Inclinado al viento, / horizontal la ropa, / el pie inseguro, / mis ojos fijan el acto. / Testigo soy / de este deicidio en colores cromo.”
La poesía se forma con imágenes y con el ritmo –la música y la sonoridad–. El ritmo, derivado de las propuestas continuas que el poeta hace en cada verso, participa de una tensión, como un latido, como un tumulto interno. La imagen, cargada con la intensidad de su captura, de su aislamiento, se enseñorea del poema. Y ahí los intersticios, los quiebros, los silencios, las elipsis son los resquicios de libertad, las franjas inmensas de libertad donde puede alojarse todo. “Canasto de frutas, uvas y manzanas / tienen su presencia corpórea / como el brazo humano que las toma. / Desenfoque de centros / o penumbra cerrada más allá / No hay un equilibrio de presencias / o todo presencias o noche cerrada. / Mi cuerpo puede ser una manzana, / toda la suciedad del polvo del camino / o el gusano royendo el fruto.”
El título es también el símbolo de la propuesta del poeta. La voltereta en el aire es el movimiento de quien no está seguro de nada, de quien sabe que ninguna posición es certera, imbatible. En este entramado de sugerencias y oberturas, la vocación poética de Lucarda es la de una totalidad encarnada en lo fugaz y en lo oculto.

Raquel Luzárraga

ELOGIO DE LA MINIATURA
José Viñals
La poesía, señor Hidalgo,
Barcelona, 2002
98 págs., 11,05 euros


El argentino afincado en España José Viñals (Córdoba, 1930), ganador del premio Jaime Gil de Biedma, ya parece resumir en la página 77 de su último libro, el tono y la filosofía del mismo: “Hice leguas. Leguas me hicieron.” Viñals nos propone un viaje a caballo a través de sus paisajes y recuerdos, el viaje como clásico trasvase al lento aprendizaje de la vida, de los saberes y, en este caso también, de la literatura y sus alegres fantasmas. Asistimos de este modo a una personal revisión actualizada del “Martín Fierro”, con sus cabalgadas heroicas, su sabor popular, su frondosidad salvaje y, por qué no decirlo, a esa intuición del fin de un mundo que ya se entreveía en el clásico de su compatriota Hernández. Pero al margen de este tono de la épica gauchesca, una lectura detenida nos llevará a detectar otras influencias bien dispares como puede ser la de Whitman. Existe también cierta voluntad de reflexión junto a notables muestras de ingenio pero que algunas veces se caen del texto: “¿Estás atento? Escucha este largo pedo; lleva la cabeza emperejilada y cola de zorrino. No es mío sino del crepúsculo, que se oculta entre los glúteos de la noche.”
Poesía de escasa tradición en la lírica española (lo que probablemente resultará un handicap), con una veta surrealista que proviene de Neruda, se mueve toda ella ajena a la contabilidad de la métrica, a las arquitecturas de la versificación formal, levantada en esa inconcreta frontera entre la poesía en prosa y el aforismo (“El caballo trisca tréboles, yo trituro tribulaciones”). El viaje, no obstante, como todo viaje interior, no tiene un fin, no goza de un destino –lo mismo que la vida–. Únicamente se puede alcanzar el anhelado reposo del guerrero, y quizá por eso la última página del libro nos muestre esa aparente despedida desde la sabiduría de los años.
Aceptado bautizo de soledad, este Elogio de la miniatura es en definitiva eso, el elogio de las pequeñas cosas, miniaturas del vivir que engarzan lo bello y lo terrible del mundo para mostrárnoslo como quien enseña sin pudor ese álbum de fotos en que acaba convirtiéndose la existencia de cada cual.

Diego Prado


Ensayo

LA NARRATIVA ESPAÑOLA EN LA ERA GLOBAL
Gonzalo Navajas
EUB, Barcelona, 2002
186 págs., 13 euros


Este libro se inserta en el marco del debate cultural contemporáneo a través de una decena de ensayos en los que se desarrollan aspectos teóricos y análisis prácticos de la estética actual. Desde el análisis literario se abordan los aspectos que configuran un nuevo modo de percibir la relación de la cultura escrita con otros modos de expresión estética, con los que mantiene un pulso en cuanto a representatividad, donde el principio de realidad carece de significación debido a la generalización de la información.
En este libro Navajas desarrolla tesis ya expuestas en Más allá de la posmodernidad (EUB, 1996) pero situándolas en el paradigma que designa y enmarca la globalidad. Ante preguntas como ¿qué papel juega la literatura en este nuevo panorama transcultural?, ¿cómo se relaciona con otras manifestaciones de carácter cultural como el cine, la televisión o la informática?, Navajas intenta esclarecer y delimitar el horizonte interpretativo que este nuevo modo comprensivo del mundo actual cierne sobre la literatura y el cine. De este modo, los textos de novelistas y cineastas españoles contemporáneos como Marsé, Marías, Pérez-Reverte, Pilar Miró, Almodóvar, y otros, se estudian contextualizados dentro de los aspectos más determinantes de la nueva configuración epistémica.
Navajas habla del discurso actual de forma crítica, cuando se está inmerso en su vorágine, para detectar y definir las líneas maestras de la nueva configuración estética que surge desde/frente a la posmodernidad, asumiendo el reto de contextualizar la significación de la producción estética actual. La exposición no se limita a ejercer la denuncia, a decir lo ya sabido, sino que propone una lectura de los síntomas de una realidad en construcción que aparecen en obras contemporáneas. No se limita al desenmascaramiento de estructuras subyacentes sino que pone en juego sus correspondencias, reglas y posibilidades. Hay que añadir la valentía de proponer un método crítico de lectura para este siglo xxi. Por este motivo, convierte la crítica en un ejercicio extensivo, es decir, los problemas de la representatividad y de sentido sobrepasan el marco estrictamente literario. Se hallan en el mundo global de la cultura y es allí, apropiándose de otras estrategias discursivas que asume la supraperspectiva de la visión global y los nuevos paradigmas interpretativos. Parámetros de análisis para una realidad contingente sujeta al cambio tecnológico del que no podemos sustraernos pero al que sí podemos superar con una interpretación de la cultura más allá de su uso instrumental. En definitiva, una vuelta imperiosa a la ética que se manifiesta y avanza desde el orbe creativo global.

Marc Franco

LABERINTOS DE PAPEL. Borges y Calvino en la era digital
Enrique Santos Unamuno
Universidad de Extremadura, Cáceres, 2002
188 págs., 10 euros


Los estudios sobre literatura comparada, de la mano de los grandes como Auerbach o Leo Spitzer, tuvieron su auge en las primeras décadas del siglo xx. Con el correr de los tiempos la disciplina languideció. Y la presencia de Steiner o el polémico Harold Bloom de los últimos años apenas pudo atemperar esa languidez. Hoy resurge de manera vigorosa un nuevo comparativismo que se nutre sin prejuicios tanto de la teoría literaria como de la crítica cultural. Y gana mucho en este cruce teórico sin por ello perder las ventajas metodológicas que le son propias.
El trabajo de Santos Unamuno parte a la manera tradicional de la confrontación binaria entre dos autores, Borges y Calvino, de lengua, tradición, y sistema literario diferentes. Pero su agudo análisis textual no se contenta sólo en registrar las similitudes estilísticas, temáticas y compositivas o las meras influencias; va mucho más allá.
La teoría literaria le aporta las herramientas, y la crítica cultural, profundidad de miras. Dos conceptos de la teoría le son particularmente útiles: la noción de Umberto Eco de la obra como “metáfora epistemológica”, como condensación de la cosmovisión dominante de una época, y el concepto bajtiniano de “cronotopo”. En Borges y en Calvino el “cronotopo del laberinto”, caracterizado por una geografía de la ubicuidad y una cronología de la simultaneidad, definiría una “poética de la totalidad” común a ambos. Esta “poética de la totalidad”, constructo teórico acuñado por Santos Unamuno, es un eficaz procedimiento hermenéutico que le permite dar cuenta de aquello realmente revulsivo y singular en estos autores. A saber: un tratamiento completamente nuevo, posmoderno si se quiere, de la noción de infinito; una nueva manera de concebir la textualidad (rizomática), y una concepción “cibernética” de la creación literaria entendida como máquina combinatoria.
A partir de aquí y de la mano de Eco, el autor analiza cada uno de los resultados a la luz de la crítica cultural. Cabos sueltos que no son tales al ser articulados en lo que Santos Unamuno denomina “paradigma informático”. Gran concepto generalizador que le permite explicar y describir la encrucijada cultural en la que nos encontramos tras el impacto de las nuevas tecnologías.
Borges y Calvino funcionan, bajo esta perspectiva, como una suerte de bisagra entre modernidad/posmodernidad. Cuanto menos porque en ellos puede rastrearse, como lo demuestra Santos Unamuno, el germen de una nueva textualidad reticular o “digital”, ahora dominante. En suma, el erudito y lúcido trabajo de Santos Unamuno no es lectura ligera. Su completa batería teórica, el escrúpulo y la pasión crítica producen una metonimia entre el propio texto y su laberíntico objeto de estudio.

Matías Néspolo

REIVINDICACIÓN DE UNA ÉTICA MUNDIAL
Hans Küng
Trad. de Daniel Romero
Trotta, Madrid, 2002
237 págs., 18 euros


En el II Parlamento de las Religiones del Mundo (Chicago, 1993) fue aprobada la Declaración de una Ética Mundial. Por vez primera en la historia, hombres y mujeres representantes de las diversas religiones del mundo pusieron de manifiesto su consenso sobre determinados valores éticos comunes a toda la humanidad capaces de constituir la plataforma de una ética mundial. Ya en 1990 había aparecido el texto programático de la Declaración de mano de Hans Küng (sacerdote y teólogo), que llevaba por título Proyecto de una ética mundial. En él se definía el objetivo de una ética mundial, que consistía en establecer los mínimos valores morales que son necesarios para la supervivencia de la humanidad, y se perfilaban los cuatro principios esenciales para garantizar la paz, a saber: la no violencia y el respeto a la vida, la solidaridad y un orden económico justo, una cultura de la tolerancia, de la honradez y de la verdad y, por último, la igualdad de derechos y el compañerismo entre hombres y mujeres.
Reivindicación de una ética mundial es el cuarto libro que Hans Küng dedica a la aportación de una ética global. En él Küng invita a personalidades eminentes del mundo de la política, de la cultura y de la religión para que expresen su postura sobre la Declaración de una Ética Mundial desde sus convicciones y experiencias personales. Cada una de las personalidades afronta el problema de la instauración de una ética mundial desde su perspectiva continental, cultural y religiosa. Pese a la distinta procedencia cultural de las voces que aquí se dan cita, existe entre todas ellas un denominador común: el convencimiento de que es necesario tomar conciencia de lo que comparte toda la humanidad en ética en pro de una convivencia pacífica basada en el respeto, la justicia y la solidaridad.
Reivindicación... se inscribe en el marco contemporáneo de la denominada ética de mínimos, que defiende la existencia de ciertos valores mínimos compartidos entre todos los ciudadanos gracias a los cuales es posible lograr un entendimiento, un respeto y una cooperación mutuos. La propuesta de una ética mundial se enfrenta hoy a lo que comúnmente se ha llamado subjetivismo moral o politeísmo axiológico, según el cual las cuestiones morales sólo dependen de las preferencias individuales, las cuales imposibilitan el llegar a un consenso moral. Hasta qué punto el relativismo moral se ha visto mermado es algo que la moral cívica de las sociedades pluralistas ha demostrado con creces por la aceptación de unos valores, actitudes y derechos comunes que posibilitan la convivencia.

Olalla Bagüés Bedoya

Memorias

LA TENTACIÓN DEL FRACASO. DIARIO PERSONAL (1950-1978)
Julio Ramón Ribeyro
Seix Barral, Barcelona, 2003
682 págs., 26 euros


Los dietarios del escritor Julio Ramón Ribeyro, publicados en tres tomos en Perú (1992-1995), le acompañaron en toda su trayectoria vital. Se trata de los cuadernos en los que anotó sus viajes y estancias por España, Alemania, Francia, Bélgica y el Perú natal, y aunque como el mismo Ribeyro transcribe con posterioridad, los primeros cuadernos fueron destruidos, la presente edición recoge los escritos durante casi treinta años.
Estamos frente a una obra mayor, acaso, frente a uno de los más notables ejercicios memorialísticos del siglo xx. Ribeyro transita su realidad consuetudinaria sin renunciar ni a ninguno de los sinsabores que el destino le tiene preparado ni a ninguna de la sensualidades del vivir, alternando hedonismos y nihilismos, sin apenas alcanzar ataraxias. Obra de corte existencial, sus dietarios nos muestran la incuestionable ansia del escribir, la pulsión del arrebato que le letrahiere, y la incongruencia que surge de la confrontación entre literatura y vida.
Monumento a la literatura del yo, estos dietarios no escatiman la oportunidad de reflexionar sobre el género al que pertenecen, sobre el resto de la obra literaria del autor (tres novelas, varias famosas recopilaciones de relatos, aforismos, ensayos…), sobre sus contemporáneos, sobre amores y calenturas, sobre lecturas y embriagueces, sobre amigos escritores (constantes son las alusiones a Vargas Llosa y a Alfredo Bryce Echenique), sobre las enfermedades que le torturaron y sobre sus no menos tortuosas relaciones con el dinero y las deudas. Si nos atenemos a la afirmación de Kafka de que el lector de diarios que no lleve uno propio estará en falso, comprenderemos que Ribeyro sea lector empedernido de cuanto dietario caiga en sus manos. Así, se dice emparentado con Amiel, y escruta en la memoria de Casanova, Jünger, Anaïs Nin, Paul Léautaud, Kafka, Charles Du Bos, y muchos otros.
El dietario de Ribeyro, como todos los diarios, adolece de tres problemas: el lector se ve incitado a rellenar los vacíos que el autor deja (con lo que el pudor del escritor se ve substituido por la mucho más morbosa imaginación del lector); un libro se lee siempre buscando la trama, ejercicio en apariencia absurdo en la lectura de un dietario, que sin embargo acaba por desvelar las más de las veces un hilo conductor en la vida del escritor. Algunos se narran a sí mismos como si de un personaje idéntico a ellos que hubiera vivido en paralelo se tratara. Ribeyro no cae en este segundo error y desnuda la trama de su vida, aunque omite importantes pasajes. En sus dietarios lo narrativo moldea lo vivido, sintiendo el lector la necesidad de reseguir la trama de sus amores con la belga Mimí, o con la siempre intuida bella y pérfida C., o seguir los avatares de un cobro editorial que no llega, o el viaje truncado por la enfermedad, etc. El tercer problema en el que concurren este tipo de textos, es el de la inaprensible acotación del tiempo. La lectura rompe los esfuerzos del autor por conferir un ritmo a lo escrito similar a lo vivido. El dietario es el rastro de la imposibilidad de conseguirlo. Ribeyro acierta a intuir que a pesar de ser “el receptáculo del acontecer, la suma de los sucesos”, “el tiempo desaparece conforme se usa”. El lector de dietarios está condenado al desasosiego de no conocer el final de los sucesos, a querer saber más, a ver cómo la vida acabó pero la narración quedó incompleta: “Al nacer se nos dan unas cuantas fichas y al vivir debemos encontrar los retales para recomponer el rompecabezas. Ignoro si son pocos o muchos los que logran reconstruirlo, pero yo pertenezco a aquellos que se irán del mundo sin haber visto el dibujo escondido.”

Lluís Alabern

EL ÁRBOL DE LA VIDA. MEMORIAS
Eugenio Trías
Destino, Barcelona, 2003
461 págs., 20 euros


En El árbol de la vida, el filósofo barcelonés Eugenio Trías (1942), hoy ya sexagenario, ha reconstruido su vida hasta sus treinta y tres años. De sus primeros años comparecen la evocación de su pasión coleccionista, el gusto por quemar etapas –así la quema de textos, o el desprendimiento de sus colecciones–, un exámen de los sueños de gusto calderoniano, el menosprecio por un círculo católico familiar en el que el joven Trías se veía desplazado, la autorreclusión en una campana dorada hecha de música clásica y concertante, pasión melómana que nunca le ha abandonado, el recuento de los familiares, de los ancestros significativos...
Como certificando su destino especulativo, el recuerdo toma alas a menudo en pos de la comezón filosófica y existencial: la nostalgia por la Unidad primigenia, una estólida perplejidad ante un mundo abominable y una sentida influencia platónica a la hora de experimentar un mundo “incognoscible” definen a un niño y adolescente de escasas energías, alejado de la vida práctica, aquejado de vértigo, dudas, sangrías y vacilaciones pronto entretejidas con su vida y sus numerosos libros ensayísticos.
Destaca en el perfil de la primera vida adulta su paso “religioso” por el Opus Dei, etapa que nuestro filósofo posmoderno evoca con nostalgia. Su militancia comunista, en cambio, sale muy malparada. Y luego el matrimonio con Ana Casanovas y el paisaje de liberación sexual de los sesenta, con los swinging sixties y la barcelonesa gauche divine como turbulento telón de fondo. También la plena vocación filosófica y su acceso a la docencia, hecho que no excluye un decisorio periplo americano tras su primera crisis conyugal. En el relato de ese período sudamericano, y su apasionante etapa argentina, están las mejores páginas de un libro en el que domina, con todo, un engolamiento de autosatisfacción y una perjudicial pericia para auparse en un lenguaje filosófico en el que la farragosidad parece navegar en el puro vacío de la jerga metafísica.
Mayor claridad alcanza el libro cuando éste aborda el período franquismo y las corrientes progresistas y antisistema, horizonte en el que Trías se nos presenta como falso ídolo carcomido por una inquietante búsqueda en el laberinto de su propio ser, trayectoria que disecciona vívidamente en sucesivas y dramáticas etapas de caída y renacimiento. Brotan aquí y allá chispazos de turbación, de desorientación trascentalizada en la novelización de un destino trágico. El realismo explicativo convive desafortunadamente, a lo largo de todo el texto, con un ingenuo torrente de pathos heroico a la manera romántica, como si el libro aspirara a convencernos de los abismos insondables de un alma atormentada con una papilla filosófica, trascendentalista, que en realidad parece un calculado intento de remachar biográficamente el clavo del derecho a la posteridad. El lector deberá decidir qué tiene de heroico, o de patético, su pulso metafísico con el gran panteón de la gran tradición filosófica occidental, y qué tiene de estrictamente común su escueta vida de mortal. Sea como sea, un conmovedor recorrido por vida y milagros que desentraña heroicamente su complejidad de pensador.

Ferran Corbella

Arquitectura

INVITACIÓN A LA ARQUITECTURA
Joaquim Español
RBA, Barcelona, 2002
172 págs., 12 euros


El panorama editorial goza básicamente de tres tipos de libros de arquitectura: técnicos, divulgativos y de reflexión. Invitación a la arquitectura ha escogido la reflexión. En los últimos años se ha incrementado el interés por leer arquitectura por parte de un lector no especializado. Este libro apela a ese tipo de lector, ofreciéndole una puerta de entrada a la arquitectura.
Es de agradecer que los arquitectos que aparecen en este libro entiendan que la arquitectura no sólo consiste en saber de paredes, sino en comprender lo que contienen. Cinco eminentes arquitectos (Oriol Bohigas, Juan Navarro Baldeweg, Óscar Tusquets, Albert Viaplana y Peter G. Rowe) se han prestado a dar respuesta a las preguntas de otro compañero de profesión, Joaquim Español. El entrevistador les conoce muy bien. Sabe que el fuerte de Bohigas es el urbanismo y consigue sacarle una defensa de las grandes urbes compactas, las que permiten una mayor número de servicios en el menor espacio, en detrimento de las urbanizaciones/dormitorio, que obligan a desplazamientos largos. El tema ineludible a tratar con Tusquets es el diseño, que no consiste en la simple estilización del producto, sino en optimizar su utilidad. En el terreno automovilístico, por ejemplo, los coches más estéticamente perfectos son fruto del perfeccionamiento aerodinámico. En el caso de Viaplana se impone hablar de su afán por innovar. Cabe apreciar en su entrevista una voluntad de aproximar al lector a sus obras en el momento creativo, siendo así la reflexión que más acerca la arquitectura al terreno del arte. También hay que resaltar las disquisiciones alrededor de los conceptos de vacío, espacio, luz y sombra de Navarro Baldeweg; y la rápida visión y valoración que hace Rowe de la arquitectura en el ámbito mundial. En esta última entrevista se valoran distintos tipos de urbanizaciones; una de ellas, la ciudad tipo Disney, que según parece existen.
En resumen, estos “diálogos” son una sugerente puerta de entrada a la reflexión arquitectónica, tanto por la claridad como por la heterogeneidad de temas y enfoques.

Carles Martí

Dos cuentistas norteamericanos
Alice Munro y Charles Baxter, la quinta esencia del cuento

Charles Baxter, VIAJE DE INVIERNO. Trad. de Jaime Zulaika, RBA, Barcelona, 2003, 254 págs., 16 euros
Alice Munro, ODIO, AMISTAD, NOVIAZGO, AMOR, MATRIMONIO. Trad. de Marcelo Cohen, RBA, Barcelona, 257 págs., 18 euros

En Norteamérica aman y entienden los cuentos como forma literaria de primera magnitud. Por eso no es de extrañar que vayan apareciendo en nuestras librerías, prácticamente sin descanso, destacables volúmenes de relatos, firmados en ocasiones por autores desconocidos, o conocidos por sus novelas, con más o menos contenido a veces, pero casi siempre de un intachable rigor y validez en lo que al tratamiento de la forma en sí se refiere. Curiosamente, en los últimos meses una misma editorial ha puesto a la venta lo que podríamos denominar dos perspectivas contrapuestas de entender el cuento, dos visiones que condensan dos de las posturas que han marcado el desarrollo de los últimos años de la literatura: el olvido y la memoria.
Viaje de invierno, de Charles Baxter, aparece ahora a rebufo del éxito que consiguió el año pasado la novela El festín del amor (Premi Llibreters 2002), pero quienes esperen encontrar la misma receta que en su anterior libro quedarán un tanto desconcertados; aunque sí encontrarán un similar tratamiento narrativo, basado en la fragmentación, la inmediatez y un lenguaje directo y sin apenas figuras retóricas. Los relatos de este volumen, heterodoxo y variado, hablan principalmente del extrañamiento del mundo, de la desubicación y la perplejidad; también hay algo de amor en sus páginas, pero de un amor teñido de violencia o dolor. Sus personajes –ya sean niños, académicos o parejas estables–, parecen moverse de un modo errático dentro de la cotidianidad, escuchando los mensajes del cosmos y creando con ellos una inservible red de seguridad (no en vano el título original del libro es Through the Safety Net) que no les protege de la inestabilidad que conlleva el rápido e inasible presente –que aparece como desconectado de la sucesión temporal– en el que están inmersos. Tanto por la temática como por el tratamiento, los relatos de Baxter apuntan hacia una zona literaria muy concreta (lo que se dio en llamar, con una total falta de fortuna, realismo sucio o, en otros círculos, minimalismo) y, en ese sentido, tienen un claro referente a pesar de las diferencias de matiz: Raymond Carver, con el que se le ha comparado en varias ocasiones. Cuando se sale de esa pauta, precisamente, y busca una mayor comunión con la generación posterior a la suya (en particular en el relato “Suceso mediático”), se tiene la impresión de que David Foster Wallace o Lorrie Moore podrían haberlo hecho mejor. Tal vez por ese motivo, Baxter haya declarado: “Mis novelas no se parecen a nada, pero mis relatos se parecen a muchos otros.”
El caso de Alice Munro (Wingham, Canadá, 1931) es mucho más sorprendente e incomprensible. A pesar de que se habían publicado cinco libros suyos con anterioridad a este Odio, amistad, noviazgo, amor, matrimonio, puede decirse que nos encontramos ante una escritora prácticamente desconocida en nuestro país. Lo curioso del caso es que Munro no es otra escritora de relatos norteamericana más, es, sin lugar a dudas, una de las voces más poderosas y ricas de la literatura actual (“El descubrimiento de Alice Munro supuso para mí una conmoción”, dijo Jonathan Franzen en El País. “En mi opinión, es quien mejor escribe en América del Norte actualmente”). La memoria es la materia que da vida a sus historias: el pasado, la niñez incluso, es el lugar al que regresar en busca de una respuesta; del chejoviano momento de la verdad, que cierre el círculo y acabe dándole un sentido –que podríamos denominar sentimental– a la vida de las protagonistas de estos relatos. Pero ¿son realmente cuentos (short stories) lo que escribe Alice Munro? Y es que sus cuentos, como en seguida captará el lector, tienen vocación de novelas, la voluntad de explicar un todo sin abandonar los matices, aportándole a la explicación una hondura y una riqueza, tanto significativa como poética, difícilmente parangonable. Y por encima de todo, destaca el exquisito manejo del tiempo, que viene a decirnos que hay vidas, que hay momentos en la vida, que sólo pueden explicarse de un modo. “Lo que me interesa es cómo se construyen las historias”, ha declarado, “lo que sucede en diferentes momentos de la vida y cómo la gente utiliza esas historias para verse a sí misma o, a veces, para hacer soportable su vida.” No es de extrañar, por tanto, que en la escritura de Munro resuene la melodía “clásica” que podemos encontrar en las obras de Saul Bellow o Philip Roth, a la que se añade el sentido intimista y profundamente sentido que le aportan los ojos de esta mujer.

Juan Trejo Álvarez


Noticias de libros

TREN DE VIDA, de Antonio Jiménez Paz (128 págs., 12 euros)
EL VIAJE, de Coriolano González Montañez (124 págs., 12 euros)
MAR EN LA TIERRA, de Víctor Álamo de la Rosa (102 págs., 11 euros)
PASTO LASCIVO Y OTROS POEMAS, de Eugenio Millet Rodríguez (212 págs., 16 euros)


Ediciones del Baile del Sol ha desarrollado una iniciativa a través de su colección “Más que el mar” en la que da a conocer la poesía canaria tan poco divulgada en la Península. “Diez poéticas para el siglo xxi” pretende sacar a sus autores de esa nebulosa y mostrarlos en uno de los panoramas más interesantes de la historia de la literatura canaria no sólo por la cantidad sino por la calidad de estos poetas. La riqueza expresiva y la heterogeneidad de los poemas convergen en esta confrontación de ideas creando un ejemplo poético de la diversidad de la poesía canaria.


Extranjería

PASOLINI. UNO GNOSTICO INNAMORATO DELLA REALTÀ
Filippo La Porta
Le Lettere, Firenze, 2002
96 págs., 9,50 euros


Pasolini se desvanece. Si vuelve a tomar forma lo hace en alguno de los géneros que abordó: se reedita una novela, se comenta alguna de sus películas o se descubre la fuerza ensayística de sus Escritos corsarios, y en cada una de estas encarnaciones destacan sus posturas contestatarias: contra la Iglesia, contra la burguesía, contra la izquierda, contra el capitalismo, contra la cómoda ironía del intelectual medio, contra los contestatarios de gestos vistosos pero inútiles. El ensayo de Filippo La Porta da por contados todos los antecedentes pasolinianos y he aquí la gracia de su propuesta, porque los supera y disuelve. Pasolini no queda a la suerte de la disposición unívoca del intérprete de turno. Su radicalidad, su famosa seriedad e individualidad, resistente a camarillas, su compleja relación trágica con la realidad se vuelve visible y empática cuando La Porta nos hace comprender que Pasolini posee una visión gnóstica problematizada, ya que incluso considerando al mundo como un error o caída le seduce su condición y trata de abordarlo de mil maneras, sin fiarse de una sola, todas destinadas al fracaso por el deseo de totalidad. La Porta remarca la previsión pasoliniana tra i primi de los estragos y acomodamientos del posmodernismo así como del peligro de quienes se afincan del lado de una verdad con mayúscula. Novelista (fallido), cineasta (incomplaciente), ensayista (potente pero asistemático) y poeta (desigual), no por falta de talento específico sino por exceso de ambición, Pasolini queda retratado por su radical alteridad, se vuelve inasible y por lo tanto incómodo, sugerentemente incómodo.
Leonardo Valencia


THE BODY AND SEVEN STORIES
Hanif Kureishi
Faber and Faber, Londres, 2002
266 págs. 12,99 euros


Coincidiendo con la edición española de la última novela de Hanif Kureishi –El regalo de Gabriel– ha aparecido en Inglaterra su tercer volumen de relatos, terreno en que hasta ahora había mostrado sobrada habilidad. Bajo el título colectivo The Body, debido a la primera historia, el libro recoge una nouvelle y siete cuentos.
La nouvelle, “The body”, trata de un escritor maduro al que se le ofrece la oportunidad de autotransplantarse a un cuerpo más joven. El proceso de adaptación a esa extraña vestidura desencadena una reflexión sobre la identidad, la relación del hombre (y la mujer) con su apariencia, el paso del tiempo y las segundas oportunidades. A la larga, acaba incidiendo en el tema de casi todos los relatos siguientes: la paternidad y/o las relaciones intergeneracionales.
“Hullaballo in the tree” aborda el temor de los padres a caer del pedestal. En una línea análoga, “Goodbye, mother” se explaya sobre el resentimiento filial, mientras que “The real father” narra la reconciliación entre un hijo indeseado y su padre, al que no conoce. De los demás sólo cabe destacar “Face to face with you”, sobre una pareja que tiene a sus dobles por vecinos. El resto, y algunos de los mencionados, rozan la sensiblería –algo inédito en Kureishi–, cuando no se muestran más atentos a la frase brillante que a la impresión de conjunto. Aunque The body ofrece algunas muestras de buena literatura, en general resulta decepcionante.

Magda Costa

SIMORGH
Mohammed Dib
Albin Michel, París, 2003
246 págs., 17 euros


Con este pájaro mítico, el Simorgh, se cierra la obra de uno de los más importantes narradores y poetas argelinos francófonos, Mohammed Dib (1920-2003). Nacido en Tlemcen y residente en Francia desde los años sesenta, el “padre de la novela nacional” argelina es autor de más de treinta novelas, poemarios, antologías de cuentos y obras de teatro. Poco traducida en España (sólo están disponibles dos títulos de su larga bibliografía), su prosa destaca por su ritmo, su imaginación y una construcción muy a menudo “onírica”, donde las asociaciones de imágenes motivan el desarrollo de la ficción: “Comprendí, dijo, que la potencia del mal no se puede entender en sus empresas más comunes, sino en su verdadero lugar, el hombre – y son los sueños, los delirios (…) que he intentado vestir de una forma.”
En este sentido, Simorgh abarca todos los temas anteriores de la narrativa de Dib en una mezcla de diario, de ensayo, y de poema en prosa. El Simorgh, en la mitología iraní, tal como canta su gesta Attar en El lenguaje de los pájaros, es una alegoría de la unión con Dios, del regreso al arquetipo; el pájaro mágico pone cada año tres huevos, que cada vez comen las serpientes. “Si matas las serpientes, Simorgh te llevará a casa”, dice el cuento. Este símbolo de la vía mística se vuelve en el libro de Dib une esplendida metáfora del escritor y del arte, a la cual la muerte del autor da un sentido todavía más universal, el de su último canto, su chant du cygne: subiéndose a este pájaro de fuego, el autor de “Quién se acuerda del mar” se despidió de este mundo tres meses después de su publicación.

Mathías Enard