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octubre 2004
Nº 118

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Narrativa hispánica

MUJERES QUE VIAJAN SOLAS
José Ovejero
Ediciones B, Barcelona, 2004
230 págs., 15,95 €

En una nota final, Ovejero precisa que de alguna manera los once relatos que componen este libro se encuentran a caballo entre el cuento y la literatura de viajes. Recuerdo que en un artículo Bruce Chatwin elogiaba al crítico español que calificó a su obra En la Patagonia como novela de viajes, y me pregunto si a este volumen cabría, en consecuencia, catalogarlo como cuentos de viajes. Para contestar a esta pregunta puede practicarse un sencillo ejercicio: dado que en la literatura de viajes la mitad del protagonismo recae en las connotaciones que el viajero reconoce del lugar y la gente que visita, ¿en qué medida se transformarían estos cuentos si cambiaran su ubicación, respetándose la trama? Es decir, ¿cuántos de ellos sólo podrían haber tenido lugar en el sitio elegido por Ovejero para su desarrollo? A mi juicio tan sólo uno, "Cobalto 60", se ajusta a dicha premisa. Se trata del cuento más extenso, mejor elaborado del volumen, el que rompe con la temática que se lee entre las líneas de los demás relatos -la variedad de registros posibles en las relaciones entre hombres y mujeres- y que añade un tono de comedia al tiempo que consigue mantener la tensión del lector; "Cobalto 60" es una historia que Ovejero encontró en un viaje y que merecía la pena ser contada.
Para los otros diez cuentos, se han seleccionado unas anécdotas modelándolas con oficio para que adopten la redondez de un buen relato corto, apostando, además, sobre seguro, al reflejar una visión no exenta de piedad por los desfavorecidos enfrentados al turista que desearía ser viajero, lo cual, en este caso y al ubicar las narraciones en lugares lejanos, se aproxima a la mirada neocolonial. A tal fin, los personajes que crea, o recrea, el autor, son arquetipos reducidos a su denominador común, muchos de los cuales uno podría encontrárselos a la vuelta de la esquina. Tampoco en el lenguaje se topa el lector con el sabor del viaje, excepto en "Las cucarachas" y "Ella bailaba el tango", curiosamente las dos narradas en primera persona con la voz de una mujer, apostándose en general por un lenguaje concreto, formal y muy correcto, con un tono periodístico.
Así las cosas, el lector se pregunta por qué, entonces, Ovejero opta por emplazamientos como Madagascar o Costa Rica, y si el lector contrasta esta cuestión con el talante de las anécdotas, que describen situaciones que nadie querría vivir, llegará a la conclusión de que si la intención de Ovejero es conseguir que disminuya el número de turistas que pueblan el planeta en verano, cargados con la guía Lonely Planet bajo el brazo, se puede asegurar que ha contribuido con un buen argumento.
RICARDO MARTÍNEZ LLORCA


LOS NUEVOS INQUISIDORES
Javier Tomeo
Alpha Decay, Barcelona, 2004
278 págs., 18 €

El universo literario del autor aragonés Javier Tomeo, está configurado entre otros aspectos por su facilidad para trabajar el relato breve, hiperbreve a menudo, y por su capacidad para modular como un escultor la vida diaria sirviéndose en ocasiones de un humor que, rayando el esperpento, forma parte de su peculiar forma de ver y entender la vida. Se acaban de reunir casi todos sus relatos agrupándolos bajo el título de Los nuevos inquisidores, en donde Tomeo da sobradas muestras del por qué se le considera un maestro del género chico, aunque con un ápice particular que le emparenta con la literatura fantástica.
Conocíamos su Bestiario, y ahora nos presenta la naturaleza de unos personajes casi inverosímiles, si nos atenemos a las reglas de la verosimilitud, absurdos en ocasiones y casi siempre solitarios. Algunos relatos son auténticos ejercicios de estilo a lo Raymond Queneau, "La niña bigotuda", "La dama de las Camelias", o "Visita al lobo feroz", cuentos de no mas de dos páginas en los que sus recurrentes temas soportan de soslayo lo absurdo de una infancia expresionista, mientras que otros, mas elaborados en la forma, que no en el fondo, se ajustan a una cotidianeidad que llega incluso a estremecernos. En esa línea, los personajes de "Aversión por los números" o "El sombrero de hongo", parecen recién sacados de un guión de Berlanga o Buñuel, ya que las situaciones propuestas resultan demasiado surrealistas incluso para ellos, y "El asesino de la alfombra" podría pasar por un cuento de Borges, sobre todo de la época en la que firmaba con Silvina Ocampo y Adolfo Bioy Casares. En definitiva, los relatos antologados muestran lo mejor de un autor que no ha podido aún ganarse al gran público lector, por más que lo haya intentado. Y eso es lo que lo convierte en un autor de culto.
LUIS GARCÍA


JAZZ Y ALASKA EN LA MISMA FRASE
Harkaitz Cano
Seix-Barral, Barcelona, 2004
205 págs., 15 €

En el país de los locos, el músico de jazz es rey. Un rey destronado y maldito, eso sí, que aquí responde al improbable nombre de Bob Ieregui. Norteamericano de nacimiento pero con sangre vasca en las venas, el amigo Bob malvive por Europa trompeta a cuestas, pasea su iluminación musical por tugurios de oscuro cortinaje hasta que, víctima del capricho de un mafioso holandés, va a dar con sus huesos a un psiquiátrico de Rotterdam conocido como Alaska, vista la proverbial blancura de sus muros. Jazz y Alaska en la misma novela, pues (y El invierno en Lisboa y Alguien voló sobre el nido del cuco también, cuando menos en la referencia argumental).
Veintiún años contaba Harkaitz Cano cuando firmó este debut (tras algunos volúmenes de poesía y relatos), publicado en euskera en 1996 por Susa (Beluna jazz: errebolberra urazalean). Resumen del bagaje autorial que se nos revelará íntimamente ligado a los varios pros y algún que otro contra de la obra. Así, por pasos, es esta formación lírica la que presta voz propia y la que más poderosamente llama la atención sobre Jazz y Alaska en la misma frase, sobre algunos capítulos narrados de forma soberbia y sobre otros que, aun ralentizando la marcha, nos descubren metáforas de gran sugerencia (resulta magnífico el arranque, por ejemplo, en su unión del entramado de calles de la ciudad con los surcos del disco que agoniza sobre una gramola; la existencia de los habitantes de Rotterdam y sus suburbios con los sonidos que la aguja arranca del vinilo). Hay, por otro lado, un regusto a realismo mágico urbano similar al empleado por otro precoz narrador vasco, el Premio Nacional Unai Elorriaga. Y, ya en el apartado de imperfecciones, adjudicaremos a la juventud del firmante los ligeros baches de ritmo, la poca entidad final de un personaje principal que prometía mucho, amén de dos o tres pequeños gazapos (el famoso eclipse, ¿por qué a veces es de sol y otras se vuelve lunar? La licencia poética no da para tanto…). De todo ello acabamos constatando que, en el país de la narrativa joven española, Harkaitz Cano no es rey. Pero a fe que su lírica falta de cordura y el tempo con que la sirve son indicativos de la literaria sangre azul que discurre por sus venas.
MILO J. KRMPOTIC


Narrativa extranjera

LA HERMANDAD DE LA UVA
Jonh Fante
Trad. de Antonio-Prometeo Moya
Anagrama, Barcelona, 2004
207 págs., 13,50 €

De Fante se dice que es el autor que da origen al realismo sucio, encarnado en su discípulo y continuador Charles Bukowski. Este último siempre se ha proclamado deudor de Fante y fue quien convenció a sus editores para que reeditaran Pregúntale al polvo (Anagrama, 2001) en los años setenta.
Suele suceder que las últimas obras de un autor incorporan las constantes de su producción anterior, pero desprovistas del ímpetu de los años de experimentación y mayor impulso creativo. Y esto le pasa a John Fante con La hermandad de la uva, que pasó desapercibida en su edición de 1990 en Ultramar editores y ahora Anagrama incorpora a la tetralogía de Bandini. Si pasamos por alto la mitología de su gestación -la dictó ciego y con las piernas amputadas por la diabetes-, que suele ser un argumento atractivo en solapas y contracubiertas, Fante nos sirve una nouvelle de inmigrantes con un esquema clásico. Un héroe con relativa notoriedad vuelve al lugar que lo vio nacer para desencadenar los acontecimientos con su llegada. Todo ello -regado con el vino que se bebe su alcohólico padre-, con las constantes literarias que definen su narrativa: narrador y protagonista como alter ego del autor, familia italoamericana con la que mantiene una relación amor-odio, presentación de dos mundos distantes con el protagonista como nexo de unión -el mundo tradicional al que pertenece y del que huye, y el mundo esnob de un escritor que construye su vida en torno al triunfo creativo-. Y es el choque de estos dos mundos el eje que vertebra la obra más floja de Fante.
La hermandad… queda en evidencia si la comparamos con la serie de Bandini, en especial con Pregúntale al polvo, donde la complejidad temática y la perfección de los personajes -algunos de los secundarios muy bellos y conseguidos con unos pocos trazos- no volverá a ser tan buena en el resto de su narrativa. Si realmente hay que reconocer a Fante como padre del realismo sucio, Pregúntale al polvo significará el germen de toda una generación que encontrará literatura allí donde Scott Fitzgerald no se atrevió a buscarla. Y es a esa novela -y al resto de la serie de su personaje Bandini- dónde debemos dirigirnos si queremos encontrar al Fante más interesante. El verdadero damnificado de la generación perdida.
IVÁN SERRANO TAPIADOR


EL MAR, EL MAR
Irish Murdoch
Lumen, Barcelona, 2004
713 págs., 24 €

De las veintiséis novelas que Iris Murdoch publicó entre 1954 y 1995, ésta es indudablemente una de las más brillantes de su etapa madura y la que le valió el prestigioso premio Booker en 1978.
Murdoch decía que todos somos artistas al crear imágenes verdaderas con nuestra imaginación o falsas y egoístas con nuestra fantasía, que consideraba negativa. El protagonista de esta novela, actor, dramaturgo y afamado director, Charles Arrowby, cuyas únicas preocupaciones son sus propias necesidades y deseos de éxito, simboliza la percepción equivocada de la realidad. Representa también el prototipo de antihéroe de otras novelas de Murdoch, alguien que declara haber escrito este trabajo en primera persona para arrepentirse de su vida de egoísmo y que pese a refugiarse en una isla ve cómo su pasado vuelve a perseguirle.
Estructuralmente el trabajo de Charles consta de tres partes: "Prehistoria", donde reintroduce al lector en su vida pasada y en su infancia. En la segunda parte, "Historia", cuenta el reencuentro con Hartley, un antiguo amor, que tiene lugar cerca de la isla, y se crea la fantasía de que ella todavía le ama aunque se negara a casarse con él hace cuarenta años. En un lenguaje platónico, Charles es el artista que cree erróneamente que ha salido de la caverna y ha visto la luz del sol, representación del Bien para Platón, al encontrar de nuevo a Hartley. La relación entre el desarrollo espiritual del artista y la verdad, es uno de los principales temas de la novela. Aquí la vanidad que prevalece en el teatro no es compatible con los atributos del bien. Charles reconoce el engaño del teatro pero cree que sólo grandes artistas como Shakespeare pueden expresar la verdad a través de este arte. La dualidad, que caracteriza muchas novelas de Murdoch, entre el artista y el santo queda aquí bien reflejada: mientras que el foco central de Charles es la obsesión, el budista James, primo de Charles, representa la virtud. Sin embargo, James ejerció inadecuadamente en cierta ocasión los poderes derivados de su aprendizaje budista. Como el drama shakesperiano La Tempestad, nos habla, pues, de los peligros del uso indebido del poder en el camino hacia el bien. En ambas obras tienen lugar acontecimientos sobrenaturales que oscilan entre lo ingenuo y lo irónico, pero la narración del análisis consciente del pensamiento de los personajes en la novela es tan auténtica que al lector le resultan verdaderos, y aquí radica uno de sus grandes logros, el transmitir ese factor de veracidad y realismo. En ambas hay rivalidad fraternal y gozan de la reconciliación. La última parte, "Post Scriptum", muestra a un Charles menos maligno y más sosegado, pero nuevas tentaciones le empujan al egoísmo mundano.
Mª JOSÉ CASTILLO


MEMORIA CALLADA
Diego Marani.
Trad. de Ángel Sánchez-Gijón
Gadir, Madrid, 2004
228 pgs., 17,50 €

La reciente aparición de Memoria callada, primera novela del italiano Diego Marani (1959), ganadora en su día del prestigioso Grinzane Cavour, repara el tremendo agravio que ocasionaba el hecho de no haber sido traducida al castellano ninguna de las obras de uno de los mejores exponentes de la actual narrativa italiana. Nacido en aquella Ferrara de Bassani donde conviven palacios renacentistas, calles adoquinadas y recovecos medievales con la herencia de una esplendorosa tradición hebraica, Marani se trasladaría hasta Trieste para estudiar en su universidad. Es pues el suyo, un caso de impregnación referencial de dos de los grandes espacios literarios de las letras italianas. Ese magnetismo triestino que encarnaron ya no sólo sus escritores nativos, baste recordar a Slataper, Saba o Svevo o el presente del extraordinario Claudio Magris, sino también la presencia de Joyce o Rilke, o la actual de uno de los más importantes baluartes de la narrativa española contemporánea J.Á. González Sainz, subyace también en las páginas de un Marani cuyo último libro publicado A Trieste con Svevo (Bompiani, 2003) propone justamente esto: sumergirse en el espacio del genio triestino como no hace mucho lo definió Coetzee. Y es justamente de este espacio cuasi mítico, y que ilustra como acaso ningún otro los avatares y disputas del sangriento y ya pasado siglo xx, desde donde arranca Memoria callada.
En Memoria callada Marani nos ofrece una historia que se construye desde la necesidad imperiosa de hallar la identidad propia a través del lenguaje. Un soldado sin nombre es hallado en el puerto de Trieste gravemente herido en los años más arduos de la II Guerra Mundial. Puesto en manos del doctor Friari iniciará un proceso de descubrimiento identitario que lo llevará hasta un Helsinki de contornos emblanquecidos por la nieve, como aquel hombre sin pasado de Kaurismäki, donde conocerá a un enigmático predicador que le sumergirá en los secretos del Kalevala, el gran poema épico finlandés. La novela, articulada desde el genérico recurso del manuscrito hallado, recorre los avatares vitales de ese protagonista sin nombre que se sumerge en el fondo de un pasado traslúcido "quizá mis recuerdos vayan a la deriva en los océanos como manchas de aceite a las que nadie hace caso", en busca de las señales que posibiliten su propio reconocimiento. "Dedíquese a aprender su lengua. Más que cualquier otra cosa esto podrá ayudar a su memoria"; lúcida reflexión sobre el lenguaje, sobre la deshumanización irrevocable de su pérdida; metáfora relacional del hombre y el lenguaje, todo esto es Memoria callada. Una extraordinaria novela erigida desde la necesidad de saber, que nos aguijonea con el punzón de un lirismo desbocado mediante el cual se construye la adversidad de la guerra y la muerte. Un viaje solitario en busca de la lengua propia, una lengua propia que como ya nos dijera Pessoa acaso sea nuestra única patria.
ÓSCAR CARREÑO


MI HERMANO EL IDIOTA
Michel del Castillo
Ikusager, Vitoria, 2003
274 págs., 18 €

Hay libros inclasificables que estando a medio camino entre la novela, el ensayo, el género epistolar, la autobiografía y la crítica literaria consiguen, sin embargo, llegar al corazón e inundarlo de emociones profundas que no enturbian la percepción de las lúcidas reflexiones que salpican ese recorrido heterodoxo pero tan convincente por las galerías del alma. Mi hermano el idiota, de Michel del Castillo, es un libro de memorias sobre la traumática adolescencia dostoievskiana del autor en una España convulsa, en la que sufrió el destino de los vencidos en la Guerra Civil. Su historia personal, mezclada con el descubrimiento de las primeras lecturas, Dumas, Balzac, Cervantes, Salgari, y algunas experiencias traumáticas, como la del correccional-campo de concentración barcelonés donde un maestro desengañado y acobardado le descubre las novelas de Dostoievski, discurre paralela a la recreación de la vida y la obra del inmenso escritor ruso, con quien entabla un diálogo de tú a tú, dada la naturaleza similar de muchas de sus experiencias, tanto humanas como literarias.
Abandonado por sus padres en la posguerra, rechazado por su hermanastro y necesitado de afirmar una identidad que asoció desde bien niño al francés, su lengua de relación privilegiada con su madre, una activista republicana de rocambolesca peripecia vital, el ejercicio autobiográfico de del Castillo responde a la pregunta que se hace en el libro: "¿Somos la lengua que hablamos?" Y aunque reconoce que con Don Quijote descubre que la vida proviene de la lengua, no es menos cierto que Cervantes, desde su libro, siempre le ha hecho el mismo reproche: "¿Por qué renegaste de mí?", a lo que confiesa que aún hoy no sabe cómo responder.
Su trágica experiencia española, reflejada en la primera frase de su novela El crimen de los padres, "No me gusta España, odio a los españoles", permite releer una parte de nuestra historia desde una perspectiva individual, la del autor, que mezcla un particular ajuste de cuentas, en el que no está ausente el respeto y el cariño por el jesuita Mariano Prados, que lo acogió en un hospicio en Úbeda, y quien, durante la penosa enfermedad del autor -una tuberculosis pulmonar que a punto estuvo de dar con sus huesos en la sepultura-, le contaba sin parar de su gran afición: la historia de Rusia hasta la Revolución soviética. Junto a esos relatos tan emocionantemente contados, Mi hermano el idiota tiene el inmenso valor de ser un carné de lecturas tan singular como la propia experiencia vital del autor. Sobre todo porque las lecturas, en aquella adolescencia desorientada, constituían toda su vida y sólo desde ellas podía, el niño llevado y traído, rechazado y maltratado, aspirar a comprender algo de lo que le pasaba. Con todo, Michel del Castillo, corona con un aforismo definitorio este libro excepcional: "Uno no puede explicar: sólo puede implicarse."
DIMAS MAS


Literatura catalana

DE COM S'ESCRIU UNA NOVEL·LA
Màrius Serra
Empúries, Barcelona, 2004
239 págs., 18 €

A pesar de su título, De com s'escriu una novel·la no es un manual en el que se faciliten las directrices para llevar a buen puerto un escrito novelístico; en realidad es un libro que retrata las circunstancias que formaron parte de la escritura de Monocle, la anterior novela de Màrius Serra. ¿Por qué Monocle ha merecido que su autor haya editado una crónica de los avatares relacionados con su creación-publicación? Entre otras razones, porque Monocle no es una novela normal, es un proyecto que quedó encallado y al que Serra procuró la peregrina salida de recurrir a la masa de lectores para que le propusieran una colección de finales posibles. Conviene señalar que para un seguimiento más satisfactorio del texto que nos ocupa, aunque sí recomendable, no es imprescindible la lectura anterior de Monocle, porque De com s'escriu una novel·la es mucho más que la biografía de una novela, es la biografía de un escritor sumido en unas situaciones que le superan, en una vida y una creación inabarcables.
Esta obra está repleta de descubrimientos que el autor quiere compartir con el lector. Ya en las primeras páginas le advierte que "siempre ha vivido subyugado por la magia de la literatura, pero si alguien decide convertirlo en una cuestión sagrada me desentiendo y reniego". Tampoco teme dejar en evidencia a la maquinaria editorial: "jurados literarios que han premiado novelas inacabadas porque el autor que tenía que ganar el premio se retrasaba". Aunque las verdades de peso están relacionadas con la existencia en sí misma: "La vida es un oxímoron colosal. Un dolor placentero, o mejor, un doloroso placer. El dolor es un arma cargada de pasado. La euforia de futuro. Dolor sólo tiene la vocal que copia al cero. Euforia tiene las cinco". Con un estilo directo más cercano a la crónica periodística que a la artificiosidad literaria, Serra actúa como un pintor que trabaja sobre varios lienzos al tiempo. Pincelada va, pincelada viene, a veces esboza y otras acaba con un miramiento hiperrealista las pequeñas obras que forman parte de esta estupenda exposición. Así, por ejemplo, el lector se encontrará con las sinopsis de diferentes capítulos que formaron parte (o no) de Monocle, al lado de algunas joyas como es el relato "El Futur".
En conclusión, De com s'escriu una novel·la es, sin pretenderlo y sin pretensiones, una lección de vida a la que el lector se puede sumar partiendo de su albedrío, de la libertad de acción y pensamiento, porque las ideas que Màrius expresa nunca son excluyentes ni arribistas, más bien son llaves con las que abrir puertas que permitan correr un aire libre de vicios y cerrazón, un aire perfumado de optimismo: "La felicidad es posible en cualquier situación, por límite que sea".
CARLOS PUJALTE


Poesía

FUERA DE MÍ
Carlos Marzal
Visor, Madrid, 2004
115 págs., 6 €

Carlos Marzal nos habla en este nuevo poemario (Premio Loewe) de las paradojas de la existencia, del saber y de la palabra, unidas todas ellas por una doble aprehensión del tiempo. El título del libro surge del poema central "Ubi Sunt", en el que el yo poético, escéptico, nos dice: "Cierra los ojos para ver más claro / y sal fuera de ti para morar contigo". Construido sobre el tópico latino, este poema nos insta a reflexionar sobre el tiempo -"A fuerza de mudarse, nada cambia; / de tanto discurrir, todo está inmóvil"-, un tiempo eternamente presente. Fuera de mí constituye, así, una celebración de la armonía entre pensamiento y emoción, entre lo instantáneo y lo esencial, entre la forma y las ideas, entre lo propio y lo ajeno.
El poeta percibe el mundo como un lento proceso imperceptible de sedimentación que es ante todo proceso. En cada uno de estos poemas, Marzal nos habla, pues, de la doble faz del tiempo (el tiempo mítico de lo perdurable y el tiempo de lo fugitivo) y de todo lo que participa de esta doble naturaleza, la de lo contingente y la de la materia. Así sucede con las sutiles miríadas de espacio sobre las que "baila el polvo en desorden" y "danzan, ebrios, los átomos". Otros motivos se alían a este haz de posibilidades, como por ejemplo la reflexión acerca de lo que es la palabra poética. La poesía es una flor, que es una "línea sin más", una forma, con la que podemos resucitar al poeta o sobre la que debemos pintar el sentido literario. Otros temas recurrentes son la "sed más anciana" que es el deseo o la imposible consecución de la destrucción en el mundo (apegado a los minutos, el hombre sólo puede construir).
Marzal se remite de forma continua, explícita e implícitamente, a poetas, motivos y modos poéticos precedentes. Hace alusión por ejemplo a la máxima horaciana ut pictura poiesis, que parte de los novísimos convirtieron en divisa estética, y a la cuaderna vía medieval, para poner de manifiesto su consciente sentido de la artificiosidad verbal: la poesía es como la pintura (una forma en que se materializan las ideas) y un arte de fabricación. Recuerdan también algunos de estos versos a los poetas Jorge Guillén y Ángel González, epígonos del veintisiete español y de la poesía de los cincuenta respectivamente.
La poesía como expresión vital (Carlos Marzal suele inscribirse en la tradición de la poesía de la experiencia) no entra en contradicción con una poética de raíz formalista que hace que el poema, un significante de sentido dúctil e impreciso, pueda permanecer en nuestras manos como vibrátil diapasón del sinsentido.
ALÍCIA SATORRAS


LOS PASOS EVOCADOS
Antonio Carvajal
Hiperión, Madrid, 2004
95 págs., 8 €

En el prólogo a Los pasos evocados, Antonio Carvajal da testimonio de un vital desacuerdo con algunos aspectos de nuestra sociedad poética. Y no le falta razón, por ejemplo, al cuestionarse a qué debe responder el poeta si le ofrecen hablar de poesía, cuando la palabra, según el autor, es la única materia artística cargada de significado antes de su manipulación. El poeta granadino piensa que ésta irá perdiendo brillo ante la inmediatez y la prisa, y se indigna cuando alguien le pide que justifique su poesía con el objeto de ser incluido en una antología. Y sigo pensando que no le falta razón porque si la poesía es "participación del aliento celestial y divino", el cielo del parnaso está lleno de "demasiados agujeros negros".
Carvajal se pregunta qué cabe hoy en el arte de la poesía cuando somos los más celosos recaudadores e inquisitivos inspectores de nuestro propio quehacer. Y tampoco perdona a los poetas que esconden el yo, a aquellos que ensalzan la página en blanco ante la imposibilidad de poder decirlo todo mediante el lenguaje. Precisamente ésa es la herramienta que reivindicó desde siempre. La palabra, para él, ni justifica ni aniquila, ni es sagrada ni todo lo contrario, es, sin más disquisiciones, sencillamente el material del que dispone el poeta. Material que él conoce "al dedillo". Creo que Antonio Carvajal es el poeta español con mayor virtuosismo métrico; tanto su empleo del mismo como conocimiento teórico, constituye uno de los signos más visibles de su originalidad.
En Los pasos evocados, poemario dividido en siete partes, el epicentro poético es el corazón. Los poemas nacen gracias a la amistad, la naturaleza, la alegría de vivir y sobre todo, subrayan una condición humana muy rousseniana que ensalza sólo el bien posible: "La paz, como el amor,/ es delicado fruto/ que se nutre de labios/ pronunciando lo oscuro,/ lo que no tiene nombre, / lo que flota confuso/ entre manos y estrellas,/ plumas, aguas y anhelos". La sintaxis, elegida con el cuidado con que una bordadora escogería sus hilos, cuida también el molde donde debe ser depositada. En la primera parte del poemario el autor recrea un viaje a la ciudad de Flandes. La segunda parte se ocupa de la ciudad andaluza de Andújar y, de paso, evoca a su admirado Góngora, lo cual, nos deja un gusto barroco y antiguo en la boca.
Poesía amable llena de existencia vital, pero existencia con el yo asomado a la ventana, que marca esa distancia justa entre el que mira y lo contemplado. Así, como escribió hace tiempo Pedro Provencio, los textos de Antonio Carvajal son reflejos de una posible teoría subyacente, que apuntan a una poesía como bálsamo reconfortante, como única armonía posible entre el poeta y el mundo hostil.
CONCHA GARCÍA


Ensayo

NUEVOS ENSAYOS CIVILES
Joan Fuster
Ed. Espasa, col. Órbitas
Madrid, 2004
320 págs., 19,50 €

Justo Serna y Encarnación García, profesores de la Universidad de Valencia, se han encargado de la traducción y de la selección de los textos -articulados con coherencia en siete capítulos alrededor de un tema o una perspectiva común- que componen esta antología, así como de prologarla acertadamente. El volumen recoge materiales muy diversos, escritos entre la década de los cincuenta y 1973, y procedentes de su producción más significativa y recordada, desde el Diccionari per a ociosos o El descrèdit de la realitat hasta los Diaris o sus prólogos a las obras de sus autores preferidos (Voltaire, Montaigne), sin olvidar aportaciones como la del polémico Nosaltres, el valencians, que elevaron al articulista, al confeccionador de notas y aforismos, a la altura de verdadero intelectual de referencia en los tiempos monocromos de la dictadura y la transición. La traducción al castellano se esfuerza por conservar todas las peculiaridades estilísticas de la idiosincrásica escritura de Fuster, reflexiva o especulativa, pero jamás pretenciosa, a ratos profunda, a menudo pretendidamente ligera, siempre fragmentaria y ágil. Y lo consigue, en la medida, claro está, en que es posible trasladar el tono propio de una lengua a otra.
Dueño de una inteligencia curiosa e inquieta que le llevó a ocuparse de lo más nimio como de lo más vasto (pues el "ensayo" tiende siempre a lo general), a hablarnos, por ejemplo, del tenedor y de la silla con la misma soltura con la que examinaba el tema de la originalidad en el arte o de la civilización y el progreso técnico, su inagotable afán de ser lúcido sigue entregándonos hoy, más de una década después de su muerte, perlas de tan extremada actualidad que deberían ser de obligatoria consulta para muchos: así, sus observaciones sobre el fanatismo, sobre el mito contemporáneo del "mal salvaje", o su persistente labor a favor del reconocimiento de la unidad histórica, lingüística y cultural de lo que ya él defendió que debía ser designado como Països Catalans.
"Morir debe ser dejar de escribir", dejó dicho. Pero habiendo escrito tanto y tan bien, la voz, la actitud y el trabajo de Joan Fuster, su legado, en definitiva, no ha muerto del todo.
SERGIO COLINA MARTÍN


LA MODERNIDAD COMO CRISIS
Gonzalo Navajas
Biblioteca Nueva,
Madrid, 2004
184 págs., 11,80 €

¿Cómo conservar, no ya la supremacía, sino cuanto menos la supervivencia de una cultura letrada en una época en la que se impone la imagen y la comunicación audiovisual? ¿Cómo postular siquiera la posibilidad de un canon literario cuando la proliferación rizomática posmoderna arrasa todas las jerarquías y dificulta lo indecible cualquier discriminación valorativa sobre formas y contenidos culturales? Estas dos cuestiones sintetizan el móvil intelectual que subyace en La modernidad como crisis. Los clásicos modernos ante el siglo XXI, de Gonzalo Navajas. Narrador y teórico de la literatura, Navajas es catedrático de literatura moderna y cine en la universidad de California. Al igual que en obras anteriores como La narrativa española en la era global (EUB, 2002), o Más allá de la posmodernidad (EUB, 1996), la reflexión sobre la literatura que ensaya Navajas aquí responde a un enfoque interdisciplinar, y para ello se sirve de métodos y análisis propios de los estudios culturales.
La cultura literaria o letrada es sólo un segmento (y en franco retroceso) dentro de un entramado cultural complejo en el que intervienen el cine y los medio audiovisuales, las distintas formas de la cultura de masas y, sobre todo, la emergencia de la nueva comunicación global. Bajo esta perspectiva dialógica de lo literario, Navajas ha historiado (en trabajos anteriores) el derrotero de la teoría literaria en las últimas décadas: desde el auge formal del estructuralismo y la caída de ese paradigma en manos de la deconstrucción, hasta la crisis epistemológica actual de la llamada posmodernidad. Concepto demodé, según el autor, y ahora también en crisis.
Con La modernidad…, Navajas da un paso más allá e intenta algunas posibles vías con las que sortear el escollo de un fundamento epistemológico incierto. Incertidumbre teórica que -Lyotard mediante-, hoy en día padecemos. Su tesis no es nueva, pero sí los alcances de su análisis. Navajas cree como Habermas que la modernidad es un proyecto inconcluso y, si no queremos quedar entrampados en el callejón sin salida del pensamiento posmoderno, debemos en este nuevo siglo retomar los presupuestos y los saberes de la modernidad. Así el autor invita a reapropiarse del canon de clásicos modernos: Unamuno, Ortega y Gasset, Baroja, etc.; no ya desde el marco interpretativo de un historicismo caduco y reaccionario bajo el rancio concepto de "Generación del 98", sino como las manifestaciones locales de una conciencia crítica de la crisis epistemológica y ética de la modernidad. Conciencia en la que participan Dilthey o Bergson, entre otros del ámbito europeo.
MATÍAS NÉSPOLO


PAPEL MÁQUINA
Jacques Derrida
Trad. de Cristina de Peretti
y Paco Vidarte
Trotta, Madrid, 2003
347 págs., 21 €

Papel Máquina se divide en dos partes. La primera de ellas consta de dos textos en los que Derrida reflexiona entorno al libro, los archivos y la memoria, en primer lugar en relación al mundo de los depósitos bibliotecarios, en el segundo, en relación a las Confesiones de Rousseau y su condición de archivos de la memoria. El primer texto de la segunda parte "La cinta de Máquina de Escribir" añade, a través de una entrevista al autor, una interesante reflexión que completa algunos aspectos esenciales de lo sugerido en las páginas que abren el libro.
En este primer grupo de textos, lejos de condolerse por una presunta genuinidad libresca en peligro de extinción, Derrida refleja el interesante horizonte de simultaneidad que los nuevos soportes permiten concebir. No plantea la desaparición de libro, sino que concibe a un tiempo su pervivencia y su transformación, en una perspectiva que ya hoy mismo funde pasado y futuro, que no cancela, por poner un ejemplo, la antigua relación del cuerpo con la mano y la escritura, sino que la lleva más allá. Por medio de la textualidad virtual, surge un nuevo tipo de extrañamiento paradójico frente a la escritura, hoy por hoy más objetiva y también más subjetiva, puesto que es externa a fuerza de no darse sino a través de nosotros mismos como nueva realidad envolvente. Frente al libro tradicional, que puede ser entendido como "interrupción", dado que sus límites físicos imponen un punto y final, los nuevos media sugieren la posibilidad de un texto infinito, incesantemente perfectible. Derrida se aleja también aquí del mito de la "aldea global", de las posibilidades cuasi románticas de un entendimiento, de una trasparencia universal y democrática. El autor se felicita por el abanico abierto a las personas de su generación, que en unas pocas décadas han asistido a diversas revoluciones sin precedentes.
La segunda parte del libro muestra al autor como miembro de una generación y también de un mundo específico. Es muy interesante el artículo dedicado a la conmemoración de Les Temps Modernes. Aquí también muestra el pensador su adhesión matizada, su proximidad-distancia que viene siendo característica en él a propósito de tantas otras cuestiones. La vertiente más comprometida del autor aflora en la breve carta remitida a Bill Clinton para pedir una revisión del caso de Abu-Jamal, en la destinada al caso de José Reinha, en su "Toma de partido frente al drama argelino" o en su reflexión acerca de la condición de intelectual y de la condición de filósofo francés. Un libro que sin duda no decepcionará a cuantos se acerquen, a través de él, a una de las voces más singulares y menos condescendientes del pensamiento contemporáneo.
RAMON SURROCA


EL IMPERIALISMO CATALÁN
Enric Ucelay-Da Cal
Edhasa, Barcelona, 2003
1097 págs., 49,50 €

Las discusiones en torno al nacionalismo siguen siendo muy habituales tanto en los ámbitos periodísticos como en los literarios: esto es fácilmente comprobable leyendo cualquier periódico u ojeando las novedades editoriales. Por desgracia, la mayoría de estos textos no son ensayos rigurosos sobre la cuestión sino escritos apologéticos de una de las partes enfrentadas, ya sea el nacionalismo de estado o el que aspira a tenerlo.
Pero esta discusión meramente política algunas veces se ve rebasada por algunos ensayos que intentan analizar en formato de monográfico uno o varios aspectos de este tema candente. La editorial Edhasa nos ofrece una buena oportunidad en este sentido con la edición de El imperialismo catalán: Prat de la Riba, Cambó, D'Ors y la conquista moral de España, del catedrático en Historia Contemporánea y profesor de la Universidad Autónoma de Barcelona Enric Ucelay-Da Cal. El autor, nacido en Nueva York y criado en el cosmopolitismo, supera los prejuicios habituales que aquejan al estudio del nacionalismo para mostrarnos cómo los líderes del primer nacionalismo político catalán no querían la independencia de Cataluña -eso sería más tarde- sino la formación de un imperio, muy en sintonía con lo que estaba pasando en Europa, donde la federación austrohúngara y la Commonwealth británica estaban marcando las modas en la estructura del estado. Cambó o Prat de la Riba no son presentados como burgueses manipuladores que deseaban la división de la clase obrera sino como modernizadores de un estado atrofiado.
Ahora bien, este libro no se nos presenta sólo como un estudio de historia, sino como una reflexión profunda sobre los conceptos que todos aceptamos sin preguntarnos si las ideas que uno defiende se fundamentan en algo más que en falacias. En un ejercicio de deconstrucción casi posmoderna, el autor ataca ideas preconcebidas como "nación", "unidad cultural" o "clase", cuestionándose si esas palabras tienen una representación física o si, por el contrario, son sólo conceptos aceptados como verdades pero no pensados críticamente. Con estas reflexiones, la obra no se queda en una reflexión sobre el nacionalismo, sino que expone las dudas que plantea el mismo estudio de la historia. Por lo tanto, al abordar este libro uno siente la pérdida de ciertas ideas que se nos presentaban como evidentes para visitar los parajes de la incertidumbre.
Con El imperialismo catalán, tenemos una excelente ocasión para entender el concepto de imperio como una alternativa política al estado centralista o federalista -más allá de la visión leninista según la cual el imperio es una fase de la explotación capitalista-; así como una aproximación rigurosa y en profundidad al hecho nacional español y catalán durante el fin de siècle y los primeros años del siglo xx.
ANTONI RAJA I VICH


Memorias

ASTOR PIAZZOLA MEMORIAS
Natalio Gorin
Editorial Alba, Barcelona, 2003
312 págs., 23 €

Cuentan que la Argentina de la crisis económica está viviendo una revitalización del tango y que son muchos los que, en paro u obligados a soportar un trabajo en condiciones miserables y sin expectativas de progreso, encuentran en las milongas un modo de afirmarse en el presente. En las bellas y dramáticas figuras del baile los argentinos expresan la intesa desazón de los perdedores de sangre caliente y un residuo de confianza en su capacidad para derogar con arte la humillación económica.
La Editorial Alba publica las Memorias de Astor Piazzolla (1940-1992), el músico que rompió los moldes del tango, quitándole desgarro y dándole la hondura de la música clásica y cosmopolitismo. El texto, publicado ya en los años noventa en Argentina, recoge las entrevistas que el periodista Natalio Gorin realizó en la primavera de 1990 a Piazzolla, ampliadas para la edición española con el testimonio de artistas y compañeros del bandeonista y compositor, además de una relación de su discografía, sus formaciones orquestales y abundantes fotografías.
No es ésta una biografía edificante, ni desmitificadora, sino la semblanza caleidoscópica de un músico archifamoso, centrada en su trayectoria musical y sorteando su criticado apoliticismo en tiempos de Videla y de Menem. Son pinceladas de Piazzolla, que toma la palabra para contar cómo se construyó una carrera. Su infancia en Nueva York, donde el futuro discípulo de Alberto Ginestera y de Nadia Boulanger se crió, específicamente en el Little Italy, un barrio de hampones donde mantuvo a raya a todo el que se atrevió a burlarse de su cojera con unos zurdazos que le valieron el título de "Lefty". Criado entre hijos de gángsters, jugando al béisbol y hablando inglés, Piazzolla declaraba como si husmeara en la nostalgia de una vida todavía más portentosa: "Si me lo hubiera propuesto, quizá habría sido el mejor gángster de Nueva York".
También en NY, muchos años después, al recibir la noticia de la muerte de su padre, compondría el famoso "Adiós Nonino". Y esa infancia en la capital de América, donde el bandoneón era un instrumento exótico, explica su permeabilidad a las vanguardias, su pasión por el jazz, sus coqueteos con la música electrónica en los años setenta y su inconformismo. Se compara su aportación al tango con lo que Borges hizo con la figura del gaucho. Pero donde Borges construye una figura mítica con luces ya crepusculares, en un Palermo de cuchillo y de guitarra que congela la figura del hombre de la Pampa en una sombra rígida de gestos tópicos y se instruye del lunfardo, Piazzolla regala al tango una continuidad nutrida de vivencias radicalmente argentinas -la nostalgia de la tierra, la pasión y la quimera de un futuro mejor-, templadas por su apertura al mundo y sin manierismos.
Piazzolla modernizó la música de Buenos Aires. Esa música que tantos argentinos fuera de su país escuchan con una sonrisa sin desgarro porque alguien acertó a resolver el conflicto entre la pura nostalgia y la elegía de un camino hecho.
MARÍA JOSÉ FURIÓ


Dos retratos

La editorial El Viejo Topo inaugura una nueva colección -Los retratos de El Viejo Topo- con sendas semblanzas de dos figuras muy distintas pero igualmente interesantes: John Coltrane, uno de los saxofonistas más innovadores y decisivos de la historia del jazz, y Rembrandt, un clásico absoluto de la pintura. La pretensión de la nueva serie es que los autores presenten "a sus protagonistas dentro de su contexto histórico, centrándose no sólo en la genialidad del biografiado, sino también en la relación entre las personas y las fuerzas históricas que las rodean, plasmando cómo se influyen mutuamente y cómo, a través de esta experiencia cambian sus formas de ser, de crear, de pensar". Tanto Martin Smith , autor de John Coltrane. Jazz, racismo y resistencia, como John Molyneux, quien firma Rembrandt & revolución, dejan claro desde el comienzo sus presupuestos. Molyneux ubicándose en el materialismo histórico y Smith citando al mismísimo Trotski (por cierto, también Molyneux lo hará en algún momento). Sus semblanzas son, por tanto, comprometidas, tendenciosas y partidistas: como debe ser, pues están comprometidas con algunos valores -la rebelión, la justicia, la libertad- que son fundamentales en nuestra historia; tienden a situar a los hombres y mujeres en el medio que los forma y da sentido; y son partidarios del aspecto políticamente más subversivo, más reivindicativo e insurgente de sus biografiados. Aunque éstas no sean verdaderas biografías -menos aún la de Rembrandt que la de Coltrane- pues ni su extensión ni su sentido son los de una auténtica biografía.
Sí es cierto, sin embargo, que la aproximación de Smith nos presenta el devenir biográfico de ese saxofonista religioso, heroinómano y fascinante que fue Coltrane, desde su nacimiento en 1926 en Harlem, Carolina del Norte, hasta su prematura muerte en 1967. En ese lapso de tiempo, Coltrane no solo tocó con los mayores músicos de jazz de la época, grabó algunos de los discos indiscutibles no ya de ese género, sino de la música del siglo xx, como Kind of Blue, a las órdenes de Miles Davies -quien le expulsó de su banda propinándole una paliza en toda regla-, o A love supreme, grabado ya con su propio cuarteto, y amplió de forma vertiginosa los horizontes del jazz. También, y esto es quizá lo más importante, ese Coltrane aparentemente absorto en su música, participó -aunque él no lo percibiera con toda nitidez- en los acontecimientos que durante el siglo pasado jalonaron las luchas de los negros norteamericanos por conquistar los derechos civiles que se les negaban. Y es en ese empeño por rescatar a un Coltrane de algún modo activista, donde Smith nos recuerda algunos datos escalofriantes, recupera, por ejemplo, la actividad del partido comunista de los USA o revive las revueltas que incendiaron Estados Unidos en los años 60. Extraño fruto, desde luego, ese del racismo, como cantara con su maravillosa voz Billy Holliday, dando vida a los versos de Abel Meeropol. Y heroicas las formas en que tantos hombres y mujeres lo combatieron. Coltrane entre ellos, con su música, con su saxo, con el jazz.
Rembrandt es el objeto de estudio del crítico John Molyneux. La revolución holandesa condujo, en palabras del historiador y poeta Deric Regin, al "desarrollo de la primera cultura burguesa autónoma de la historia moderna". Para entender su arte, para entender, por tanto, a Rembrandt, su pintor, es necesario comprender ese hecho, pues, siguiendo la vulgata marxista que sitúa el arte, como la historia, el derecho, la política o la religión en la "superestructura" de la sociedad, "cuyo desarrollo surge de y está condicionado por la base o los cimientos de la sociedad", Molyneux afirma que "lo que hizo posible el arte revolucionario de Rembrandt fue la sociedad holandesa de la primera mitad del siglo xvii. Y esa sociedad era el resultado directo de la revolución holandesa contra el trono español": la primera revolución burguesa triunfante. Revolucionaria la sociedad que le vio nacer -el centro neurálgico de la nueva economía-mundo- y revolucionaria igualmente la sociedad abierta y permisiva que acoge a tantos filósofos y heterodoxos que huyen de la cerrazón religiosa, de las persecuciones y el terror oscurantista. Como revolucionario es el arte de Rembrandt, su tratamiento del retrato, de la mujer, de sus temas es innovador. A partir de esa constatación, el autor nos sitúa en ese privilegiado enclave histórico y nos ofrece a un Rembrandt anticapitalista avant la lettre. Las justificaciones de Molyneux para respaldar sus pretensiones son insuficientes y algo simplistas, a pesar de sus buenas intenciones, aunque el formato de estos breves textos tampoco permita una mayor profundización. Queda, sin embargo, su firme apuesta por un Rembrandt humanitario, solidario y sensible a las injusticias que la "acumulación originaria" de capital comenzaba a instaurar en un sistema que devendría hegemónico y, de momento, imbatible.
Coltrane y Rembrandt: ¿resistentes, revolucionarios? Sin duda. Estos dos esbozos son una buena invitación a comprobarlo.

Martin Smith. John Coltrane. Jazz, racismo, resistencia. Trad. de Gemma Galdón. El Viejo Topo, Barcelona, 2004, 143 págs., 9.51€
John Molyneux, Rembrandt & Revolución. Trad. de Gemma Galdón. El Viejo Topo, Barcelona, 2004, 127 págs., 9,51 €

Extranjería

EL MALETÍN DE STEVENSON EL CIELO DE LOS TOPOS
Bruno Montané Krebs
El Aduanero, México D.F., 2002, 165 págs.

Dos poemarios de Bruno Montané (Chile, 1957) comparten este libro publicado en México, El malentín de Stevenson y El cielo de los topos. La poesía de Montané resalta por la ligereza con la que está hecha y la gran masa lírica que es capaz de arrastrar esa ligereza. Nos encontramos en el terreno de la más exigente sugerencia, porque en Montané se construye la idea del poema de la parte al todo, el poeta ofrece la parte y el lector tiene que cerrar el texto con el todo. Su poesía está hecha de vida, de ganas de vivir, aunque el propio autor se replica y se debate en sus versos creando una tensión rítmica ante él mismo y ante la poesía existencial que ofrece, pequeños poemas de la insistencia vital que él la convierte en intensidad.
Roberto Bolaño dice de él: "Escribe como un naturalista que cree en muy pocas cosas y que sin embargo sigue haciendo su trabajo con tesón, un tesón que en ocasiones se confunde con la indiferencia. Para mí es uno de los mejores poetas chilenos actuales".
Esa indiferencia es la moneda de cambio de su armadura emocional. Su poesía circula por ese tipo de textos que no necesitan inscribirse en ninguna tradición más que en la de la calidad, porque con su voz aplaza las etiquetas e inunda con un tono sosegado pero firme los temas que aborda.
JUAN FRANCISCO JIMÉNEZ


LA PANDILLA SALVAJE
Butch Cassidy en la Patagonia
Osvaldo Aguirre
Norma, Buenos Aires, 2004, 412 págs.

Quizá sean dos las obras que más han contribuido a la divulgación del mito de Butch Cassidy en la mítica Patagonia: la película Butch Cassidy and the Sundance Kid y aquellos fragmentos de In Patagonia en que Bruce Chatwin se empeña en resumir las andanzas de los bandoleros por el fin del mundo.
Llega ahora la que posiblemente sea la contribución a la historia más completa e informada de las escritas en castellano. La firma el argentino Osvaldo Aguirre, que además de escritor de ficción y de
poesía, trabaja como periodista de investigación criminal -Historias de la mafia en la Argentina (2000)-. Su documentadísimo relato se inicia en marzo de 1901, cuando llega al país "el trío más buscado entonces en los Estados Unidos" y termina a finales de 1908, con la muerte de los bandidos. Entre ambos momentos se relata la lucha de "la pandilla salvaje" por encontrar su lugar en el mundo y por enderezar sus vidas, hacia senderos dentro de los márgenes de la ley.
La lectura de este libro me ha recordado la del que podría ser su antítesis o su complementario: La banda de los Kelly, de Peter Carey. Al recordar ese libro he echado de menos el lirismo que Carey dosifica y que Aguirre evita. En ambos casos, no obstante, los resultados de esa recreación histórica -a través de las herramientas de la ficción- de unos seres poco convencionales han llevado a sendos libros excelentes.
JORGE CARRIÓN

CAMUS, LA CONEXIÓN AFRICANA
R. H. Moreno Durán
Norma, Bogotá, 2003
222 págs.

Es ésta una novela que encaja a la perfección con estos tiempos tan dados a los híbridos, a la mezcolanza de géneros y estilos. R. H. Moreno Durán (Tunja, Colombia, 1946) consigue unir en una misma y fluida narración la novela negra más clásica, el ensayo biográfico y la novela histórica.
Camus, la conexión africana se sitúa en la convulsa Argelia previa a la guerra de la independencia, con sus partes enfrentadas: los independentistas árabes y los ultras franceses, y también con sus, pocos, partidarios de un camino intermedio, democrático y pacífico. En esta tercera vía se sitúa el protagonista, Albert Camus. Mediante una trama de carácter policial, se narran diversos hechos no del todo claros que le ocurren a Camus, así como las investigaciones del narrador para desentrañar el caso, y, de paso, se traza un retrato apasionado del escritor, acaso mitificador en exceso, y también de la turbulenta y caótica Argel.
Se denota un conocimiento profundo de la vida de Camus (Lottman, el biográfo oficial del escritor, aparece como un secundario más), pero puesto al servivio de la ficción. Todo esto, junto al telón de fondo de una trama al más puro estilo Hammett o Chandler, la convierten en un atrevido e interesante experimento literario.
ESDRES JARUCHIK NAVEIRAS